Crítica de “Indeleble”, de Paula Tomassoni

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Los personajes de Paula Tomassoni son el resultado de eso que no pueden borrar o quitar de sus vidas, de lo indeleble que los condiciona. Por esta razón, el texto trabaja con dos temporalidades: un pasado reciente y el presente, la crisis del 2001, de modo que cada hecho se transforma en una pieza de un ajedrez en el que un solo movimiento rompe el equilibrio y genera consecuencias.

Siguiendo con la ubicación en una época determinada, la novela muestra una profunda investigación de la autora en dos sentidos. Primero, en cuanto al escenario espacial, los protagonistas transitan por calles y barrios de una Buenos Aires bien reconocible. Segundo, hay una certera y detallada descripción de lo social en varios aspectos que nos permiten una caracterización de la clase media: las vacaciones en el mar, el acceso a la casa propia, la capacidad de ahorro. Tercero, todo lo anterior se inserta en el devenir histórico en el que confluyen la timba financiera, los saqueos, el corralito y los cacerolazos.

Maine, la protagonista, ve cómo su vida cambia radicalmente cuando Ricardo, su marido, se suicida, aparentemente por no poder hacer frente a la hipoteca de la casa. De pronto, ella queda sola, aunque encontrará ayuda en algunos familiares y amigos. Digo “aparentemente” porque a pesar de narrar una historia sencilla, parecida a otras que la mayoría vivimos o escuchamos, la autora no deja de manejar una cuota de suspenso que atrapa a los lectores y a las lectoras que no podemos dejar el libro. Esto también se relaciona con la estructura de la novela: capítulos cortos que alternan el pasado y el presente, la primera con la tercera persona, y que van trazando puentes entre uno y otro.

Volviendo al contexto en el que se desarrollan los hechos, Paula Tomassoni también realiza una excelente delimitación de los estereotipos masculino y femenino. Maine es ama de casa, su ámbito es el hogar y las tareas domésticas, no se ocupa del dinero –pero sí de Ricardo– y acata sus decisiones. Él, por su parte, es el que trabaja afuera, el que “entiende” más de la realidad, el que decide todo: lo que se compra, las salidas, el momento para tener sexo. En esta “complementareidad”, también aflora el tema de la maternidad que es prioritario para Maine, no así para su marido. Lo abierto y lo cerrado, lo exterior y lo interior, lo activo y lo pasivo, lo débil y lo fuerte son las dicotomías que aparecen a lo largo del texto en función de estos roles producto del patriarcado.

El personaje de Maine merece un párrafo aparte en tanto pasa de ser una mujer que vive bajo el ala protectora de su esposo a ser otra que aprende a defenderse, que sale adelante. Así cobra sentido el epígrafe de Silvina Ocampo que habla de la imagen que nos devuelve una fotografía o un espejo: la protagonista necesita mirarse de otra manera, redescubrirse como mujer porque nunca volverá a ser la de antes. Está muy logrado el tratamiento que hace la autora del dolor de la mujer frente a la muerte, de cómo lo asume paulatinamente y de los mecanismos que adopta para conjurarlo. La repetición de las rutinas, como el simple gesto de colocar su cepillo de dientes junto al de Ricardo, no son más que sus maneras de sobrellevar el dolor, de procesar el “mientras tanto”, hasta que lo peor pase.

Paula Tomassoni es escritora y profesora, y coordina el ciclo de lecturas Hasta que choque China con África. Con Indeleble reafirma que es una excelente narradora, una contadora de historias en las que nada es accesorio y en las que, como en la vida misma, el dolor se sobrelleva como se puede, muchas veces también con un poco humor.

Indeleble, Paula Tomassoni, Estructura Mental a las Estrellas, 2018, 220 págs.