Crítica de “Incomodar con estilo”, Nicolás Hochman

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Nicolás Hochman no solo es un conocedor de la vida y la obra de Witold Gombrowicz, sino también un apasionado de lo que hace, lo que se traduce en este ensayo que, como dice Martín Kohan en el excelente prólogo del libro, redime “la tesis de doctorado que fue, la autoriza a vacilar y a suponer y a interrogarse a sí misma”. Porque es cierto que en principio fue una tesis de más de 300 páginas con todo el rigor que implica un trabajo académico de este tipo y ahora es un ensayo con esa cuota de escritura literaria que lo hace tan placentero de leer.

¿Qué despliega Hochman en este texto? Obviamente, está todo lo que nos dice del escritor polaco y de su exilio en la Argentina, pero también está la forma y el estilo que trabaja con tanta soltura. Él mismo define su libro como “una ecuación” compuesta por preguntas, dudas, decisiones, situaciones personales. Es que en todo ensayo hay tres vertientes que confluyen en el producto final: la subjetividad, la investigación y un estilo cercano a lo poético. Si la tesis es un texto objetivo, el ensayo exige la presencia de un yo autoral que nos propone a los lectores diferentes hipótesis que serán analizadas pero que, en última instancia, exigen nuestra participación constante. Ese yo, además, dialoga con nosotros a través de las notas al pie y trabaja con una estructura netamente ensayística: la de la reiteración de ciertos leitmotivs que se van expandiendo en círculos concéntricos como piedras arrojadas al agua.

En cuanto al propio Gombrowicz, hay una figura literaria que lo define: el oxímoron. En Recuerdos de Polonia, él afirma, “No era demasiado progresista, ni moderno, no era un intelectual típico, ni nacionalista, ni católico, ni comunista, ni de derechas, no adoraba la ciencia, ni el arte, ni a Marx”. Sin embargo, puestos en boca de él, este y otros enunciados deben ponerse en duda por cuanto el escritor miente todo el tiempo, y son esas mentiras las que Incomodar con estilo viene a interrogar: ¿mentir para crear una imagen de sí mismo como escritor, para configurar un lector modelo, para mantenerse en esa desubicación constante que es un sello personal?

Turista, vagabundo, peregrino: Gombrowicz es todo eso, y en esas figuras se cifra la búsqueda de una identidad que, obviamente, se relaciona con llegar a la Argentina sin siquiera conocer el idioma, hacerse escritor sin terminar de ser de acá y sin dejar de ser de allá, sentirse incómodo e incomodar. “Hay pocas cosas más movilizantes que la incomodidad”, sentencia Nicolás Hochman, y es totalmente cierto para cualquiera, aunque en el caso del escritor polaco es más evidente. Entonces el ensayo traza una línea imaginaria entre los puntos donde esa desubicación lo fue conduciendo a lo largo de su vida.

Unos párrafos más arriba, hablábamos de la necesaria investigación que requiere todo ensayo. Citas bibliográficas, conceptos teóricos, fragmentos de la obra de propio Gombrowicz son el resultado de una lectura atenta y exhaustiva del autor del ensayo, pero lo más interesante es cómo esa información elude todo enciclopedismo y se presenta con un recorte y un ordenamiento que invitan a una lectura que se disfruta. En este sentido, los lectores agradecemos la discusión acerca de conceptos como exilio, patria, lengua, identidad, nos acercamos a la escritura de obras como los Diarios, Kronos o Ferdydurke, entre otras, y comprobamos lo que dice Martín Kohan sobre Gombrowicz en el mencionado prólogo: “Pocas figuras de escritor llegan a ser tan potentes y convocantes como la suya”.

Incomodar con estilo. El exilio de Gombrowicz en Argentina, Nicolás Hochman, Dobra Robota Editora, 2018, 206 págs.