Cabeza de turco: La inmigración en constante debate

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En Europa la cuestión migratoria y el peregrinar de los refugiados está en discusión desde hace tiempo. Son temas que no dejan de aparecer en cada campaña política, en el trabajo estoico de organizaciones no gubernamentales y en las agendas mediáticas. Pueden quedar solapados por problemáticas coyunturales pero están latiendo en la superficie europea continuamente. Una opción para vislumbrar cómo estos temas se encuentran presentes desde hace décadas es adentrarse en la literatura.

Cabeza de turco

Günter Wallraff nació en Burscheid, un pueblito del estado alemán de Renania. De formación periodista, se consagró con su obra Cabeza de turco. Allí, y en carne propia, se adentró en los trabajos peor pagos y explotados de la Alemania occidental, donde la mayoría de la mano de obra pesada era extranjera y, fundamentalmente, turca. En esta incursión, Wallraff vive la xenofobia y la violación de los derechos humanos que sufren los inmigrantes en la Europa de los años ochenta.

El libro está fundamentado en un gran trabajo periodístico y, podríamos decir, antropológico, sin por ello descuidar los detalles estéticos y la escritura liviana, intentando sumergirnos en el contexto racial, cruel e injusto de buena parte de la sociedad alemana para con la inmigración. El resultado de esa zambullida será Ganz Unten (que podría traducirse como “En lo más bajo”) que se publicará en castellano como Cabeza de turco. Con todo, la forma narrativa del libro parece por momentos un reportaje, por otros, una novela o diario personal.

Cuando fue publicado, el efecto inmediato fue de shock. A ese estado de parálisis le siguieron discusiones públicas y demandas judiciales. Posteriormente hubo avances concretos, por ejemplo, algunas empresas contratistas desistieron de forzar a sus empleados a jornadas de 16 horas, y las normas de salud y seguridad para los trabajadores, aumentaron drásticamente. De algo sirvió la obra, es decir, no se quedó solo en la denuncia y deleite literario.

La metamorfosis

En las ediciones en castellano del libro aparece, en la foto de contratapa, Wallraff posando con una impronta teutona a más no poder. Para no ser descubierto como falso turco, Wallraff tuvo que cambiar su semblante germano: se dejó el bigote oscuro, se colocó lentillas color ídem, se tiznó la cara y acompañó esos detalles con un rudimentario vocabulario y balbuceo del alemán. Así fue como nació Alí, quien será el inmigrante turco en plena República Federal Alemana que representa el escritor. “Yo no era un turco autentico, eso es cierto. Pero hay que enmascararse para desenmascarar a la sociedad. Hay que engañar y fingir para averiguar la verdad. La xenofobia estaba presente en cualquier lugar”, dirá luego de la publicación, en una entrevista.

Esa Alemania que retrata Wallraff, la que Alí habita, no es cualquier Alemania. Es la Alemania del milagro económico, la que está a las puertas de la Caída del Muro de Berlín, la de las megacorporaciones industriales. En esa Alemania dividida en dos, enclavada en la Guerra Fría, Alí va relatando los acontecimientos en forma de diario y nos va introduciendo en sus vivencias inverosímiles, irrisorias y trágicas.

Para empezar su aventura, Alí coloca un aviso en diferentes periódicos: “Extranjero, fuerte, busca trabajo, no importa cuál, incluso pesado y de limpieza, también por poco dinero. Ofertas al n° 358458”. A partir de allí se le abre un abanico de posibilidades para, según él, formar parte de “una minoría marginada, para estar abajo del todo”.

Alí trabajará en una granja, pasando por trabajos de construcción, hasta llegar a una central nuclear con graves problemas de radiación. En esa central nuclear los inmigrantes turcos se encargarán de realizar tareas de limpieza y mantenimiento de un reactor sin cumplir con los mínimos lineamientos de salud y seguridad.

Cobayo humano

También trabajará en una farmacéutica cuya función será ser un cobayo ante medicinas nocivas o directamente no aptas para el consumo, aunque aquí la paga es un poco mejor. En ese laboratorio los conejillos de indias extranjeros se convertirán junto con Alí en objetos de la experimentación por parte de la industria farmacéutica, sin ética ni moral de por medio.

Estos ensayos científicos no estaban al servicio de la salud. El objetivo principal de toda esa puesta en escena era marketing duro y puro, y la ampliación de mercados para los grandes laboratorios. Los resultados negativos de esos ensayos, en los que participó Alí/Wallraff, nunca fueron publicados ni entregados a las autoridades correspondientes.

McDonald´s

A la famosa casa de comidas rápidas de los anillos dorados también fue a parar Alí. Allí, según relata, los trabajadores no usaban ningún tipo de protección ante quemaduras, sólo tenían dos trapos para limpiar el local, no debían hacer esperar más de 30 segundos a los clientes que estuvieran en la fila de cajas, no podían ir al médico -solo si el gerente les permitía, cosa que rara vez sucedía-. Era esperable que se sucedieran escenas como esas, si tenemos en cuenta que McDonald’s es uno de los símbolos del capitalismo más salvaje y feroz.

En síntesis, Alí acepta toda clase de trabajos precarios, mal pagados, en condiciones insalubres y sin el mínimo derecho de nada. Calladito y sin chistar. Su condición de inmigrante turco es la que le permite entrar a todos los empleos ya que los empleadores consideran a Alí un miserable inmigrante que trabajará mucho, por poco dinero y sin quejarse. En todos y cada uno de los trabajos que Alí narra están presentes feroces intermediarios, horarios extenuantes e imposibles, ausencia de regulaciones, riesgos para la salud, tareas indignas y humillantes. Incluso, los trabajadores son censurados y se les machaca con que siempre habrá gente de reemplazo.

Conversión

Hay un capítulo que es desopilante y tiene que ver con el deseo de Alí de cambiar de religión. Quiere convertirse al cristianismo y dejar atrás su religión musulmana. Pide a toda costa que lo bauticen en el cristianismo. “Alí prueba suerte con la iglesia católica. Ha oído decir que también Jesús fue expulsado de su tierra, que vivió con los extranjeros y perseguidos de su tiempo, y que por ello se expuso a las más duras acusaciones y persecuciones”.

En la primera visita a una parroquia residencial un cura de elevada jerarquía, de unas sesentas primaveras, le abre la rendijita de la puerta y clava en Alí una mirada: “Por aquí no se te ha perdido nada, ve al secretariado social”, le espeta. Así son todos los intentos de Alí de convertirse al cristianismo: lo mandan de aquí para allá, le toman examen, le ponen obstáculos estrafalarios, lo sermonean, lo rechazan, lo discriminan y lo hacen dudar de su propia lógica. Una faena imposible la de ser bautizado. Un cometido que abandona por infructuoso pese a su insistencia tenaz.

¿Nuevo periodismo?

¿A qué género pertenece una obra como Cabeza de turco? A estas alturas no tiene mucho sentido discutir acerca del género, pero mucho se ha dicho sobre ello: ¿literatura o periodismo? ¿Ficción o no ficción? Creo que luego de leer el libro a uno le queda la clara sensación que hay una mezcla de literatura (los diálogos que se sostienen, las detalladas descripciones del narrador) con antropología (las fotos del autor en los lugares por donde pasa Alí, la vivencia con el cuerpo, el acercarse como otro). A fin de cuentas, Cabeza de turco ahonda en las experiencias y vivencias de su protagonista que, en este caso, es el mismo escritor. Wallraff exploró las mezquindades humanas, al mismo tiempo que procuró su propio autodescubrimiento. Cabeza de turco contiene cierta metodología periodística y explora en primera persona el entorno en el que se encuentran los inmigrantes en Europa. Más allá del género, Günter Wallraff se cuestiona los límites de la avaricia, la solidaridad de su pueblo, las perversiones a las que pueden llegar las personas.

A más de treinta años de su publicación, el libro posee una actualidad que rabia, pareciera que los mismos problemas que aquejaron a Alí continúan aquejando a un sinnúmero de personas migrantes a lo ancho y largo del globo.

Los ecos de Cabeza de turco se escuchan en nuestro tiempo. Hace varios años que la cuestión de los refugiados, la xenofobia y la inmigración están en el debate público y mediático europeo. Es evidente que estamos ante una cuenta pendiente y que es necesario un cambio de enfoque en las políticas migratorias para que los clamores de los migrantes cedan o, al menos, que las condiciones de migración se tornen más justas y humanas.

Sería interesante preguntarnos si es posible otro Cabeza de turco en nuestros días. ¿Qué resultados arrojaría una experiencia como la de Wallraff hoy? ¿Estaríamos ante una obra tangencialmente diferente o asistiríamos a fenómenos similares? Para algunos las respuestas están a la vista.

Lucas Gatica es argentino y vive actualmente en Bilbao. Colabora con periódicos y revistas literarias de Argentina (Hoy Día Córdoba, La Tinta, La Voz). Actualmente se encuentra investigando en la Universidad de Deusto, gracias a una beca de la Cátedra Unesco.

Foto del copete: Günter Wallraff, a la derecha, con compañeros de uno de sus tantos trabajos