Los cambios culturales en Bahía: de Vinicius de Moraes a la influencia norteamericana

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No importaba tanto si era cierto como lo que nos permitía pensar: la vida de Vinicius de Moraes estuvo tan llena de magia como el último acto final de su muerte. Para ser honestos, lo ignorábamos todo, excepto una cosa que, alrededor de los veinte años, sólo podía seguir alimentando la imaginación y el mito: Vinicius de Moraes había dejado una fiesta paga cuando murió.

Como dije, éramos muy jóvenes; constatar información estaba muy lejos de nuestras necesidades vitales de cada día. Habíamos empezado a estudiar Letras con diferentes propósitos: ordenar las lecturas con la fuerte convicción de convertirnos en escritores; o en el caso de un amigo, recibirse lo antes posible para comenzar una carrera académica en la Universidad de Salvador de Bahía. Fue así como conocí a Dan, que había llegado a la Argentina con su compañera bahiana de entonces para terminar sus estudios de grado. Dan tenía entonces unos años más que nosotros, rondaría los 25, había vivido en Salvador de Bahía como puede vivir un joven que se enamora perdidamente de una ciudad y al cabo de unas vacaciones de 15 días con amigos decide quedarse a vivir en situaciones que solamente a esa edad suena verosímil: durmiendo en carpa, bañándose en las duchas públicas de la playa, comiendo de prestado y vendiendo anteojos en la  playa que su madre le mandaba por encomienda.

Hablar de Dan hoy, a mi 40 años, no es sólo recordar una etapa maravillosa de mi juventud, viviendo en un pequeño departamento en el barrio de Once, casi sin dinero y estudiando en la Biblioteca del Congreso de la Nación para amortiguar mi falta de recursos en libros y fotocopias. Dan llegó a la Argentina enamorado de Bahía y casi no podía hablar de otra cosa. Antes de ir a estudiar, los esperábamos en mi casa y él venía con casettes de Tom Jobim, Vinícius de Morais, João Gilberto, Chico Buarque, Dorival Caymmi, Elizeth Cardoso, Elis Regina, Baden Powell, Toquinho, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Maria Bethânia, Gal Costa, Rita Lee y tantos otros más de la Bossa nova, Tropicalia y MPB (Musica Popular Brasileira). Los relatos de las múltiples experiencias que había vivido Dan se mezclaban en una misma tarde con horas enteras escuchando música. Nos traducía cada verso, cada juego poético de Chico Buarque, por ejemplo, y sobre todo las letras, la poesía, mejor dicho, de Vinicius de Moraes. Dan era un joven que había conocido un mundo distinto, y su frase recurrente era “no tengo manera de que comparemos nada con acá, es todo tan distinto…”.

Cuando Dan se recibió, unos días antes de irse a vivir a Brotas (un barrio cercano a una playa famosa que se llama Río vermelho) me pidió que fuera a su casa en Valentín Alsina y me regaló su equipo de música y todos sus discos de vinilo. Pasé años enteros escuchando esos discos, estudié portugués y, naturalmente, soñé con seguir el mismo camino de Dan; pero me había casado, había tenido hijos y ya comenzaba de dejarme convencer de que mi destino era ser escritor y periodista cultural. Tardé muchos años en poder viajar a Bahía, y por supuesto, yo también me enamoré. Ahora sé por qué: lo veía todo desde los ojos de Dan; y lo más hermoso de todo es que no me había mentido en nada. Salvador de Bahía es un lugar mágico. Explicar los motivos llevaría páginas enteras; mejor leer el libro de Jorge Amado. Sólo una cosa me decepcionó, aunque no me animé a decírselo a Dan: los jóvenes ya no escuchan a Vinicius, ni a Chico, ni a Betania. Antes de que se pusieran de moda los parlantitos individuales (donde a menos de un metro de distancia, en la playa, cada uno obliga al otro a escuchar su música), en las barracas solían, y aún suelen, poner al palo música que pareciera no tener ninguna relación con lo más rico e intrínseco de la cultura bahiana.

Basualdo 1

Estaba decepcionado. Y no podía entender el motivo. En fin, lo primero que hicimos cuando llegué a Bahía fue ir a Itapua. Allí está la Casa de Vina, construida frente al mar, la última casa -creo- de Vinicius de Moraes, donde vivió con su compañera Gessy Gesse. La historia de amor entre ellos es muy conocida. Lo importante es que Casa di Vina, hoy convertida en un restaurante de primera línea junto al hotel Mar Brasil, conserva  para los amantes de Vinicius de Moraes, a modo de museo, una hermosa cantidad de fotografías testimoniales y objetos personales del poeta, entre ellas su guitarra, su máquina de escribir, y un montón de otros objetos que vuelven a demostrar una vez más que siempre queda algo donde una vez hubo un hombre. Naturalmente, en este caso es deliberado. La presencia de Vinicius se siente en todo el cuerpo. Y no solamente se come como en ningún otro restaurante de Bahía, sino que además la hospitalidad de su dueña, Renata Proserpio, está en armonía con lo más esencial del espíritu bahiano. Si esta fuera una nota turística, podríamos dedicarle páginas enteras al restaurante (cuya fachada se mantiene intacta tal como la pensó Vinicius) y por supuesto al Hotel Mar Brasil; caer en el lugar común de la recomendación es muy simple. Sólo puedo agregar una cosa: si vas a Bahía, cená en el restaurante Casa di Vina y después alojate en su hotel. Basualdo 2

Pero antes de volver al tema central de esta nota, necesito ser agradecido porque fue a partir de ir a la casa de Vinicius de Moraes que necesité comprender un montón de cosas con respecto a los cambios culturales que yo noté en Bahía. Y para eso pedí una entrevista con Wilson Oliveira Badaró, Doutorando em História Social (UFBa/FFCH) -Mestre em História da África e dos PovoIndígenas (UFRB/CAHL); Graduado em História (UFRB/CAHL), que me recibió con la amabilidad y hospitalidad que solamente los bahianos tienen.

Ahora sí, la entrevista Wilson Oliveira Badaró.

¿Por qué hubo un cambio cultural tan fuerte en Salvador de Bahía, lo primero que se nota, por supuesto, es en la música. No noté que la juventud escuchara ya Bossa nova, o Tropicana, ¿qué piensa usted al respecto?

Los cambios culturales en Salvador se dieron por diversos factores sociales, económicos y políticos que tomaron cuerpo a partir de la década de los 80, sobre todo, a partir de la recepción radio-televisiva brasileña de una cultura audiovisual que privilegió, mayoritariamente, las producciones hollywoodiana y estadunidense. Uno de los primeros grandes éxitos notables que ejercen gran influencia en el cambio de comportamiento, hábitos y consumo cultural de Bahía fue visto en la música y la danza, especialmente durante el ascenso de Michael Jackson. En ese momento el álbum Thriller comparte espacio con el “Rey de Fricote” Luiz Caldas que puso en primer plano el hit “Pelo duro Nega.” A pesar de las diferentes propuestas de ritmo, el swing, las batidas, las letras y los géneros musicales entre esos fenómenos coetáneos (guardadas las debidas proporciones de sus impactos y sus respectivas escalas), para el bahiano, ambos traían novedades interesantes en el sentido de la danza y del ritmo. Innovaban en sus formas y presentaciones.

En este momento, la Bossa nova y el movimiento tropicália, debido a los íconos que los representaban como Tom Jobim, Vinícius de Morais, João Gilberto, Chico Buarque, Dorival Caymmi, Elizeth Cardoso, Elis Regina, Baden Powell, Toquinho (todos de la bossa nueva); y en cierta medida, Carmen Miranda (Tropicália) estaban siendo leídos e interpretados por la población de las capas menos favorecidas como artistas que componían una élite musical unísona, homogénea, y que eran encuadrados en un bloque más amplio de la musicalidad nacional: la MPB (Musica Popular Brasileña).

A pesar del nombre, las capas más pobres de la sociedad percibían que de popular nada tenían las composiciones de esos autores que eran consumidos, en mayor número, por personas de la clase media y media alta, universitarios y personas que deseaban presentarse como más cultas o con “mejor gusto musical”. En ese sentido, tales géneros fueron más relacionados con la necesidad de una politización más profunda por parte de su público consumidor, incluso porque esos dos movimientos se comprometieron en el combate y resistencia a los movimientos políticos de la era de la dictadura militar instalada en Brasil a partir del año de 1964.

Esta relación de la producción artística de estos dos movimientos con un activismo político por parte de buena parte de sus integrantes forzó a las capas más humildes y, consecuentemente, menos escolarizada a buscar el apoyo de referencias musicales menos exigentes desde el punto de vista del movimiento como un todo. En ese espacio dejado por la Bossa nova y por la Tropicália, una revolución musical traída por Luiz Caldas pasa a ofrecer un género menos estigmatizado por los embates políticos: el “Fricote” (mezcla de ritmos africanos con inspiración del candomblé, ritmos caribeños). Este género se toma como elemento de base para el surgimiento de algo más amplio que se llamó Música Axe (termino africano: axé = energía,  fuerza); Music (término inglés con influencia ¿estadounidense?). Otros artistas no perdieron tiempo en apostar en el mismo género de Caldas y se embarcan en la ola como Sara Jane, Ricardo Chaves, Olodum, Banda Beso, Olor de Amor y Chiclete con Banana.

Sin embargo, mientras que la inmensa mayoría de la población consume estas nuevas propuestas (nacional, regional e internacional, los viejos clásicos de la Bossa nova y Tropicália eran todavía una constante en los diversos sectores de la sociedad, pero no hegemónicos.

“Seguir nuevas tendencias” -jerga del campo de la moda-, “estar de moda” -término que pasó a ser muy utilizado en las novelas de la Rede Globo de televisión- implicaban escuchar (y bailar) a Michael Jackson, Madonna; después, hubo grupos musicales nacionales como Domino, que imitaba el Menudo de Puerto Rico, y la influencia de bandas como New Kidsonthe Block y Back Street Boys ha llegado a ser dominante en las ideas de la juventud; estar de moda, seguir tendencias, era imprescindible.

En este punto, era común ver a los colegas de la Enseñanza Gimnasia y Científica (actual Enseñanza Media) escuchar música de los movimientos Tropicália y Bossa Nova como forma de diferenciarse, pero a largo plazo, sobre todo a partir del 2000.

El hip-hop, el funk, el pagode bahiano, la Axe Music,  es decir la nueva música del país, y muchos géneros musicales se han visto muy influenciados por la musicalidad de América y la gran inundación de clips, empezando por el de la película Thriller de Michael Jackson; así cambiaron los conceptos de performance y presentación de las propuestas musicales en Brasil, sobre todo en Bahía. Un buen ejemplo de ello es el grupo Gera Samba que luego se convertirá en É el Tchan que apostaba en sus clips a los pasos ensayados y coreografiados de sus dos bailarinas y un bailarín para conquistar Brasil; y así lo hizo. El consumismo modesto de producciones formateadas “a la American Way” pasó a ganar espacio, algunas realizadas en estudios, vendidas meramente por su calidad de audio. Los tiempos ahora exigían la imagen también. Se oyó (y aún se oye mucho) la frase “imagen es todo” en todos los programas, novelas, comerciales de TV y radio, y empezamos a dejar que la imagen fuera más influyente que la audición. Así, producciones musicales antiguas y “poco atractivas” desde el punto de vista visual -al menos para los más jóvenes- fueron desterradas, olvidadas frente al gusto cotidiano y habitual de esos jóvenes.

Actualmente, proponer a un joven, sobre todo, de las clases menos favorecidas y media que escuche los clásicos de la Bossa nova, de la Tropicália o incluso de la MPB es lo mismo que pedirles que oigan los cuentos de Canterbury del siglo XIV. En un momento dado, hace tres años, dando clases de inglés en una escuela del Recôncavobaiano, recuerdo haber llevado una canción de Bruno Mars, “I want you back”, lanzada en 2010, pero muy exitosa en Brasil en 2011, para tocar y motivar a mis alumnos para la pronunciación. Era una canción con apenas cinco años de lanzamiento y recuerdo bien la respuesta de varios en relación con la música: “Profesor, me gusta esa canción, ¿pero no tendría una más nueva?”.

El significado de todo esto es uno solo: consumismo, modismo y, probablemente, cortoplacismo debido a un proyecto político “progresista” de mantenimiento de la pésima calidad de la enseñanza pública brasileña. Esas son las fuerzas motrices de ese fenómeno que niega la historicidad y la validez de las producciones musicales anteriores y que alaba sólo al nuevo o al internacional “americano” (norteamericano). No se tiene nada, no se hace nada, no se compra nada, no se piensa nada, no se dice nada actualmente, entre la mayor parte de los jóvenes brasileños, si no es para estar a la moda. Si es cosa de “véio” (término popular para designar peyorativamente cosas viejas o a una persona de edad avanzada), para los jóvenes, no cuenta.

Particularmente, Sebastián, hace tiempo que la derecha conservadora viene tratando de desarticular la enseñanza pública en Brasil. Las universidades y escuelas públicas todavía son focos de resistencia en nuestro país, pero lentamente estamos perdiendo la guerra. En São Paulo, Río de Janeiro, Bahía y diversos otros estados brasileños están cerrando instituciones de enseñanza pública. Los hospitales públicos, ídem. La seguridad pública está en el estado en que se encuentra, y nuestro “querido” presidente Jair Mesias Bolsonaro, más que inmediatamente, sin ningún disfraz, demuestra por qué todos los servicios públicos son descuidados: su primer decreto fue la facilitación al ciudadano común “y de bien” para adquirir un arma de fuego (en realidad, hasta cuatro), pues la seguridad pública brasileña no es buena. Son proyectos. Una mala educación favorece la adquisición incuestionada de cultura extranjera desvalorizando la propia y rindiendo al mercado extranjero ganancias exorbitantes que abren las puertas a la corrupción en medio de las empresas representantes de esos intereses internacionales. En fin…, la música es sólo otra víctima de un proceso largo y que se arrastra hasta donde estamos ahora. Todo ello disfrazado de innovación, evolución propiciada por la “globalización”.

¿Qué ha significado la política de Lula para usted y cómo lo podría pensar en términos generales frente a la realidad política de hoy?

La política de Lula da Silva trajo renovaciones en diversos sectores de los servicios públicos y de la asistencia social en Brasil. Una de ellas, que me tocó directamente, fue el desarrollo del REUNI (Programa del Gobierno Federal de Apoyo a Planes de Reestructuración y Expansión de las Universidades Federales Brasileñas). En Bahía, hasta el año 2006, sólo había una universidad federal: la UFBA (Universidad Federal de Bahía), como en los estados del sudeste, sobre todo, Minas Gerais (curiosamente uno de los estados que más eligió presidentes nacidos en sus tierras).

Sin embargo, para hablar de ese proceso de alcanzar el nivel superior en Brasil, necesitamos antes comprender cuál es la representación y su debido contexto dentro del sistema educativo como un todo. Brasil dispone de un sistema educativo actualmente tan perverso como lo social. Las escuelas públicas de nivel fundamental y medio son, en general, extremadamente precarias. Sólo unos pocos ejemplares de “escuelas modelo” y los Institutos federales superaron esta triste regla. Por otro lado, las escuelas privadas son, en general, más bien aparte, equipadas y acompañadas por un cuerpo pedagógico y docentes que cobran rigurosamente.

Paradójicamente, la enseñanza superior en Brasil cuenta con  las mejores instituciones en todos los estados brasileños y, por lo tanto, son las universidades más disputadas y concurridas en nuestro país. Ante ese cuadro, los resultados de esa discrepancia entre enseñanza pública y enseñanza privada en los niveles fundamental y medio en Brasil solamente podrían producir un resultado. Las personas con menores ingresos y menor acceso a salarios, sobre todo aquellas capas que ya han sido perjudicadas históricamente, reciben las molestias y las consecuencias traumáticas visibles en sus posesiones (casi nulas). Estas capas -negros e indígenas- no disponen de otra alternativa que utilizar el servicio público de educación para los herederos de sus sufridas historias. Es decir, si usted es pobre en Brasil, la posibilidad de que salga de ese ciclo vicioso es casi nula. Usted estudia en una escuela que no logra, por cuestiones estructurales y presupuestarias, dar una enseñanza compatible con lo que es cobrado en el Examen Nacional de Enseñanza Media -ENEM-, y ese alumno mal preparado enfrenta una competencia contra los alumnos de las escuelas particulares, con mejores índices de rendimiento. Ellos, a su vez, no rinden más sólo por causa de la escuela / institución de enseñanza a la que están subordinados, sino también debido a las condiciones materiales más favorables que los rodean como barrio mejor, más tranquilo, más seguro; residencia más acogedora; mejores materiales de enseñanza; empleadas domésticas que auxilian en el hogar; acceso a equipamiento adecuado para los estudios; apoyos externos a la propia escuela como cursos pre-vestibulares y el pre-ENEM; mejor alimentación diaria; no tienen estos alumnos la necesidad de ayudar a los padres a complementar los ingresos de sus hogares.  Por lo tanto, el contexto enmarca, como a mí: Wilson Oliveira Badaró, estudiante de doctorado en el curso de Historia Social de la Universidad Federal de Bahía, que surge de clases subalternas de Brasil, hijo de un padre negro y una madre mestiza, ambos comerciantes informales (vendedores ambulantes), residente de la favela Baixa Fria de Cidade Nova y del Bairro do Morumbi, en la ciudad interior de  Cachoeira. Es de ese estrato social que vengo.

Mi sueño era alcanzar una universidad de calidad, pero en la plenitud de mis 28/29 años, ya había desistido por el hecho de que el sistema de selección anterior, vestibular, era muy elitista y favorecía muy  poco a trabajadores y padres de familias como yo. El programa REUNI, del gobierno Lula, propuso una acción inédita e inaudita para la expansión de la enseñanza superior en Brasil: llevar a las ciudades provincianas e interiores universidades públicas, de calidad, ampliando no sólo el cuadro de plazas y cátedras universitarias, sino sobre todo, dándole oportunidades a aquellos que vivían más lejos de la capital para que tuvieran acceso a una buena enseñanza pública superior. El REUNI, en Bahía, se hizo cargo de fundar otras tres universidades federales donde antes sólo había la UFBA: Universidade Federal do Recôncavo da Bahia – UFRB (2006); UFSB (2011) – Universidade Federal do Sul da Bahia e UFOB (2013) – Universidade Federal do Oeste da Bahia.

En el marco de esta expansión de universidades hacia el interior de Brasil (pues las universidades, en su mayoría, eran localizadas siempre en las capitales de cada estado), el gobierno Lula también implantó el ENEM, una nueva forma de evaluar y aprobar alumnos de Brasil para todo Brasil [1] con una gran diferencia en relación con los vestibulares institucionales de cada universidad anterior al propio proyecto REUNI. En principio, sólo las universidades federales hechas por el REUNI se adhirieron al ENEM como forma de ingreso en sus instituciones, acompañadas apenas por algunas otras. La mayor parte de las otras instituciones, desconfiadas en la viabilidad del proyecto, resolvieron mantener sus vestibulares y evaluar ellos mismos a sus postulantes. Es en ese marco es donde tengo mi primera oportunidad para más de cincuenta institutos de enseñanza superior en Brasil, y cambió completamente mi vida. La iniciativa del presidente Lula me permitió un grado, una maestría y, actualmente, el doctorado. Sin su sensibilidad y su agudeza política en materia educativa nacional, yo todavía sería sólo un guía de turismo en Salvador.

El cuadro actual de la política de extrema derecha, implantada legítimamente a través del voto popular, representado por su mayor exponente, Jair Mesias Bolsonaro, representa un retroceso de grandes dimensiones de todas esas conquistas sociales alcanzadas y garantizadas durante el gobierno de Lula. Su agenda involucra una amplia privatización como forma de reducir el gasto económico del aparato del Estado y maximizar los ingresos; así lo piensan. Sin embargo, su mayor fragilidad está en la falta de comprensión sobre los “privilegios”, pequeños beneficios sociales a las capas más empobrecidas de nuestra población.

Los jueces, los militares y el propio cuerpo político nacional, reuniendo los tres poderes fundamentales para la formulación del equilibrio de las fuerzas gestacionales del país, son los que más gastos provocan en las arcas públicas. Estas tres clases, en Brasil, disponen de salarios exorbitantes, gratificaciones abusivas, ventajas absurdas, para no mencionar los privilegios en los sectores de seguridad social y lo vitalicio de sus salarios para sus próximas generaciones de familiares. Este actual gobierno no representa ninguna conquista significativa para el pueblo que más lo necesita. Algunos creen que la facilitación para la portación de armas es una de ellas, pero estoy seguro, que en un tiempo comprenderán que no.

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[1] Las pruebas vestibulares fueron aplicadas por las instituciones y los estudiantes de manera personalizada, aprobadas sólo por su propia institución. Tales vestibulares  no eran válidas para Brasil; ENEM cambió este formato.