La literatura fantástica: la atracción por lo inexplicable

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Desde los temores ancestrales e instintivos que experimentaban nuestros antepasados ante lo desconocido hasta nuestros miedos más comunes, el hombre siempre vivió en contacto con alguna realidad inquietante.

Lindante con lo maravilloso y con lo extraño, heredero del gótico romántico, sinónimo para muchos del terror más sangriento, el género fantástico siempre está vigente. Vampiros, monstruos, fantasmas, casas abandonadas, ruidos en los sótanos, muñecos siniestros, demonios, objetos que se mueven solos reviven en narraciones en las que por un momento sentimos que también a nosotros puede pasarnos lo que al protagonista.

Sigmund Freud, desde el psicoanálisis, escribe un ensayo sobre lo siniestro (1919) y lo asocia con lo íntimo, con lo familiar, pero también con lo secreto. Siguiendo esta línea, la literatura se valió de lo cotidiano para generar inquietud. Sentimos terror solo si los hechos ocurren en un lugar reconocible, pero que deja de serlo cuando irrumpe algo oculto, que se mantendrá así mientras dure la historia que leemos.

Uno de los teorizadores clásicos sobre el género es Tzvetan Todorov (1970), quien afirma que “la vacilación en el lector es la primera condición de lo fantástico”. Esa vacilación es la misma que tiene el personaje y se produce por la existencia de un acontecimiento extraño, que no puede ser interpretado en términos poéticos ni alegóricos.

Para Rosemary Jackson (1981), que también reflexionó sobre el género: «Lo fantástico, entonces, empuja hacia un área de no-significación. Esto lo hace mediante el intento de articular “lo innombrable”, las “cosas sin nombre” de las ficciones de horror, cuando trata de visualizar lo que no se ve, o bien cuando establece la disyunción entre palabra y contenido a través de un juego con los “nombres sin cosas”». El personaje y el lector no pueden definir lo que ven, y de esta imposibilidad surge el horror.

Entre nosotros, Julio Cortázar se refería al “sentimiento de lo fantástico” que irrumpe en la realidad concreta de lo cotidiano: “Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre que entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas hay intersticios por los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento, que no podía explicarse con leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia razonante”. Lo que el escritor argentino viene a presentarnos además en su literatura son personajes que no sienten ese miedo porque esa presencia de lo extraño es asumida como algo “normal” y hasta inevitable.

La lista de autores y autoraque se inscriben dentro del fantástico es inmensa: Edgar Allan Poe, Howard Phillips Lovecraft, Bram Stoker, Franz Kafka, Robert Louis Stevenson, Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, Mary Shelley, Henry James, Guy de Maupassant, Robert Bloch, Stephen King, o los argentinos Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Silvina Ocampo…; muchos fueron, además, grandes inspiradores de películas famosas.

En palabras de H. P. Lovecraft, “La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo”, y cada vez que leemos un buen libro fantástico, sentimos esa emoción que nos conecta con esos temores ancestrales que todavía subyacen en nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI.

Portada: Compasión (1795), William Blake