París, ciudad de escritores

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Pocas ciudades están tan asociadas a la literatura como París. Durante años la visitaron escritores de todo el mundo, y muchos vivieron allí por temporadas más o menos largas. En sus bares se gestaron novelas, poemas, obras de teatro o cuentos muy conocidos. Sus calles y sus edificios fueron el escenario de los conflictos de varios personajes que quedaron en la memoria.

París es el lugar perfecto para el flanêur (paseante), muy bien retratado por Charles Baudelaire: “Para el perfecto flâneur, para el observador apasionado, es una alegría inmensa establecer su morada en el corazón de la multitud, entre el flujo y reflujo del movimiento, en medio de lo fugitivo y lo infinito. Estar lejos del hogar y aun así sentirse en casa en cualquier parte, contemplar el mundo, estar en el centro del mundo, y sin embargo pasar inadvertido –tales son los pequeños placeres de estos espíritus independientes, apasionados, incorruptibles, que la lengua apenas alcanza a definir torpemente–. El espectador es un príncipe que vaya donde vaya se regocija en su anonimato”. Y recorrer y observar apasionadamente son, sin dudas, fuente de inspiración para aquel que quiere escribir.

Entre los argentinos, Julio Cortázar fue uno de los escritores que más amó París, donde fue a vivir cuando dejó Buenos Aires. Gran parte de la historia de Horacio y la Maga en Rayuela transcurre allí: “¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico”.

Ernest Hemingway, autor norteamericano, también tuvo mucho que ver con París. En la estación Gare de Lyon, su esposa, Elizabeth Hadley Richardson, perdió –o le robaron– una valija con todos los manuscritos del escritor: relatos, notas y gran parte de una novela sobre sus experiencias en la Primera Guerra Mundial. Solo una pequeña parte de la obra sobrevivió al desastre. No hay que olvidar, además, que Hemingway escribió la novela París era una fiesta: “Cuando me desperté y miré la ventana abierta y vi la luz de la luna en los tejados de las altas casas, allí estaba la sensación. Escondí la cara entre las sombras rehuyendo la luna, pero no pude dormirme y seguí dándole vueltas a aquella emoción. Los dos nos despertamos dos veces aquella noche, pero al fin mi mujer durmió con dulzura, con la luz de la luna en su cara. Yo quería pensar en todo aquello, pero estaba atontado. Tan sencilla que me había parecido la vida aquella mañana, cuando me desperté y vi la falsa primavera, y oí la flauta del hombre de las cabras, y salí a comprar el periódico de caballos. Pero París era una muy vieja ciudad y nosotros éramos jóvenes, y allí nada era sencillo, ni siquiera el ser pobre, ni el dinero ganado de pronto, ni la luz de la luna, ni el bien ni el mal, ni la respiración de una persona tendida a mi lado bajo la luz de la luna”.

En Gare de Lyon también se encuentra Le Train Bleu, el restaurante que se inauguró para la Exposición Universal de 1900, y que fue lugar obligado para artistas y bohemios como Salvador Dalí, Jean Cocteau o el actor Jean Gabin.

Los bares, por supuesto, son espacios netamente literarios. En el Boulevard Saint-Germain, se encontraba el café favorito de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, el Café de Flore. En Montparnasse, estaban los elegidos por Ernest Hemingway, Jean Cocteau y Ezra Pound, entre otros. Y allí también se puede visitar uno de los más famosos, La Closerie des Lilas, donde, por ejemplo, escribieron Oscar Wilde y Guillaume Apollinaire.

París también tiene fama por su ambiente bohemio. En la orilla izquierda del Sena, está uno de los barrios más representativos, por donde pasaron escritores como Paul Verlaine o Antonio Machado. Allí, además, vivieron James Joyce –en el 71 Rue du Cardinal Lemoine– y Ernest Hemingway –en el 74 de la misma calle–.

Boris Vian es otro escritor relacionado con la capital francesa. En 1949, el responsable de las famosas Guides Verts, unas guías turísticas de gran prestigio, le encargó una del barrio de Saint-Germain-des-Prés. Vian escribió el Manual de Saint-Germain-des-Prés que es un repaso de los personajes ilustres del barrio (entre ellos, Simone de Beauvoir y Jean Cocteau), de los lugares famosos donde se escuchaba jazz y de los cafés donde había tertulias literarias.

Cerramos el recorrido con otra cita de Cortázar: “Uno cree conocer París, pero no hay tal; hay rincones, calles que uno podría explorar el día entero, y más aún de noche. Es una ciudad fascinante; no es la única… Pero París es como un corazón que late todo el tiempo; no es el lugar donde vivo; es otra cosa. Estoy instalado en este lugar donde existe una especie de ósmosis, un contacto vivo biológico. Yo digo que París es una mujer; y es un poco la mujer de mi vida…”.

Foto portada: Oficina de Turismo de París