Murió la poeta Mary Oliver

0
105

Mary Oliver nació en Maple Heights, Ohio, en 1935. En 1963, publicó su primer libro, No Voyages and Other Poems, y a mediados de los 90 se convirtió en una de las poetas más importantes de Estados Unidos. En 1984 recibió el premio Pulitzer por American Primitive, uno de sus libros fundamentales junto con Dream Work (1986). También fue reconocida con el Shelley Memorial Award y el Guggenheim Fellowship, entre otros premios.

Sus poemas dialogan estrechamente con la naturaleza, dentro un paisaje alejado de la ciudad, con ríos, piedras, lluvia, animales, árboles, todo lo que puede transformarse en una revelación para la poeta.

Hoy, a los 83 años, murió en su casa de la Florida. En el 2005, había muerto su pareja, la fotógrafa Mary Malone Clark.

Momentos

Hay momentos que exigen ser cumplidos.
Como decirle a alguien que lo amas.
O regalar tu dinero, todo.

Tu corazón palpita, ¿verdad?
No estás encadenado, ¿verdad?

No hay nada más patético que la prudencia
cuando lanzarse podría salvar una vida,
incluso, posiblemente, la tuya.

El viaje

Un día por fin supiste
lo que tenías que hacer, y lo empezaste,
aunque a tu alrededor algunas voces
insistían en gritar
malos consejos…
aunque toda la casa
se puso a temblar
y sentiste el viejo tirón
en los tobillos.
“¡Arréglame la vida!”,
gritaba cada una de las voces.
Pero no te detuviste.
Sabías lo que tenías que hacer,
aunque el viento husmeara
con sus dedos rígidos
hasta en los cimientos,
aunque su melancolía
fuese tremenda.
Ya era bastante tarde
y era una noche espantosa
y la carretera estaba llena
de ramas y piedras caídas.
Pero poco a poco,
a medida que dejabas atrás sus voces,
las estrellas comenzaron a arder
a través de las láminas de nubes,
y se oyó una voz nueva
que lentamente
reconociste como tuya,
que te hacía compañía
mientras a zancadas
penetrabas cada vez más en el mundo,
con la decisión de hacer
lo único que podías hacer…
la decisión de salvar
la única vida que podías salvar.

Cómo es con nosotros y cómo es con ellos

Nos volvemos religiosos,
luego nos alejamos de eso,
luego estamos necesitados y quizás volvemos atrás.
Nos dedicamos a hacer dinero,
luego nos volvemos a la vida moral,
luego pensamos de nuevo en el dinero.
Conocemos personas maravillosas, pero las perdemos
por nuestros negocios.
Estamos, como dice el refrán, en todas partes.
La constancia, al parecer,
tiene más que ver con los perros que con nosotros.
Una de las razones por las que los queremos tanto.