Sobre el excéntrico Baron Biza

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Una familia emblemática, ya no de Córdoba, de la Argentina, contiene todo los ingredientes de una novela negra, atroz. Es la historia de los Baron Biza: Raúl, Myriam Stefford, Clotilde Sabattini y su hijo fruto de la relación con Raúl, Jorge Baron Biza.

Raúl Baron Biza fue un escritor frustrado, tuvo mucho dinero, una posición acomodada y dos mujeres fundamentales: una aviadora que se estrelló a bordo de su pasión, la aviación, a la que le erigió un monumento, esa ala clavada en la tierra, símil obelisco que se levanta en los aledaños de Alta Gracia, provincia de Córdoba, y donde descansan los restos de Myriam Stefford, de origen suizo y con nombre artístico norteamericano. Muerta Myriam Raúl conoce a su otra mujer esencial, totalmente distinta a la primera, Clotilde Sabattini, hija de uno de los políticos cordobeses más recordados, con alto cargo durante la presidencia de Frondizi y gobernador. Mujer inteligente y de armas tomar, con la que Raúl no soportó competir. La desfiguró para siempre tirándole un vaso cargado de ácido.

Luego de ese ataque brutal y cobarde a su mujer, el multimillonario Baron Biza se suicida, se pega un tiro luego de haber estado bebiendo whisky a mansalva. A partir de este hecho, su hijo Jorge escribe una novela, “El desierto y la semilla”, hoy reseñada y aplaudida en The New York Times y en el New Yorker, pero que en aquel entonces tuvo que pagar de su bolsillo para poder publicarla.

Raúl Baron Biza fue un provocador, escribió novelas polémicas para su tiempo en las que aparecían escenas eróticas desaprobadas para su época. Fue tanto vanguardista y adelantado como impulsivo y desequilibrado. Nació en Villa María, donde su padre amasó fortuna con los cereales. Excéntrico y vanidoso, dicen que en cada habitación de su casa había un espejo. Conocido mujeriego, condición que alternaba con un fuerte rechazo hacia lo femenino, “a una mujer hermosa no se le debe socorrer nunca, ella puede venderse y nosotros comprarlas”, escribió.

Myriam

Stefford tenía un capricho caro: la aviación. Además del capricho tenía un sueño, sobrevolar catorce provincias argentinas. El 18 de agosto de 1931 inició la travesía arriba de su avión biplaza, apodado “El Chingolo”. Estaba acompañada por su amigo e instructor, Luis Fucks. Ambos no le temían a la aventura ni a la muerte. Tuvieron un primer accidente cuando una de las alas de “El Chingolo” se rompió. Baron Biza mueve sus contactos y le consigue otro avión idéntico para que Myriam continúe su sueño. Este segundo avión es el que se cae en la provincia de San Juan y se incendia. Mueren Stefford y Fucks, calcinados. Ella tenía 27 años.

Luego del accidente, Baron Biza dijo haber recibido una llamada anónima en la que le decían “Ojala tengas que ir a buscar a tu mujer y la traigas en un cajón con todos los huesos rotos”, le habrían dicho un día antes del accidente. Ante esto, otra versión dice que Raúl descubrió que Myriam tenía amoríos con Fucks y que hubo algo de intencional en el mal llamado accidente. Esto nunca se comprobó.

La muerte de Stefford es el quiebre en la vida de Raúl. Deja de ser el bon vivant, el escritor romántico y se convierte en una persona violenta, caprichosa e irascible.

Monolito imponente

En memoria de su mujer fallecida Baron Biza manda a construir un monolito imponente en la estancia Los Cerrillos. Algunos aseguran que se trata de un monumento al amor, otros que su magnitud es proporcional a la culpa y responsabilidad del acaudalado estanciero.

El mausoleo simula el ala de un avión y mide 82 metros, superando al Obelisco. Luego del entierro, la puerta de acceso fue sellada y Baron Biza jamás regresó allí.

Otra leyenda cuenta que el propio Baron Biza habría enterrado las joyas de su exmujer a seis metros de profundidad del monolito y que estas se encuentran protegidas por explosivos que se detonarían si alguien osa violar los tesoros escondidos. Nadie sabe si es mito o realidad. “Maldito sea el violador de esta tumba”, escribió Baron Biza en el monumento, y durante años le pagó a un cuidador para que velara por la seguridad del monolito.

La política

Corre el año 1931 y Raúl viaja a España para olvidar el inmenso dolor que la muerte de la bellísima Stefford le causó. Un año después vuelve a Argentina, transformado. Se volcó a una militancia política sin freno, haciéndole frente al poder dictatorial de la época, léase, José Félix Uriburu.

En esos viajes por el globo, se fascinó por la Rusia revolucionaria. Es por ello que en el 32´ se alistó a las filas del Radicalismo que tenía como objetivo derrocar al presidente Agustín P. Justo, sucesor de Uriburu. Este gobierno persistió y persiguió a Baron Biza que fue finalmente apresado años después en su exilio uruguayo a causa de participar en una convocatoria de huelga contra los gobiernos argentino, uruguayo y brasileño. Los diarios de la época definían a Raúl como el “capitalista del movimiento revolucionario”. Así fue como de casualidad conoce a Amadeo Sabattini, futuro gobernador de Córdoba, en Montevideo.

Baron Biza llegó a decir que su despertar revolucionario fue influido por la presencia de Amadeo Sabattini. Se podría decir que ambos fueron innovadores para su época. Sabattini juró como gobernador “solo por la Patria y el honor”, en una provincia profundamente católica como la Córdoba de principios de siglo. Provocador, pero no tanto como Raúl.

Excéntrico como pocos, en su vida hay anécdotas para hacer una enciclopedia. Por ejemplo, como consecuencia de la muerte de Yrigoyen y de su fuerte sentimiento radical, Baron Biza contrató un tren para los cordobeses que quisieran viajar a Buenos Aires para despedir al viejo caudillo del partido, hoy, centenario. Nadie imaginó que en el encuentro de Baron Biza y Sabattini se jugaría el futuro de la hija de este último.