Ushuaia: un viaje al principio de todo

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Todos somos viajeros, ya sea que recorramos grandes distancias o que solo demos una vuelta a la manzana. «La idea del “estado de reposo”, la inmovilidad, solamente tiene sentido en un mundo que permanece inmóvil o al que puede atribuirse ese estado; en un lugar con muros sólidos, caminos rígidos y carteles lo suficientemente firmes para oxidarse. Uno no puede “quedarse quieto” en la arena movediza. Tampoco puede hacerlo en nuestro mundo moderno tardío o posmoderno, cuyos puntos de referencia están montados sobre ruedas y tienen la irritante costumbre de desaparecer sin darnos tiempo de leer las instrucciones, digerirlas y aplicarlas», dice Zygmunt Baumann cuando habla sobre turistas y viajeros. La cita me da pie para hablar de Ushuaia, a tres horas de avión de Buenos Aires, un lugar que merece hacer una pausa y escribir sobre él.

A los pies del Monte Olivia –o simplemente el Olivia–, rodeadas por la cordillera de los Andes, están la ciudad de Ushuaia y su bahía, con sus azules eternos, el agua calma, las imágenes que se regalan como postales para los que llegan por primera vez o para aquellos que la visitamos seguido. El fin del mundo enamora, tienta, nos invita a una experiencia que no se parece a otras.

Ushu 1Las agencias de turismo, la información en internet, los amigos o las amigas que ya fueron, los mismos habitantes nos dan la lista de los imperdibles: la cárcel, el glaciar el Martial, el Parque Nacional, el paseo por el Canal de Beagle, el circuito de las lagunas… Hay que ir preparado para caminar por horas, para sentir el viento en la cara, para escuchar mucho. Sí, hay que prestar atención a lo que nos dicen los guías o los que viven en Ushuaia hace un tiempo. Entonces uno aprende que los árboles de los bosques presentan las llamadas “barbas de viejo”, un liquen que demuestra la pureza del aire porque, justamente, no resiste la contaminación; uno se entera de la plaga que representan los castores que talan los árboles y alteran el curso de los ríos; uno se acostumbra a escuchar el canto de la gran variedad de pájaros o el sonido del agua que corre por la montaña.

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Marc Augé habla de los “lugares antropológicos”, identificatorios, relacionales e históricos –lo opuesto a lo que él llama “no lugares”–. También, para él, se relacionan con lo geométrico como intersección de líneas: «Concretamente, en la geografía que nos es cotidianamente más familiar, se podría hablar, por una parte, de itinerarios, de ejes o de caminos que conducen de un lugar a otro y han sido trazados por los hombres; por otra parte, de encrucijadas y de lugares donde los hombres se cruzan, se encuentran y se reúnen, que fueron diseñados a veces con enormes proporciones para satisfacer, especialmente en los mercados, las necesidades del intercambio económico y, por fin, centros más o menos monumentales, sean religiosos o políticos, construidos por ciertos hombres y que definen a su vez un espacio y fronteras más allá de las cuales otros hombres se definen como otros con respecto a otros centros y otros espacios». En este sentido, Ushuaia creció a partir de la Cárcel del Fin del Mundo, cuya construcción comenzó en 1902; un lugar famoso por las extremas condiciones que debían soportar los presos, pero también por quienes fueron allí confinados: el Petiso Orejudo, Simón Radowitzky, Ricardo Rojas…; junto con asesinos comprobados, convivían presos políticos o detenidos por delitos menores. Más allá de la historia de la cárcel –cerrada definitivamente por Juan Domingo Perón–, esta se constituyó en un espacio antropológico importante para la ciudad, ya que los presos, con su trabajo, contribuían de maneras diferentes para el crecimiento de la ciudad.

Ushu 4Otros lugares antropológicos son los bosques, territorio de las antiguas tribus que habitaron Tierra del Fuego y que perduran en las leyendas y en el recuerdo de los que reivindican a esos antiguos pobladores que fueron perdiendo lo que les pertenecía. Una de esas historias, quizá la más popular y conocida, es la del calafate, leyenda tehuelche que atribuye a este fruto una propiedad mágica: el que lo prueba volverá siempre a Ushuaia.

ushu 5Si leemos a Joseph Campbell con su análisis del camino del héroe, podemos reconocer que todos somos “héroes” que realizamos diferentes viajes en los que, como esos míticos personajes, aprendemos más o menos, y con suerte volvemos con el “elixir” que compartiremos con los nos rodean. También podemos tomar el concepto de “cronotopo” de Mijail Bajtin, en especial el del encuentro y el del camino. ¿Quién de nosotros no encontró algo en el camino recorrido? Si los cronotopos concentran espacio y tiempo, esos diferentes caminos adquieren trascendencia y se transforman en lugares donde se juega nuestro destino.

Viajar a Ushuaia es emprender un viaje que no es solo trasladarse espacialmente, sino recorrer una distancia que nos lleva a nuestro propio interior. No hay manera de que no queramos regresar y repetir la paradoja de estar en el fin del mundo y vivir el principio de todo.