Sobre El desierto y su semilla, de Jorge Baron Biza

0
85

La relación entre Raúl Baron Biza -el excéntrico escritor y militante radical cordobés- y su segunda mujer, Clotilde Sabattini, hija de Amadeo, el exgobernador provincial, nunca fue fácil. Aunque siempre fue problemática y de fuerte tensión, el matrimonio dio tres hijos (Carlos, María Cristina y Jorge). Cuando se casaron, Clotilde tenía dieciséis años, Raúl treinta y nueve. Amadeo Sabattini, a poco tiempo de asumir como gobernador, no recibió con alegría la noticia del casamiento de su hija con su principal financista de campaña, otrora amigo, convertido ahora en yerno.

Luego de años de convivir, Clotilde decide divorciarse. Hacía tiempo que vivían en casas separadas, pero no habían oficializado el divorcio. El 16 de agosto de 1964, momento de la separación legal, en un departamento de la calle Esmeralda de la ciudad de Buenos Aires, se reúnen para dicho fin. Abogados, papelería en la mesa y disposición para darle la estocada final a la relación.

La negación de divorciarse atormentaba a Raúl y el simulacro de la reunión sirvió de escenario al trágico final. Baron Biza sirvió whisky, un vaso fue llenado con ácido sulfúrico que, con violencia, lanzó al rostro de Clotilde. Súbitamente, las quemaduras monopolizaron la cara de la mujer que así fue perdiendo, lentamente, su belleza y finos rasgos. Inmediatamente, en medio de toda esa locura, bajaron, agarraron un taxi y emprendieron viaje al hospital. Luego, ya entrada la madrugada, en ese mismo departamento de la calle Esmeralda, Baron Biza saca su calibre 38 largo, se lo lleva a su cabeza y deja el mundo a la edad de 64 años.

Como señalamos en la nota anterior, Baron Biza fue un explícito misógino. Su paradoja es que eligió como compañeras a dos mujeres de gran personalidad y carácter. Clotilde Sabattini fue una mujer estudiosa que llegó a destacarse en política y en su rama profesional, la educación. Durante el gobierno de Frondizi dirigió el Consejo Nacional de Educación.

El desierto y su semilla

Jorge Baron Biza, fruto del matrimonio de Clotilde y Raúl, es un autor rarísimo de la literatura argentina, primo lejano de Salvador Benesdra, autor de “El traductor”, que tuvo un final de vida idéntico al de Jorge. “El desierto y su semilla”, reeditada hace unos años por Eterna Cadencia, apareció en 1998 bajo una edición del propio autor. La novela es excepcional y narra con tono aséptico el drama familiar de los Baron Biza, conjugándose con el proceso de destrucción y reconstrucción del rostro de su madre. Un relato helado de una tragedia.

El libro comienza en aquella reunión de audiencia de divorcio y con la escena del vaso de ácido corrosivo desarmando el rostro de Clotilde. El hijo de la atacada socorre a la madre, y ese el puntapié inicial de la narración, escrita treinta años después: “En los momentos que siguieron a la agresión, Eligia estaba todavía rosada y simétrica, pero minuto a minuto se le encresparon las líneas de los músculos de su cara […] La cara ingenuamente sensual de Eligia empezó a despedirse de sus formas y colores”. Por esta novela la prestigiosa revista New Yorker le otorgó a Baron Biza un artículo central en su edición de agosto de 2018 y el semanario Babelia, del diario El País, la subrayó como una de las obras más destacadas de la lengua hispana de los últimos tiempos.

Suicidios

En la solapa de la edición original de la novela, bajo el sello editorial Simurg, Jorge escribió: “Una gran corriente de consuelos afluyó hacia mí cuando se produjo el primer suicidio en la familia. Cuando se desencadenó el segundo, la corriente se convirtió en un océano vacilante y sin horizontes. Después del tercero, las personas corren a cerrar la ventana cada vez que entro en una habitación que está a más de tres pisos. En secuencias como ésta quedó atrapada mi soledad”.

Pasados tres años de la publicación de “El desierto y su semilla”, un 9 de septiembre de 2001, dos días antes del atentado a las torres gemelas neoyorkinas, Baron Biza entró a una habitación. Estaba solo y nadie pudo cerrar las ventanas. En un piso doce de la ciudad de Córdoba, tomó impulso y saltó al vacío. Años atrás se habían suicidado su hermana, María, y su madre, además del tiro con el calibre 38 que su padre se pegó. Clotilde lo hizo arrojándose desde el balcón del departamento de la calle Esmeralda; su hija María Cristina Baron Biza, ingirió una sobredosis de barbitúricos. Linaje suicida.

Como comentamos, Jorge Baron Biza fue un primo lejano de Salvador Benesdra, otro autor maldito de la literatura argentina, que escribió una novela fascinante, “El traductor”, y también se suicidó arrojándose desde un décimo piso.