Entrevista a Federico Ponce: “Reflexionar desde lo colectivo para enfrentar la crisis”

0
134

Jean-Luc Lagarce nació en1957 y es una de las figuras sobresalientes del teatro francés de fines del siglo XX. Escribió veinticuatro obras teatrales y se transformó en el autor más representado en Francia luego de Shakespeare y Moliere. Actualmente, Federico Ponce dirige Apenas el fin del mundo, un texto que aborda el desgaste de los vínculos familiares.

Conversamos con Federico, actor y director, quien –entre otros trabajos– estuvo a cargo de la puesta de Once hijos, basado en un cuento de Franz Kafka. Él nos cuenta cómo llegó a la obra de Lagarce y cómo ve el teatro actual en medio de la crisis.

¿Cómo llegás a dirigir este texto de Jean-Luc Lagarce allá por el 2014, un autor que no es de los más frecuentados?

Hay un recorrido previo. En 2010 estrené Estaba en mi casa y esperaba que llegara la lluvia, también de Lagarce, en el teatro El Galpón de Luján, espacio donde experimenté mis primeros trabajos cómo actor, director, docente y gestor cultural (la pieza fue declarada de interés cultural local ese mismo año). Investigando su obra, descubrí Apenas el fin del mundo; quedé impactado y pensé: “Me gustaría trabajarla en un futuro”. Seis años más tarde la estrenaba en ElKafka Espacio Teatral, teatro donde formé, desarrollé y profundicé mi sensibilidad estética cómo artista. Durante muchos años, cursé los talleres de puesta en escena, coordinados por Rubén Szuchmacher y Graciela Schuster. Ambos materiales de Lagarce fueron trabajados y pensados dentro de ese marco pedagógico. Szuchmacher fue el curador de la Semana Lagarce en Buenos Aires en 2007; él fomentó la difusión del autor en la Argentina y siempre colaboró con nuestro proyecto. Lagarce reflexiona sobre el lenguaje y los procedimientos; fue un innovador del teatro francés de los años ochenta. Fue resistido en sus comienzos: Apenas… está fechada en 1990 y su primer montaje fue en 1999. Su teatro se centra en la palabra, en la memoria y en la velocidad del pensamiento. Encontrar su sistema de actuación requiere proceso, tiempo; ahí reside, en gran parte, su complejidad: convivimos en un sistema que no tiende a procesar demasiado. La traducción de Jaime Arrambide es excelente, y el elenco posee una gran formación teatral clásica: entienden, comprenden el poder de la palabra en escena, fundamental para incursionar en la musicalidad del autor. El tiempo nos permitió profundizar en su articulación. Quizás estas últimas cuestiones hacen que el autor sea poco frecuentado.

¿De qué manera cambió tu mirada sobre la obra con el paso del tiempo?

Creo que los materiales están en constante movimiento. Seguí formándome y perfeccionando mi estética. Reencontrarme con Lagarce cinco años después me dio la oportunidad de profundizar en ciertos aspectos del lenguaje y en los conflictos vinculares que atraviesan los personajes: el eje de la nueva puesta es la actuación. Hay un recorrido en los cuerpos de Carlos Sims, Flor Calvo, Chula Quevedo, Emilse Diaz y Julián Vilar en términos de memoria. Eso posibilitó trabajar la velocidad del pensamiento del conflicto en escena y en el sistema de actuación. Los aspectos espaciales y visuales de la nueva puesta en escena fueron trabajados sobre esa directriz junto con mi equipo artístico, integrado por Lucas Orchessi, en la iluminación; Gustavo Lucero, en la música original y escenografía; Belén Pallota, en el vestuario; y María Clara Cianfagna en la asistencia de dirección.

¿Cuál fue el punto de partida para pensar esta nueva puesta en escena?

Creo que un eje de partida fue la distancia en lo cercano, la fricción que se produce entre los vínculos cercanos y el lenguaje.

Repasando un poco las obras que dirigiste, ¿qué temas te convocan o te interpelan como director?

Me convocan aquellos temas que silenciamos para no dañar. Es la décima obra que estreno, y en la diversidad de autores que dirigí –Hugo Midón, Marcelo Bertuccio, Jean-Luc Lagarce, Franz Kafka, entre otros–, encuentro una fuerte atracción vinculada al lenguaje, a la poesía y a las formas de narrar.

Mucho del teatro que se puede ver hace un tiempo en nuestra cartelera aborda temáticas relacionadas con los vínculos, ¿cuál es la reflexión que realiza Apenas el fin del mundo al respecto?

En la obra, los vínculos familiares están desgastados, perdidos en un pasado que no fue mejor. Louis, el protagonista, regresa a su casa materna después de muchos años de ausencia para anunciar que va a morir; no tuvo una comunicación fluida con su familia durante ese tiempo, salvo por las postales que él les enviaba con alguna que otra frase, una imagen; solo una imagen del pasado que no pueden olvidar.  En Apenas…, todos creen conocerse; el silencio los interpela; y el lenguaje, por más vuelta y regodeos que dé, no puede dar cuenta de la realidad en la que están inmersos.

Frente a la crisis económica, ¿cómo ves el teatro en este 2019?

Complejo. Creo que el pensamiento se organiza desde otro lugar en contextos crisis. “¿Qué teatro pensamos para estos tiempos?”, me pregunto. Actualmente, tengo dos proyectos en cartel: Apenas el fin del mundo, en Nün Teatro Bar, y Diez olvidos al otro lado de las vías, en La Gloria Espacio Teatral. Entre los dos convocan y vinculan quince y veinte artistas, respectivamente, y sobrepasan los noventa minutos de duración. Reflexionar estéticamente desde lo colectivo, compartir, vivenciar el encuentro sea, quizás, una forma de enfrentar la crisis.

Ponce