Yo no me llamo Rubén Blades

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Yo, soy el cantante.

La figura de Rubén Blades atraviesa este documental intimista, donde su protagonista es consciente de que el mismo oficia de testamento de tiempo, a la vez que afirma -varias veces a lo largo del film- que dado que posee más pasado que futuro, prefiere contar su propia vida, a que esta sea luego interpretada.

Si a veces es difícil interpretar nuestros propios actos, al interpretar los ajenos, siempre se corre el riesgo de acercarnos a la ficción.

Cuando nos enfrentamos a este tipo de documental con un personaje tan seductor como Ruben Blades, que es presencia visible, actor social, y testigo fehaciente del relato. Estamos frente a un deseo de hacer, que las propias convenciones de la representación se tornen más evidentes, en una elección introspectiva. Para que la atención del espectador recaiga tanto sobre el recurso, como sobre el efecto de este. De ese modo, Abner Benaim crea esa especie de efecto de sutura, que coloca al espectador en relación directa con esa subjetividad. Y con la de aquellos que nos dan una dimensión de lo que Blades representa para el imaginario colectivos de músicos y cantantes, y de todo un público heterogéneo que lo ama, aunque alguien diga de forma arbitraria, de que es un salsero para gente inteligente. Lo que ocurre sí, en todo caso, que por allí no es frecuente, que un intérprete y autor de sus canciones sea un abogado recibido en Harvard, haya sido protagonista en más de 30 films, y que se lo haya propuesto como presidente de su país.

EE.UU en la década del 50 era algo así como un modelo, la imagen perfecta de un país que había ganado la guerra, por lo que tenía una atracción especial para los latinoamericanos. Sabemos que lo que vino luego, llegó para demostrar sus enormes y terribles falencias de desear apropiarse de parte del mundo. No obstante, a pesar de que vemos una especial admiración y amor por New. York, totalmente comprensible, a la vez podemos comprobar que como escritor, las figuras de sus historias son como retazos de personajes del Panamá de sus raíces. Y en este sentido es profundamente latinoamericano. Porque como narrador de la sociedad, logro crear una música tan bailable como reflexiva. Y eso habla de un don, que es también una actitud frente a la vida.

En ese recorrido memorioso por los espacios, y objetos privados, nos va contando su propia vida, a la vez que habla de los músicos, actores y cantantes con los cuales tuvo la dicha de poder trabajar. Y también de aquellos recuerdos repletos de alegrías, pero también de sus decepciones, y de las injustas demandas a las cuales fue sometido en algunas oportunidades. La preocupación de Ruben Blades ha sido siempre hacer algo que tenga sustancia, que se entienda, y que comunique, tanto pensamientos, sentimientos, como conciencia política. El repertorio de todo su trabajo de amor por la salsa como género musical, ha sido y es el resultado, de una profunda y poética percepción de su contexto social, de una especial capacidad cognitiva, y de una inmensa sensibilidad, que da cuenta de un don, pero también de un gran corazón, que sin duda es la esencia de la condición humana. Sus composiciones están almacenadas en la memoria e instaladas para siempre en el imaginario colectivo, y sabemos. que felizmente van a sobrevivirlo, porque son tanto parte de la historia de la música en general, y del género de la salsa en particular, como de la Historia de Latinoamérica.

Sobre Rubén Blades

Cantante y compositor (ganador de 17 premios Grammy), actor, abogado doctorado en Harvard y político (fue candidato a presidente de Panamá y Ministro de Turismo de ese país), padre tardío, Blades abre las puertas de su hogar para recorrer las calles y lugares que fueron testigos de su camino. Blades repasa frente a la cámara el proceso de creación de algunas de sus canciones emblemáticas como Pedro Navaja, Plástico o Tiburón, rememora su relación con Willie Colón y Héctor Lavoe en los tiempos de gloria de Fania All Stars, y expone su pensamiento político y su interés social.

La película, que cuenta con la participación de figuras como Sting, Residente, Paul Simon, Gilberto Santa Rosa, Tito Puente, Andy Montañez e Ismael Miranda, se realizó a lo largo de varios encuentros que se sucedieron durante 3 años.

Yo no me llamo Rubén Blades tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine y Música South By Southwest (SXSW) en Austin (Texas) donde se llevó el Premio del Público; desde entonces ha participado en infinidad de festivales.

Sobre Abner Benaim

Nació en Panamá en 1971. Estudió Relaciones Internacionales en la Universidad de Pennsylvania (EEUU) y Cine en Cámera Obscura, Tel-Aviv (Israel). En 2004 fundó en Panamá la productora audiovisual Apertura Films, con la cual realizó películas documentales y de ficción. Sus films han sido seleccionados y premiados en prestigiosos festivales del mundo. Invasión (2014) fue la representante de Panamá para los premios Oscar en la categoría de habla no inglesa. Chance (2009), con más de 500 mil espectadores, fue el film panameño más visto en la región en los últimos 50 años. Benaim ha trabajado en producciones de Argentina, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Israel y Panamá. Sus proyectos han sido parte de talleres como EAVE, Sundance Producers Lab, Docs Buenos Aires, Docs Barcelona, y han sido apoyados por fondos de cine tales como IDFA Fund, New Israeli TV and Cinema Foundation, Programa Ibermedia, DICINE (Panamá) INCAA (Argentina), entre otros.

Filmografía
– 2018. Yo No Me Llamo Rubén Blades (85?, Largometraje)
– 2016. Zachrisson (Cortometraje)
– 2014. Invasión (94?, Largometraje)
– 2010. Empleadas y patrones (64?, Largometraje)
– 2009. Chance (91?, Largometraje)