Sobre el uso del tiempo en el deporte, la ciencia y el arte

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Una de las cosas que tienen en común el deporte, la ciencia y el arte es el uso particular del tiempo. Durante nuestra vida cotidiana, el tiempo es una navaja insoslayable, que no se detiene, que no nos permite siquiera atraparlo; el presente no existe y, desde la percepción, sólo hay futuro o pasado inmediato. Y ni siquiera la duración, desde la experiencia subjetiva, es la misma. Hay momentos en los que un minuto parece una eternidad, bueno ya lo dijo William Blake mucho mejor que yo: “Hold Infinity in the palm of your hand / And Eternity in an hour.” Lo que es inevitable es su incesante peregrinar.

Yo creo que el deporte, la ciencia y el arte, son las únicas cosas valederas de lo que ha logrado el ser humano y las únicas que merecen toda la dedicación posible. Lo demás, debería estar subordinado a estas tres ramas de la cultura. Desde mi exiguo entender hay varias cosas que unen a las tres musas modernas (¿Terpsícore, Urania y Euterpe?), entre ellas el hecho de estar sometidas a reglas que, eventualmente, van a cambiar. Pero aquí nos interesa en particular uno de sus aspectos, y no tenemos tiempo que perder, al fin y al cabo todos sabemos que el “tiempo es tirano”.

Este fluir inasible de instantes sólo puede ser capturado, manipulado, trozado o estirado merced a operaciones de aislamiento o abstracción, pero que posean una extraordinaria fuerza sensible. El deporte, la ciencia y el arte, lo hacen a la perfección. Analicemos algunos casos, tratando de encontrar la clarificadora contradicción o el necio consuelo de persistir en el error.

En el deporte el tiempo es fundamental. Incluso en aquellos como el tenis o el baseball que no lo tienen presente en su dinámica. Que se tienen que seguir jugando hasta que se definan, que llevan la semilla del infinito. En otros casos tenemos la posibilidad de pedir tiempo muerto, como en el basket o en el football americano. O existen alargues, como en el fútbol, que estiran la agonía o estallan en la alegría del silbato final. En el box, los tres minutos que dura el asalto, parecen horas y si alguien pierde el protector bucal, se lo puede frenar; si para quien mira se hace eterno, no quiero imaginarme para quien está jugándosela ahí dentro en el cuadrilátero, intercambiando golpes. En los deportes de velocidad, al tiempo se lo comprime al máximo. Ahí tenemos a quienes en menos de 10 segundos, recorren 100 metros o en menos de dos horas atraviesan 42 kilómetros.

En la ciencia el tiempo es, además de un enigma (un problema de investigación), una variable o categoría que puede adquirir diversos sentidos, dependiendo del problema que se quiera resolver. Así, por ejemplo, en la física newtoniana, el tiempo es reversible, pero en la química de la termodinámica, el tiempo va en una única dirección. En ciencias sociales a veces se suspende el tiempo y se utilizan estrategias sincrónicas (como en el estructuralismo), la historia pierde relevancia y hasta desaparece del marco teórico. En paleontología el tiempo adquiere una velocidad que da vértigo y 10 millones de años son apenas un suspiro en la historia evolutiva. Por el contrario, en la física de partículas, un nanosegundo es todo lo que a veces se tiene y alcanza para describir múltiples propiedades y características. Una de las más lindas reacciones químicas es la de Belousov Zhabotinsky, que ilustra esta nota y que oscila con tal ritmo, que puede usarse de reloj de precisión.

En el arte, el tiempo es materia que se moldea, es casi la realización de la obra. En música es la esencia misma, incluso en los silencios, cuando se suspende el tiempo y el que se divierte es John Cage. En la narrativa, sea escrita o visual, el tiempo nunca es uniforme, se va para adelante o para atrás, se acelera o se ralentiza. En las artes plásticas ocurre otro tanto, el tiempo se frena y entonces emerge la eternidad o se sucede todo en pasos discretos, saltos que el eluden el vacío. El tiempo en el arte puede ser cíclico o bien ser redundante, o se repite una y otra vez o se transforma en espiral, en acciones que parecen semejantes pero que en el fondo no lo son. Hasta en el arte no figurativo se percibe, como en Pollock, una suerte de sincronía desordenada; como hacer para descuartizar el tiempo y que algo permanezca en esos trazos caóticos, pero que contienen un patrón. Si nos ponemos psicodélicos (y eso es algo que siempre me gusta) podemos concluir con esta famosa canción de Pink Floyd, que justamente se llama y habla del mismísimo Tiempo.