Dónde y por qué estudiar cine en Argentina

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En Argentina existen numerosos espacios destinados al estudio de la realización audiovisual, un dato vinculado en buena medida a la rica tradición de directores que enriquecieron la historia del cine nacional. En esta nota, un panorama de la formación de los futuros realizadores y realizadoras.

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Según las últimas estadísticas oficiales, que datan del año 2015, se inscribieron 16.150 estudiantes de artes audiovisuales entre las universidades públicas y privadas. Dentro de las múltiples opciones para formarse, son varias las que cuentan con una reconocida trayectoria.

En un amplio catálogo encontramos a la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, dependiente del INCAA), la FUC (Universidad del Cine), la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la UBA, el CIC (Centro de Investigación Cinematográfica), el CIEVYC (fundada por Aldo Paparella), la Escuela Profesional de Cine y Artes Audiovisuales fundada por Eliseo Subiela, la Carrera de Artes Audiovisuales de la Universidad de La Plata, la Escuela de Cine y Televisión de Rosario, la Carrera de Licenciatura en Cine y Televisión que ofrece la Universidad Nacional de Córdoba y la Escuela Regional Cuyo de Cine y Video de Mendoza.

En la FEISAL (Federación de Escuelas de Imagen y Sonido de América Latina) nuestro país es el que mayor representatividad tiene: 22 instituciones asociadas. En segundo lugar se ubica Chile, con 9.

Cada uno de los espacios persigue sus propios objetivos y traza su ideario. Manuel Antín, fundador de la FUC en el 1991, rememora su objetivo inicial: “Su creación deriva de mi paso por el Instituto de Cinematografía, durante el cual hubo una serie de cambios en el cine argentino. Por ejemplo, la confianza en los jóvenes y los créditos en las óperas primas, algo que sorprendió bastante a la industria de aquel momento. Tanto es así que en una reunión que me pidió la general de productores uno de los miembros  me dijo ‘vos le das créditos a cualquiera’. Y yo le contesté: ‘bueno, es verdad, pero cualquiera va a ganar el Oscar uno de estos días’. Y eso ocurrió con Luis Puenzo, que había recibido un crédito según la industria inmerecido. Esta confianza en los jóvenes hizo que finalizada mi gestión en el Instituto creara la Universidad del Cine”.

Por su parte, el actual director de la ENERC, Carlos Abbate, valora que esta institución sea “la escuela nacional y gratuita”. Y agrega: “La idea es formar una base de técnicos para la industria del cine. Nosotros tenemos como objetivo ser el primer paso dentro de la industria para técnicos y profesionales. Para eso, la escuela cuenta con muchos docentes que son profesionales y también con un equipamiento acorde con eso, tanto en la producción como en la post-producción”. En cuanto a las experiencias de instituciones privadas, el CIC utiliza en provecho del estudiante el hecho de que en esa misma institución se enseñen otras carreras vinculadas al arte. “Como marca distintiva, valoramos ser una institución que posibilita en un mismo ámbito el permanente intercambio de miradas y trabajos conjuntos con estudiantes de las carreras de actuación y también de curaduría y gestión cultural”, afirma Vivián Imar, co-directora junto a Macerlo Trotta de esta institución.

Miriam Singh, directora de estudios del CIEVYC, sostiene que la escuela “se origina como una entidad pensada y creada para satisfacer la solicitud de profesionales de altísimo nivel que generaba la creciente industria audiovisual, tanto en el ámbito nacional como internacional”. Y amplía sobre su trayectoria: “En 1994 y debido al incremento de alumnos, se solicitó la incorporación del Instituto  a la Enseñanza Oficial, y se oficializó entonces la carrera de Dirección de Cine y Video. Desde el  año 1997 se hizo efectiva la incorporación a la enseñanza oficial y se aprobó el plan de la Carrera de Dirección de Cine y Video”.

Respecto al perfil de los egresados, Singh sostiene que el mismo “posibilita dar respuesta a la demanda industrial audiovisual en general y a la  demanda especifica del cine y la televisión, tratando desde una formación sistemática la integración de conocimientos prácticos, técnicos y teóricos que permitan articular los saberes propios de los avances científicos y  tecnológicos con las situaciones reales de trabajo”. Y especifica: “Nuestros alumnos en su mayoría son egresados de la escuela secundaria, con una fuerte inclinación a las artes audiovisuales. Pero también poseemos un porcentaje de alumnos que ya han incursionado en el medio y necesitan sistematizar los saberes en una carrera afín que les brinde una formación superadora de los aprendizajes en la práctica.” Por último, la directora de estudios se refiere a los actuales desafíos: “Nuestros egresados tienen una excelente formación que les permite desempeñarse en cualquiera de los oficios del mundo audiovisual. Los habilita para desempeñarse de forma autónoma o en relación de dependencia, en proyectos diversos en medios audiovisuales, integrando y/o liderando equipos de trabajo en todos los roles de implicancia. El mayor desafío no está puesto en el desempeño profesional, sino en las políticas que emanan del Estado en relación al desarrollo cultural del país”, concluye.

En cuanto a la formación en el interior, resulta muy valiosa la experiencia de la ENERC en torno al Plan Federal, implementado durante la gestión anterior y defendido por la actual. Mediante este plan, la ENERC se diversifica en cuatro sedes más: Cuyo, NEA, NOA y Patagonia Norte. “Es un plan muy ambicioso y estamos trabajando mucho para eso. La idea es hacer que esas regiones puedan, en un tiempo prudencial, contar con docentes regionales porque hasta ahora son de Buenos Aires, casi todos, y viajan dos semanas por año”, dice Abbate.

Pero, ¿qué ocurre cuando el Estado no logra cumplir con las demandas del sector? Dentro de un contexto de parálisis de la actividad, que ve a su capacidad productiva reducida a un tercio, resultan muy perjudicadas las acciones tendientes a incorporar al alumnado al universo laboral, acción que persiguen muchas casas de estudio.

Este hecho quedó expuesto en el reciente 3° Congreso Nacional de la Multisectorial Audiovisual. Allí, Roberto Caturegli (Director de la Carrera Diseño Audiovisual, de la Universidad de Villa María, Córdoba) sostuvo como un interés nodal “ser agentes de comunicación; es decir, poder tener nuestras radios, nuestros canales de televisión funcionando. No sólo para que sean un espacio de práctica para la gente que se está formando sino, y sobre todo, para funcionar como un articulador entre la universidad y la sociedad”. En el mismo foro, Víctor Hugo Díaz (ex Vicedirector de la Universidad de Córdoba y actual docente), se refirió a la actual coyuntura de forma sumamente crítica. “Partimos de un escenario en donde la comunicación es un derecho humano y ahora es mercancía. Y por ese mismo camino van a transitar las universidades. Muchos estudiantes, en el marco del G20, exigen flexibilidad educativa, algo que implica borrar las universidades, borrar las carreras. Y ni hablar de la investigación científica, que en el 80 por ciento en el país está hecha por las universidades”, indicó. Y en relación a los canales de comunicación que posee la Universidad, sostuvo: “Uno de nuestros problemas fue que no ganamos las audiencias. Y los jurados de los planes de fomento de documental, ficción, programas de televisión, venían de Buenos Aires. Iban jurados de Buenos Aires a Córdoba, que tiene una escuela de comunicación y de cine, a decirnos cómo teníamos que hacer las cosas. Y fue un error, no haber consultado a las pantallas qué necesidades de comunicación teníamos”.

Por otro lado, que los espacios de formación cuenten con equipamiento propio no es un tema menor. Esto se debe a los altos costos de los equipos, tanto para su compra como para su alquiler (la modalidad más frecuente). Instituciones como la ENERC, la FUC, el CIC y el CIEVYC cuentan con su propio material, pero otras tantas (sobre todo estatales) tienen pocos equipos o directamente no los tienen. El realizador Federico Godfrid es docente de Dirección de actores y profesor adjunto de Proyecto Audiovisual en la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la UBA. Godfrid remarca la excelencia de esta casa de estudios, pero reconoce que “la Facultad no puede ofrecerte ningún tipo de equipamiento”. Y agrega: “esto a priori parece una gran debilidad, pero creo que incrementa el ingenio y la valoración del estudiante en cada trabajo que realiza. Y así comienza a vincularse con los diversos espacios con los que deberá lidiar en su carrera profesional”.

Foto del copete: Carlos Abbate, Rector de Enerc