Crítica de “Salir de la caverna”, Darío Stajnszrajber y Lucrecia Pinto

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Dario Z

Salir de la caverna es un espectáculo diferente para cuestionarse y liberarse. Con una combinación de filosofía y música, Darío Stajnszrajber y Lucrecia Pinto (más banda) nos invitan a salir de la caverna aunque luego entraremos a otras cavernas, pero quizá seamos capaces de advertir algunas de nuestras cadenas, si bien siempre otras se nos escaparán.

¿Qué está haciendo toda esta gente acá escuchando filosofía un sábado a las ocho de la noche?, se pregunta Darío. ¿Se tratará de un grupo de nerds, de gente que disfruta de hacerse preguntas o simplemente admiradores de un referente actual ineludible en la cultura argentina?

Pensar acerca del origen y de cómo se pasa de la nada al ser, serán algunas de las líneas que orientarán este viaje. Estamos todos codificados: usamos la ropa que hay que usar y hacemos el amor como hay que amar; estamos divididos en libres y esclavos, padres e hijos, clientes y delincuentes.

La filosofía es el ejercicio de hacerse preguntas que no conducen a ningún lado más que a la apertura de nuevas preguntas. Salimos de una caverna siempre para ingresar a otra. Toda certeza es farmacológica y anestesiante. La filosofía, sin embargo, no ofrece certezas; no resuelve problemas sino que los crea e invita a un viaje eterno sin rumbo.

Pronto suena “El anillo del capitán Beto” de Spinetta, que Darío interpreta como la metáfora del filósofo, ese viajero a la deriva. Porque la filosofía tiene que ver con esa figura del flâneur de la que hablaba Charles Baudelaire. Perdiéndose por la ciudad, el flâneur se encuentra para volver a perderse en las calles de la palabra.

Darío aborda la alegoría de la caverna de Platón.  Las cadenas se incorporan e invisibilizan, nos dice, y en ese momento los prisioneros se sienten libres. “Ustedes podrían ser prisioneros, están dispuestos del mismo modo y podrían estar todos encadenados”, argumenta.

Y luego llegarán más temas del rock nacional, interpretados por la bella voz de Lucrecia Pinto que siempre le pone el alma y el cuerpo a sus canciones. “Prófugos” de Cerati, dice: “estar así despiertos en un delirio de condenados”¿ No será a acaso ese el problema del filósofo?

Darío nos habla de las estructuras de poder y claro que es imposible no referirse a Michel Foucault, el filósofo francés que describió con precisión la figura del panóptico: esta estructura carcelaria donde los sujetos nos sentimos observados, se traslada a todas las instituciones, incluyendo las escuelas y los hospitales.

Lucrecia remata con “Vencedores vencidos” de Los redondos, “Canción de Alicia en el país” de Charly García y un interesante mash up donde se incluye “¿Qué ves cuando me ves?”, de Divididos. “No hay revolución que no comience en la subversión de la palabra”, por su parte remata Darío.

Salir de la caverna es un espectáculo participativo, ya que su mismo conductor y creador baja del escenario para hacer preguntas al público. Busca las preguntas existenciales que nos hacíamos de chicos y también busca saber qué filósofos conocemos. Aunando arte con pensamiento, se puede decir que esta obra es más que una obra, es una ocasión para pensar, jugar y hacer uso de la palabra como esa arma que permite derribar todos los sistemas, dudar de todo y construir la propia subjetividad. Al romper algunas cadenas y darse cuenta de que todavía conserva las más fuertes (aquellas que son invisibles), el espectador saldrá con la sensación de ser un poco más libre y al mismo tiempo más consciente de que nunca se podrá salir completamente de las cavernas que se contienen unas a otras como las muñecas rusas.

Próxima función: viernes 25 de enero, 19.30 h; Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131

Foto de la portada: Nacho Sánchez