María Pérez Escalá: sobre Wanderlust y el rol de las mujeres en viaje

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Este jueves se estrena en el Gaumont Wanderlustcuerpos en tránsito, documental de viaje dirigido por la argentina María Pérez Escalá y la alemana Anne von Petersdorff. Ambas recorrieron muchos países del cercano Oriente, antes de llegar a Alemania, a la casa de Anne. La propuesta resulta ser una fresca y renovada idea de las mujeres en viaje. Charlamos con María vía mail.

Alejandra Portela: Con Anne se conocieron en la escuela de San Antonio de los Baños, es la única referencia que tenemos de sus carreras. En qué medida este proyecto surge como vinculado a la Escuela o a algunas de sus consignas, quizás.

María Pérez Escalá: Si, con Anne nos conocimos en la Escuela de Cine de Cuba, haciendo un taller de Altos estudios en documental. Yo había estudiado Cine en la Universidad Nacional de La Plata y Anne estaba haciendo su doctorado en estudios Alemanes y humanidades digitales. Ya en la escuela realizamos un corto, llamado “Cine Encanto” que trataba sobre las mujeres proyectoristas de un cine que hacía muchos años ya no funcionaba. El tema de la mujer como protagonista y realizadora de su propio relato es algo que desde el comienzo nos unió.

A partir de Cuba, surgió un grupo de trabajo y un posible encuentro con documentalistas de la escuela, en Egipto. En ese momento Anne me propuso seguir viaje hasta su casa en Alemania y documentarlo. Así empezamos a pensar, dos meses antes de ese viaje, porque queríamos registrar de esa experiencia y que tendría de particular nuestro viaje para ser documentado.

Las dos veníamos viajando solas como mujeres y compartíamos muchas experiencias. Y encontrábamos que en el cine, la mirada de la mujer en viaje, era algo que aún no estaba del todo abordada. Y que la mayoría de los relatos de viaje estaban atravesados por la mirada del hombre.

AP: Estuvieron en el Wip del Festival de Mar del Plata y en el doclab del Fidba. Que significó para Uds?  

MPE: Como todo espacio de intercambio, ambas experiencias, fueron enriquecedoras para lo que significó el crecimiento y el desarrollo de nuestra película. Al mismo tiempo aplicar a estos laboratorios genera una carta de presentación diferente a la hora de avanzar en pedidos colaborativos o posteriores presentaciones en festivales. Me parece muy importante que estos espacios no se pierdan ya que funcionan como un impulso muy importante, sobre todo para películas independientes.

AP: El cruce de fronteras son los momentos más álgidos de la película, cuando dicen que cruzaron 5 fronteras en dos días, si no recuerdo mal. Como fue la filmación, sacar la cámara en esas instancias. Cosa que en general está prohibida.

MPE: Si, y en total fueron 13 fronteras. Desde un comienzo sabíamos que las fronteras serian protagonistas del relato. Y también sabíamos que sería un riesgo intentar filmar en estos lugares. Yo creo que a mí siempre me resultaba un poco más difícil y me generaba un poco mas de preocupación que a Anne. Yo creo que ella fue mucho más valiente que yo en este sentido. Tal vez tenga que ver con que nuestros pasaportes son diferentes y que existía más riesgo para mí que para ella de quedarme ahí.

Bajar de un bus a las 3 de la mañana en una frontera complicada y empezar a filmar no era lo más cómodo. Y muchas veces la preocupación de poder pasar era más fuerte que la necesidad de filmar. Pienso que después de realizar esta película, la conciencia y el respeto que siento por las fronteras, es diferente.

AP: El otro momento álgido es el viaje por mar a Chipre. 

MPE: Este momento demostró la importancia de elegir filmar a dos cámaras a dos voces y a modo de dialogo. Ante una misma situación, con Anne reaccionamos, miramos y sentimos diferente. Y desde el punto de partida queríamos que eso estuviera expuesto en la película. Cuando Tuvimos que cruzar a la Isla de Chipre (no podíamos seguir por tierra por cuestiones políticas), nos encontramos con que no había barcos, ni turísticos ni comerciales, ni de carga, que pudieran llevarnos. Así que fuimos al puerto de Tel Aviv donde nos tocó “hacer dedo”. Allí apareció un chico con su velero que podía llevarnos, tardaríamos 4 días en llegar y tendríamos que aprender a navegar. Pero sabiendo que un vuelo nos costaba 24 euros y llegaba en una hora, no fue fácil seguir con la idea de no volar.

Anne se mostraba muy entusiasmada, pero yo cargaba con mis prejuicios culturales y el miedo de subirme a un barco con dos desconocidos significo un desafío y una experiencia de la cual aprendí mucho.

AP: Además de las miradas de los hombres sobre los cuerpos de las mujeres, qué otras miradas pensás que la película puede despertar?

MPE: Creo que la película refleja el rol de la mujer en la sociedad en general, no solo en viaje. Hay espacios públicos que no suelen ser tan accesibles, ni tan abiertos, ni tan seguros para las mujeres como para los hombres. Desde mi experiencia, sentí la incomodidad o el miedo ante la necesidad de “hacer confianza” frente a situaciones donde mis prejuicios eran mayores.

Después de varias proyecciones, se acercaron algunos hombres a agradecerme por llevarlos a ver estas experiencias desde un punto de vista distinto y reflexionar sobre cuestiones que antes no habían pensado.

AP: En relación a las primeras tomas de la nena saltando los escalones y uds tomándola con una cámara cada una. Qué lugar ocupa en la película esa especie de prologo.

La voz en off que acompaña estas imágenes dice: “Todo recordamos de manera diferente. Esto es un relato conjunto de un viaje”.

En primer lugar, estas primeras imágenes del documental tienen la síntesis formal de lo que significó para nosotras el eje de partida. Cada una, con su cámara, con su mirada, con su punto de vista. Y el reflejo de nosotras en la mirada de la otra. Mirar y ser mirada.

Por otro lado, la pequeña niña saltando que se anima a un gran salto, como metáfora de nuestro propio salto…

Hay que llegar al final de la peli par ver cómo resulta!

AP: Ha pasado un tiempo de este viaje, qué significó, viéndolo a la distancia?  

MPE: Este viaje significaron muchos viajes! Viajamos para hacerlo, viajamos para terminar la película (edición), volvimos a viajar cada vez que recorríamos las imágenes, viajamos físicamente y a la vez viajamos al interior del mundo de cada una. El viaje de conocernos más y de entender cosas que tal vez durante el propio viaje no habíamos comprendido. Hubo un crecimiento de la relación y del conocimiento que teníamos sobre la otra y sobre su cultura. Fue una experiencia de mucho aprendizaje. De mucho trabajo de mucho intercambio. Viéndolo a la distancia no imaginamos todos los lugares ni desafíos por los que pasaríamos en esta doble experiencia de viajar y hacer una película.

AP: ¿Qué piensan que va a pasar cuando la película se estrene. Podría haber una segunda parte?

Muchas veces hacemos chistes sobre la segunda parte de Wanderlust, y los posibles recorridos. Ojala así como Wanderlust surgió en una pequeña conversación entre nosotras, cada una en lugares del mundo muy distintos, surja así, una segunda parte. No lo sabemos.

Creo que una vez que la película se estrene nosotras también vamos a sentir que ha llegado a destino y ha cumplido su recorrido. Aunque seguramente y ojalá, que siga viajando y despertando las ganas de viajar.