Se estrena Border de Ali Abassi

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Premio CERTAIN REGARD en CANNES 2018

Una historia de amor

Border es un film sorprendente y bello, que es antes que nada una historia de amor entre dos seres diferentes. Que no representan a ningún estereotipo de belleza, sea la raza que sea a la que pertenezcan. Y es esta condición en particular, la que va a potenciar la verosimilitud del relato.

Ella es una policía que controla el equipaje en un aeropuerto, que tiene una sensibilidad olfativa casi animal, con la que detecta todo aquello que inflige la ley, sean objetos concretos, o sentimientos de los malos. Aunque también de los buenos. Podríamos decir que posee una nariz, que se parece en algún sentido a la de los perfumistas, un don que tienen menos de 100 personas en el mundo. Porque si bien dicen que una imagen vale más que 100 palabras. Un olor vale más que 1000 imágenes. Y Tina posee un don, que es como una (nez ) con la que descubre historias, basadas en su propio autodescubrimiento. Hasta que aparece él, ( Vore ) una especie de alter ego masculino, -con los dientes manchados y desprolijos como ella, que arriba para enamorarla y desestabilizarla. A medida que avanza la relación, Tina va reconociéndose en todo tipo de similitudes. A la vez que comienza a cuestionar la realidad que la rodea. Lo que la lleva a echar de su casa a su pareja, o a obligar a su padre, -quien vive en una especie de geriátrico del primer mundo- a que le cuente la verdad sobre el origen de su adopción.

El film da lugar a varios planteos de diferentes índoles. El primero es el cuestionamiento de la belleza, en tanto seres que leemos parecen “humanos”, y que luego se reconocen como trolls, que en la realidad son personajes de la mitología escandinava, con un rostro muy parecido a la de los neandertales, -impecablemente construidos- que es la estrategia que usa su director, para reflexionar sobre la forma en que decidimos construir nuestra identidad. Esta la cuestión de los alimentos que están a nuestro alcance, como los gusanos por ejemplo, que a ellos les genera un enorme placer comerlos, y que los humanos descartamos entre miles de opciones semejantes. Y esta el modo en que viven la sexualidad, y la forma en que disfrutan de su cuerpo en relación a la naturaleza, a la tierra al agua, y en relación al otro. Y este es el punto básico, ya que estas dos personas -que se suponen son feas- las vemos y se sienten absolutamente bellas haciendo el amor. Y esto habla de un deseo de dar cuenta, de que a los buenos sentimientos y a los buenos deseos podemos tenerlos todos por igual.

Hay una intención de juzgar al género humano, por las atrocidades que puede llegar a cometer, ya que hay situaciones de pedofilia, que se descubren gracias a su olfato. No obstante, hay una vuelta de tuerca al final en varios sentidos. Se dan algunos momentos bizarros, que pueden llegar a aportar un cierto grado de humor, pero que no logran desviar el potencial de las escenas eróticas.

El film tiene también un don, que es el que nos permite movernos más allá de las fronteras que nos impone la realidad, y lo más importante es que nos lleva a descubrir algunos de los secretos que la naturaleza nos oculta, o a desarrollar ideas que vienen a transgredir lo que supuestamente nos caracteriza y nos diferencia de otras especies.