Ignacio Serricchio: “Nos encontramos en un lugar de privilegios y debemos deconstruirlo”

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El actor Ignacio Serricchio, quien se destacó recientemente por su rol protagónico en la serie producida por Telemundo El recluso (adaptación estadounidense de El marginal) y su interpretación en el film dirigido por Clint Eastwood, The Mule; se encuentra en la actualidad en Vancouver, Canadá, rodando la segunda temporada de la serie distribuida por Netflix, Lost in Space, donde da vida a Don West. Desde allí, luego de una jornada de rodaje, conversamos con él sobre su profesión, la industria cinematográfica, el feminismo y su compromiso social en relación a quienes sufren una enfermedad muchas veces invisibilizada: la depresión.

Si bien la actuación es su vocación por excelencia, sus intereses personales van más allá de la interpretación en la pequeña y gran pantalla. En otras palabras, en vista de los acontecimientos sociales y políticos, el actor remarca la importancia de la reflexión y la deconstrucción, conceptos que atraviesan su pensamiento y posicionamiento.

Camila Stehling: ¿Cómo fueron tus primeros acercamientos a las artes audiovisuales?

Ignacio Serricchio: Desde chico me interesaron las películas. Si bien en ese momento no tenía idea de lo que pasaba dentro de ese cubo que era la televisión, me llamaba mucho la atención. De hecho, juntaba a mis amigos y a mis vecinos para disfrazarnos y hacer obras de teatro, pero no era consciente de que la actuación podía ser una profesión.

CS: ¿Qué te inspiró?

IS: Durante mi adolescencia en México siempre intentaba entretener a todos. Me acuerdo que todo el mundo me veía como el chico que no iba a llegar a nada, porque creo que a nadie se le ocurrió que podía utilizar esa facilidad de interpretar diferentes personajes y voces para estudiar actuación. Me veían como un despistado.

Por eso sentí que tenía que hacer algo para que las personas que tenía a alrededor mío se quedaran tranquilas. Seguí los pasos de mi mejor amigo, que estudiaba ingeniería industrial; apliqué para esa carrera en la Universidad de Monterrey y cuando llegó el primer día estaba en la puerta de la institución con él y le dije “esto no es para mí”. En ese momento se dio que nos mudamos a Nueva York y ahí me di cuenta que tenía la oportunidad de arriesgarme y, gracias a mis padres que me transmitieron que haga lo que me hace feliz, terminé estudiando teatro.

CS: Es llamativo cómo se cataloga de una manera negativa todo lo que sale de lo que está normalizado por determinadas sociedades, en este caso, en relación al sistema educativo y cómo deberían accionar ante éste los alumnos.

IS: Sí, obviamente de chico me preocupaba, cada uno tiene diferentes métodos de aprendizaje, lo cual no significa que esté en desacuerdo con la educación. Creo que es importante aprender disciplina, entre otras cosas, porque en la vida no todo va a ser como uno quiera. Pero sí pienso que es necesario que se esté abierto a implementar diferentes maneras de aprendizaje, sin la presión social de tener que cumplir con ciertas cosas, como ir directo de la escuela secundaria a la universidad, cada uno tiene su propio tiempo e intereses.

CS: Si se trata de método: ¿cómo te preparas para los papeles que vas a interpretar?

IS: Primero leo la historia, dónde encaja mi papel y qué opinan los otros personajes del mío. Es decir, la mayoría de la información la conseguís en base a lo que dicen los demás sobre éste, incluso en la vida muchas veces nos enteramos aspectos de nosotros mismo gracias a la gente.

Aprendes más de los demás que de lo que creemos que le estamos proyectando al mundo. Por ejemplo, hace varios años mi hermana me habló sobre la importancia de escuchar, más que nada porque a mí me gusta hablar, contar historia, entretener. Me comentó que de esta manera, dando lugar al otro, iba a aprender más.

CS: ¿Cuál es tu criterio a la hora de seleccionar un papel?

IS: Tomo en cuenta la historia, los mensajes que están tratando de compartir y también pienso en el ambiente del set, si me divierte a mí y qué tan desafiante sería el personaje. En el caso de uno que es catalogado como “el malo”, me resulta interesante buscarle la humanidad a este tipo de papeles.

Sin ir más lejos, mi papel en The Mule fue un desafío, sabía que iban a haber comentarios negativos relacionados con el estereotipo del antagonista latino. Pero yo quería que la gente no se enfoque en eso, hay otros temas a resaltar en el film. Por ejemplo, las relaciones y el compromiso que se le tiene a alguien cuando te salva la vida y todo lo que este acto genera, como sería el caso de lo que hizo el personaje de Andy García al mío.

CS: Hablando de estereotipos: ¿qué opinas sobre la construcción de modelos llevada a cabo por la industria cinematográfica y las reflexiones con perspectiva de género que están surgiendo en la actualidad con respecto a este tema?

IS: Al final del día la gente elige lo que quiere consumir y eso tarde o temprano termina afectando de diferentes maneras, por eso creo que está bueno lo que está pasando ahora, da lugar a que haya más oportunidades. Por ejemplo, si bien ahora con la nominación de Yalitza Aparicio (Cleo en Roma, dirigido por Alfonso Cuarón) tenemos la primera actriz indígena nominada a los Oscar, todavía falta, debería haber más inversión en todo tipo de películas y más directoras, entre otras cosas. Aun así, de a poco estamos rompiendo barreras, obviamente va a tardar, pero en este momento lo importante es que la gente siga reflexionando sobre por qué están las cosas como están. No se trata nada más de poner en Twitter una frase inspiradora, sino de hacer el trabajo con uno mismo.

En mi caso cuando empezó el movimiento del #MeToo lo primero que hice fue hablar con mis amigas y con mi hermana, quien no solo tuvo que lidiar con obstáculos por ser mujer, sino también lesbiana. Entonces entendí que como hombre lo primero que hay que aceptar es que nos encontramos en un lugar de privilegios y debemos reflexionar sobre eso, deconstruirlo. Desde que surgió esto vengo pensando sobre mis acciones durante estos 36 años y por más de que he respetado a la mujer toda mi vida, estoy seguro de que he dicho o hecho algo que ha ofendido a alguna mujer y no me di cuenta, porque la sociedad lo ha permitido y naturalizado. Hay que romper con los estereotipos y hablar con la gente, con el círculo de amistades, para seguir deconstruyéndonos.

CS: En varias notas dijiste que uno de tus objetivos era dar apoyo y voz a quienes tienen depresión. ¿De qué manera llevas a cabo esta acción?

IS: Trato de hacerlo de todas las maneras posibles. Si bien obviamente las redes sociales cumplen una función importante, yo me siento limitado haciendo uso solamente de dicho medio. Por eso soy parte de una organización que se llama Active Minds Foundation, que ayuda principalmente a chicos que están entrando a la universidad, lo cual se relaciona con lo que estábamos hablando en un principio sobre la presión social, el introducirse en un nuevo ambiente fuera de la zona de confort. Además, lo que siento que más efectividad tiene es hablar con la gente en persona, tratar de explicar lo que es la depresión para que después se reflexione al respecto y no quede solo en leer un post publicado en las redes.

CS: Claro. Creo que algunas de las grandes problemáticas que hay son el prejuicio y la falta de conocimiento sobre el tema. Esto genera que siga constituyéndose como un tabú, invalidando a las personas, estigmatizándolas.

IS: Exacto. Creo que todo esto empieza con educar a la gente y enseñarles que la depresión es una enfermedad, pero que no es una falla. Como comentaste, se ve el estigma en la sociedad, esa creencia de que la persona no va a poder ser funcional y eso es mentira. Por eso, lo que quiero hacer justamente es hacerles saber a quienes sufren depresión, y que quizá están rodeados de familiares o amigos que no entienden y juzgan, que está bien sentir lo que sienten, no todo es color de rosa. De hecho, volviendo a los medios, en Instagram todos ponen la mejor versión de cada uno y muy pocos comparten los momentos bajos.

CS: Esto último me recuerda a una de las teorías del filósofo Byung-Chul Han, quien plantea que uno de los síntomas de nuestra época es la depresión, la cual se produce por la autoexigencia propuesta por una sociedad que busca que seamos “productivos” todo el tiempo, entre otras cosas.

IS: Creo que hoy en día hay diferentes tipos de presiones sociales que terminan afectándonos de una u otra manera. Por ejemplo, lo que acabamos de nombrar, las redes. Éstas conllevan la idea de que es necesario tener una determinada frecuencia de publicaciones o seguidores para ser visible o parte de algo. Pero todo eso está fabricado, es ficticio.