Entrevista a Guillermo Pilía: “Desde mi infancia estoy ligado a la cultura andaluza”

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Guillermo Pilía es un reconocido académico y escritor platense. Ha recibido varias distinciones, entras ellas, la de ciudadano ilustre de La Plata y la incorporación a la Academia de Buenas Letras de Granada el pasado 12 de noviembre.

Pilía publicó 14 libros de poesía y también fueron editados trabajos suyos de narrativa y de ensayo. Traducido al inglés, portugués, italiano, griego moderno y catalán, recibió numerosos premios en Argentina y en el exterior, entre ellos el “Al-Ándalus” en 2010, por su contribución a la difusión de la cultura andaluza en Argentina. Es Vicepresidente de la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid, miembro asociado de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna de Nueva Jersey y Presidente Honorario de la Unión Hispanomundial de Escritores con sede en Lima. Además de su labor como escritor y filólogo se ha destacado en otras disciplinas como la historia y la preservación de los bienes culturales. En esta entrevista, Pilía, miembro del Centro de Estudios Poéticos Alétheia, nos guía en un recorrido por su carrera, sus amores literarios y su historia como poeta e investigador.

¿Qué produjo en vos la incorporación a la Academia de Buenas Letras de Granada?

En primer lugar, una enorme emoción. Desde mi infancia estoy ligado a la cultura andaluza y especialmente a Granada, por haberme dedicado a la obra de Federico García Lorca, de manera que este nombramiento como académico en la tierra de Federico fue conmovedor. En segundo lugar, una gran responsabilidad, porque soy el único académico correspondiente en toda Latinoamérica, y tengo que llevar la voz de la Academia a todo el continente, pero también hacer conocer las voces americanas en Granada.

¿Cómo llevás a cabo la dirección de la cátedra libre de cultura andaluza en la Universidad de la Plata? ¿La cátedra fue creación tuya?

La idea de crear una cátedra de cultura andaluza en la Universidad Nacional de La Plata surgió de conversaciones con mi amigo Carlos Santos Valle. Después se fueron sumando voluntades al proyecto. Hoy la Cátedra va encaminándose a su primer decenio. La dirección la llevo como casi todas las cosas que hago: con mucho amor y trabajo y nada de dinero.

¿Cómo describirías tu trayectoria y evolución como poeta? ¿Cuáles son los temas que te obsesionan como escritor?

Yo empecé a dar a conocer mi poesía en los tiempos de la dictadura. Entonces era bastante hermético. El hermetismo era una de las formas de supervivencia. Pero toda mi vida fue, como dicen algunos de mis versos, “ansias de clara palabra, de sílaba de acentos luminosos”. Mi poesía se fue haciendo con los años más sencilla, al revés de lo que proclaman hoy algunos poetas, que dicen escribir para que no los entiendan. Yo desearía que me entiendan todos. No obstante, mis temas, mis preocupaciones, mis obsesiones, siempre fueron las mismas: la creación, Dios, el amor, el mundo de la infancia, la soledad, la celebración de la vida sencilla, los viajes, la muerte.

¿Cuál considerás que es tu libro más logrado dentro de los catorce que has publicado en poesía?

Creo que Caballo de Guernica fue un punto de inflexión en mi obra. Pero yo siento un amor especial por Ojalá el tiempo tan sólo fuera lo que se ama.

¿Qué nos podés decir de tu obra ensayística, qué temas te han interesado abordar como académico e investigador?

Mis ensayos son muy variados: desde la historia de la poesía platense, la poesía española del siglo XX y los temas de teoría literaria hasta trabajos relacionados con la inmigración andaluza y un estudio crítico sobre Vicente López y Planes, además de un par de libros sobre toponimia y trabajos lingüísticos. La investigación proporciona un placer intelectual que es distinto al de la creación literaria.

¿Cuál es tu interés particular por la obra de Federico García Lorca?

Creo que una de las cosas más interesantes al estudiar a García Lorca es que uno se encuentra frente a un artista total, alguien que era poeta, prosista, dramaturgo, músico, dibujante, declamador, aficionado al cine y a los toros. Y todo ello resumido en menos de cuarenta años de vida. Como poeta, representa la síntesis entre la tradición española, la cultura popular andaluza y las vanguardias artísticas europeas. Por eso, a la hora de elegir el tema de mi discurso de incorporación a la Academia de Buenas Letras de Granada me decidí por “Federico García Lorca en la Universidad de La Plata”, donde aparecen sus ideas sobre el teatro popular.

¿Y cuál tu interés por la cultura andaluza?

La cultura hispanoamericana es heredera en gran parte de la andaluza. Y Andalucía es una región inmensamente rica en manifestaciones culturales, porque su pueblo fue siempre profundamente mestizo. Allí se mezclaron los griegos, los fenicios, los cartagineses, los íberos, los romanos, los moros, los judíos, los gitanos. Me gustan las culturas mestizas. La pureza de sangre es un signo de pobreza.

¿Qué nos podes contar de tu labor docente en la Universidad de la Plata?

Mi labor docente en la Universidad fue breve. Mi relación pasó más por dirigir dos cátedras libres, primero la de Literatura Platense y después la de Cultura Andaluza. Pero he sido docente casi toda mi vida, he enseñado a chicos de corta edad y a estudiantes de la universidad y del profesorado en Lengua y Literatura. Ahora que me he retirado, me dedicaré posiblemente a dar charlas y cursos en forma libre.

¿Cuál es la importancia de estudiar letras clásicas y volver a los clásicos literarios en la cultura de hoy?

Las lenguas clásicas, el pensamiento y la literatura grecorromana, son la matriz de nuestra cultura. A mí las lenguas clásicas me enseñaron a razonar. Ahora las han eliminado de los planes de estudio de los profesorados, lo que significa una restricción muy grande en la formación de los profesores, que terminará trasladándose a los alumnos. Las letras clásicas, por otra parte, son necesarias para entender toda la literatura posterior. No sé cómo se puede entender a Hölderlin, a Keats, a Quasimodo, a Joyce o a nuestro Leopoldo Marechal sin haber leído la literatura clásica.

¿Qué te ha dejado tu último viaje por España?

Además de hermosos momentos de profunda amistad, conocer muchos rincones de la geografía andaluza por los que no pasan los turistas. Sin conocer hondamente la geografía y la gente es muy difícil comprender la poesía que brota de ese pueblo. Por otra parte, en Madrid pude visitar la Residencia de Estudiantes por la que pasaron García Lorca, Dalí, Buñuel, y en Granada las casas de García Lorca en Fuentevaqueros y Valderrubio.

¿Como escritor, que planes tenés para este año (publicar libros, participar de conferencias, recitales de poesía)?

Mis planes son siempre los mismos, año tras año: leer, escribir, viajar, integrar algún jurado y a la vez presentarme a algún concurso, dar charlas, si es posible editar, asistir a algunos encuentros, conversar con otros escritores…

¿Cuál es tu labor como vicepresidente de la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras?

Tengo que intervenir en algunos jurados internacionales, postular candidatos para los premios Andrés Bello y Dámaso Alonso, asistir a las entregas de premios y apoyar al presidente, el marqués de Santa Ana, en todo lo que me solicite. Es un trabajo que me permite estar en contacto con muchos colegas de España y América, y por lo tanto, es un trabajo gustoso, como diría Juan Ramón Jiménez.

¿Qué te ha generado el reconocimiento como ciudadano ilustre de la ciudad de La Plata? ¿Cuál es la relevancia del acervo cultural de dicha ciudad?

Ser ciudadano ilustre es un gran honor, pero nadie debe envanecerse por serlo. Muchas personas hicieron cosas mucho más importantes que yo y nunca se las tuvo en cuenta. La Plata es una ciudad de una rica tradición literaria y en general cultural. Aquí estuvieron García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Blasco Ibáñez, Edmundo de Amicis, Jacinto Benavente, entre tantos famosos escritores. Ser ciudadano ilustre de una ciudad con tal tradición es para estar inmensamente agradecido. Pero mi vida no cambió en absoluto. Sigo siendo el chico asombrado ante el mundo que nació en una calle de tierra y que un día, de pronto, se encontró ya grande y escribiendo poesía.