Crítica de “La noche en otra parte”, de Martín Cascante

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En La noche en otra parte, Martín Cascante revela su oficio de escritor de cuentos, que Julio Cortázar asociaba a la intensidad de la acción y a la tensión interna del relato. Nada es gratuito, ni decorativo, ni superfluo en las páginas del libro. Y la mención de Cortázar no es caprichosa, ya que ambos coinciden en el tratamiento que le dan al género fantástico.

Dividido en dos partes –Umbrales y Morir en la Víspera–, el volumen da cuenta de ese pasaje de lo real a lo fantástico, de ese quiebre que altera la lógica temporal y espacial de lo que llamamos realidad. Los personajes, por su parte, viven ese pasaje –el cruce del umbral– de forma natural, como si de alguna manera les hubiera sido revelado que lo aparentemente inexplicable es parte también de lo cotidiano. De ahí que una de las constantes de estos relatos sea la alteración de la linealidad temporal. Por ejemplo, en “La mujer esquimal”, el protagonista vive alternativamente en dos tiempos y espacios según con qué ojo mire; o en “Sin pertenencias”, Zelmar Pinaud realiza un viaje perturbador en el interior de un aeropuerto.

Lo extraño que linda con lo siniestro es parte de todos los cuentos, y se conecta con la presencia de símbolos que deben ser interpretados. La mujer que realiza un ritual de seducción con un toro en “Mis pies sobre la tierra” o lo que ocurre en El Parche, un pueblo perdido y olvidado, nos invitan a un trabajo de develación porque, como decía Oscar Wilde: “Todo arte es, a la vez, superficie y símbolo”.

No falta en el libro de Cascante lo monstruoso en los personajes y en las situaciones. En “Los defectos del cuerpo”, se destaca la fealdad del protagonista, y en el mencionado “Sin pertenencias”, aparece un “bicho extraño disfrazado de azafata”. Además, la existencia de una especie de peste que recorre los pueblos en “El dolor hablado”, o la presencia del hermano muerto en “La puerta cerrada” no hacen más que evidenciar lo que parece contrario al orden de la naturaleza.

Mencionábamos antes a Cortázar, lo que nos lleva a la intertextualidad presente en los cuentos. En “Los extranjeros”, hay una reminiscencia de “Casa tomada”, en tanto el protagonista es expulsado de su propia casa. A su vez, Franz Kafka también se deja ver en el absurdo que recorre “Sin pertenencias” o “El dolor hablado”: los personajes están inmersos en una situación inexplicable, presos de un poder que los excede y que decide sobre sus vidas.

En cuanto a la escritura de Cascante, el autor demuestra que es un gran creador de atmósferas densas, incluso en historias que se acercan más a lo cotidiano como “Leones de mármol” o “La inutilidad de los manteles”. Llama la atención, además, la estructura de los cuentos, con comienzos en los que el conflicto se describe con pocas palabras y finales totalmente inesperados;  en el medio, imágenes que denotan una cuidadosa búsqueda estética. Cascante es también un maestro de la elipsis, un perfecto dosificador de los silencios, de lo que no se dice, pero que pesa más que lo dicho.

La noche en otra parte obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes y es de la buena literatura que nos proponen los autores nacidos en los setenta, una generación que se las trae.

La noche en otra parte, Martín Cascante, La Parte Maldita, 2018, 134 págs.

Martín Cascante es economista y escritor, y este es su primer libro de cuentos.