Aquí soñó Blanes Viale, en el Museo Nacional de Artes Visuales

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Cuarenta y siete trabajos de Pablo Uribe (Montevideo, 1962) a partir de un centenar de obras patrimoniales de autores canónicos de la colección del Museo Nacional de Artes Visuales conforman, con la curaduría de Carlos Capelán y la producción de Maru Vidal, una de las apuestas más fuertes que hemos podido ver acerca de lo que puede ser la disolución de autorías y la borradura de fronteras y roles, que habilitan nombrar a esta audaz jugada como un ejercicio que coloca a las bellas artes en segundo grado, para continuar pensando desde la transtextualidad genettiana.

La réplica de una escultura de Bernabé Michelena (Durazno 1888 – Montevideo 1963), Joven, atesorada en el patrimonio del museo, realizada en bronce de 1942 y de tamaño real (160x42x59 cm) de la cual hay cinco calcos volcados en yeso blanco situados le dan una dinámica y un anclaje referencial que contribuyen a recordar permanentemente en el guión del recorrido el juego de copias que se vuelven certificadas al estar en la exposición, a la vez que le imprimen a toda la muestra un toque de inquietud y extrañamiento en el espectador.

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Al comienzo de la muestra, una pared que se nombra como obra, Citas citables, 2018, site specific, plantea lo que serán los diálogos fundamentales del recorrido curatorial con más de 40 originales del acervo dispuestos en un modo de colgar decimonónico que serán intervenidos de distintas maneras por Uribe. Dos ejes quizás puedan recortarse de esta tarea: la investigación sobre la paleta de colores del arte uruguayo (las Croma y Campos de Color son una recopilación constante para una teoría de claves posibles), y el juego original, copia y versión, que incluye dos falsificaciones de una obra de Joaquín Torres García.

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Ironía, sentido del humor y una agradable falta de respeto generalizada permean esta propuesta inédita en nuestras curadurías, nuestras lecturas y nuestras museografías, que se vuelven parte central del sistema de obra. Metalenguaje y cita por doquier, Aquí soñó Blanes Viale es una exposición hecha para quienes trabajamos en el medio, y quizás por eso nos fascina o la odiamos.

Cuadros que tapan cuadros, superposiciones parciales y totales de obras con obras, modos de ver y de decir, tejen encubrimientos y soles apagados por los lugares que adjudica y readjudica la historiografía. Un palimpsesto que se parece a la historia de los poderes, que refleja toda genealogía de panteones y patriarcas en la historia del arte local.

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Las críticas escuchadas en estos días en Montevideo, de parte de artistas, curadoras, coleccionistas y aificionadxs dan cuenta de que despierta todo tipo de sensaciones, pero que de ningún modo pasa desapercibida, y desata felices debates sobre funcionalidades y rebeldías, floraciones posmodernas trasnochadas pero eficaces, hiper conceptualidades y hasta cuestiones de género. El campo local se encuentra totalmente atravesado, y una de las puntuaciones más interesantes es la que replantea la relación artista/ museo/ colección/ curador. Lo que queda claro luego de recorrerla, es que este proyecto es un caso potente de crítica institucional que puede permitirse un museo tan querido y debatido como en el MNAV, en la intelectual y siempre crítica Montevideo.

Recorrer Aquí soñó Blanes Viale es una experiencia que no hay que dejar pasar. Ideal para visitar cuando está por caer el sol, cuando la nostalgia le pone al Rodó y a la Rambla un toque de costas y accidentes geográficos inéditos, como los de esta exposición.