Crítica de “Un señor alto, rubio de bigotes”, de Humberto Costantini

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Un ambiente opresivo y angustiante desata la tragedia en Un señor alto, rubio, de bigotes. El peor mal que nos aqueja es la soledad, cuando sentimos que estamos en una situación sin salida, cuando no vemos una mano solidaria y cuando el ser humano es obligado a rendir como una máquina y a insertarse como si fuera un engranaje en una sociedad que todo el tiempo está intentando expulsarlo. Sciardys deberá mantener la compostura y se dice a sí mismo: “Pero el tiempo me aplasta. Me borra la sonrisa de la cara. Me paseo. No hay que mirar los vidrios. No hay que mirarse los zapatos. La corbata en su sitio. Los puños”. Sabemos de todas estas exigencias que encontramos en el ambiente laboral.

Fernando Sciardys está en la búsqueda de trabajo. Es maltratado psicológicamente por gente que abusa de su situación de poder. Es manipulado, llevado de un lado a otro y tiene que esperar eternamente. Es esta espera inútil, infructuosa, la que le da a la obra un halo beckettiano.  Sciardys camina casi sin cesar, se mueve nerviosamente y hasta susurra los diálogos que supuestamente mantiene con las personas de las empresas donde se postula. Está atrapado, porque para tener un lugar en este mundo debe conseguir un empleo y es posible que deje su propia salud en el intento. Hacia el final se observa lo que podría ser un posible cuadro de delirio, o una exacerbación de la ansiedad. Un dolor en el pecho no lo deja tranquilo. No hay nadie que lo ayude, solo un señor que se percibe como amenazante. ¿Será el señor Otero tan buscado, o un médico o un guardia de seguridad? Eso lo podrá imaginar el espectador.

“Un señor alto, rubio, de bigotes” es la nueva propuesta teatral generada por el Grupo Sin Guardia. Desde sus inicios, el grupo ha trabajado en la construcción de un lenguaje poético propio atento a desarrollar contenidos críticos sobre la relación del hombre contemporáneo y el contexto social. En este caso, la actuación de Pablo Mariuzzi en el unipersonal muestra un enorme compromiso del artista con el mensaje de la obra e implica una toma de posición frente a la actualidad sociopolítica que hoy nos aqueja. Resulta un trabajo maravilloso, que con un esfuerzo constante logra una actuación conmovedora. Leonardo Odierna dirige rigurosamente y maneja muy bien los tiempos de la narración. El cuento homónimo de Humberto Costantini consigue un nuevo brillo con la interpretación de Mariuzzi en esta puesta minimalista donde estamos a solas con el actor sin escenografías que distraigan; solo para escuchar de cerca el latido del dolor.

Ficha artístico-técnica

Autor: Humberto Costantini; Intérprete: Pablo Mariuzzi; Dirección: Leonardo Odierna; Diseño de Luces: Miguel Solowej; Escenografía y Vestuario: Jorgelina Herrero Pons; Producción Fotográfica: Malena Figó y Gabriel Reig; Diseño Gráfico: IB Producciones Creativas; Producción Ejecutiva: Lorena Székely y Armando Saire.

Prensa: Silvina Pizarro

Funciones: domingos, 20.30  / Teatro El Crisol, Malabia 611 / Entrada $250 (Estudiantes y Jubilados $200) / Tel. – Informes: 4854-3003 / Reservas: Alternativa Teatral (http://www.alternativateatral.com/obra58803-un-senor-alto-rubio-de-bigote)