Finlandia celebra a sus escritores

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El 5 de febrero es una fiesta en la que Finlandia se engalana con banderas nacionales en honor y conmemoración de Johan Ludvig Runeberg (1804-1877), su poeta nacional. Además existe un pastelito o pequeña tarta que lleva su nombre, Runebergintorttu (Tarta de Runeberg, un muffin de mermelada cubierto con almendras y ron o aguardiente), que suele degustarse en ocasión de su aniversario. Uno de los poemas de este autor, además, se convirtió en el texto del himno oficial de la República finlandesa tras su independencia, “Vårt land” (“Mi tierra”).

Como todas las literaturas, la finlandesa, nació de la tradición oral, compuesta de poemas épicos, leyendas, cuentos, proverbios y adivinanzas. Como testimonio de esta oralidad, nos quedó el Kálevala, una serie de cantos originados en la región de Carelia. Elias Lönnrot, en el siglo XIX, descubrió que todos eran fragmentos de una misma obra. Entonces los recopiló y formó una epopeya que se publicó por primera vez en 1835. Esta primera versión contenía un total de 32 poemas de 5052 versos. La versión final es de 1849, con 50 poemas de 23000 versos.

Parece que Finlandia ama a sus poetas, y no solo Runeberg tiene su día especial. La escritora y activista finlandesa Minna Canth fue la primera mujer en recibir su propio Día de Celebración, el 19 de marzo. A Elias Lönrot, se lo celebra oficialmente el 9 de abril. El poeta y periodista finlandés Eino Leino es recordado el 6 de julio, y Aleksis Kivi –considerado el pionero de la novela y el drama, y el primer escritor importante cuya lengua materna era el finés–, el 10 de octubre, cuando también se celebra el Día de la Literatura Finlandesa.

Los que la conocen dicen que el finés es una de las lenguas más dulces y más musicales. Aunque contamos con muchas traducciones, nada como escuchar el sonido de los distintos idiomas, más allá del significado de las palabras. Como decía Jorge Luis Borges: “El lenguaje es una creación estética. Creo que no hay ninguna duda de ello, y una prueba es que cuando estudiamos un idioma, cuando estamos obligados a ver las palabras de cerca, las sentimos hermosas o no. Al estudiar un idioma, uno ve las palabras con lupa, piensa esta palabra es fea, esta es linda, esta es pesada. Ello no ocurre con la lengua materna, donde las palabras no nos parecen aisladas del discurso”. Nos queda la tarea de investigar un poco más de una literatura no tan conocida, pero que promete.