Crítica de La noche de 12 años, de Alvaro Brechner

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Dirigida por Alvaro Brechner, cineasta uruguayo radicado en Madrid, de quien ya hemos visto y reseñado Mr Kaplan, La noche de 12 años es el resultado de una coproducción entre España, Argentina, Uruguay y Francia, y narra un hecho real: el cautiverio en condiciones infrahumanas de tres militantes tupamaros: Mauricio Rosencof, Eleuterio Fernández Huidobro y José Mujica. Una de sus fuentes es “Memorias del calabozo”, de los dos primeros.

La especial crueldad de la dictadura cívico-militar uruguaya, alineada con todas las dictaduras del cono sur y extendida en el poder entre 1973 y 1985 es la referencia histórica y no tan presente en este relato que enmarca a los hechos presentados.  El foco está puesto casi exclusivamente en el proceso de encierro y tortura permanente al que fueron sometidos estos presos políticos que actuaron interpelándose en voluntades colectivas. La estructura represiva montada como máquina de matar y sus efectos frente el proceso interior y singular de deterioro y resistencia de los tres hombres se muestra íntimamente. En este sentido, ya ha empezado a generar debates y reacciones en las redes, en torno a la falta de contexto histórico del film, que se centra casi exclusivamente en recuperar el aguante de los compañeros en todas sus afectividades y contradicciones. Es bueno lo que la película genera más allá de lo que se propone, tratándose de un hecho que solo se comprende articulando micropolítica con mesopolíticas y decisiones macro que afectaron a todo el continente vía el Plan Cóndor y que la película no permite articular. A la manera de un biopic homenaje a tres personalidades, es una película de estructura absolutamente tradicional que a momentos propone ciertos toques más experimentales a nivel visual, buscando representar la sensorialidad fragmentada y confundida de los recluidos en el estado de locura en los que sus captores buscan perderlos. Una enunciación que a momentos se vuelve muy publicitaria, que se corresponde con lo que puede ser un film de perfil Oscar, pero que habilita esas inquietudes en los espectadores en relación a la militancia de los setenta y sus activaciones en los funcionarios de los gobiernos democráticos de los años 2000.

Ahora, estamos en este particular año 2019, con seis países de Latinoamérica que dirimen elecciones presidenciales: Argentina, Bolivia, El Salvador, Guatemala, Panamá y Uruguay. Luego de las promesas hechas realidad en las primeras medidas de gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil y de las redes provida y antiderechos que lo replican por doquier, es importante recordar que las persecuciones a cualquier otro posible al neoliberalismo que aplican nuestros gobiernos es fascismo de pistolas taser y tiros sumarios de parte de la fuerzas armadas por la espalda. La larga noche de 12 años no deja de ser un excelente modo de recordarnos, aunque sea a momentos con el lenguaje de un institucional de Amnistía (la versión símil étnica de la canción Los Sonidos del Silencio provoca esa sensación), que a las dictaduras cívico militares eclesiásticas que buscan borrar nuestra historia de luchas populares, hay que decirles una y otra vez, Nunca Más.