Crítica de Introduzione all’Oscuro, de Gastón Solnicki

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Tras la reciente adquisición para la colección del MoMA Museum of Modern Art Nueva York. El film del director argentino Gastón Solnicki se estrena el 4 de enero en el Malba.

Gastón Solnicki nos sorprende una vez más con un film intimista y personal, que habla sobre la ausencia, y sobre aquellos lazos filiales, que suelen darse muchas veces, en esas amistades privilegiadas que solemos construir algunas veces en la vida.

Presentada este año, fuera de concurso, en el 75 Festival de Venezia y en la Competencia Latinoamericana del Festival Internacional de Mar del Plata, Introduzione all’ Oscuro es también el título de una pieza de Salvatore Sciarrino. Y no es casual, porque la música ocupa un lugar de privilegio en toda su filmografía. En esta propuesta de índole documental, su director vaga por las calles de Viena hacia la búsqueda de todo aquello que le permita reconstruir sutilmente la existencia de Hans Hurch, fallecido recientemente. Su amigo, crítico de cine, y personaje carismático de Viena, quien dirigió la Viennale, -el Festival de Cine de Viena- desde 1997 al 2017. Un festival de cine independiente tipo Locarno, más selecto y p equeño, y en varios puntos mas artesanal. Y Viena tiene un rol protagónico.

Sabemos que el procedimiento al cual se viene sometiendo Solnicki para hacer sus films, es partir de la percepción sin un guión escrito, en ocasiones sin un argumento. Por lo que su estructura dramática va tomando forma en la medida que se avanza. De ese modo los acontecimientos van surgiendo en base a todo aquello que sucede, cuando se los atraviesa. Dando lugar a una narrativa nada convencional, y preciosista por donde se la mire. Porque si bien las experiencias nacen de cierta incertidumbre, el encuadre con el cual se las aborda son de una belleza y simetría casi perfectas. A la cuales se suma la música trabajada desde el montaje, en una especie de contrapunto, que obliga al espectador a ser también un oyente. Estrategia que contribuye a la percepción de esa sensualidad perturbadora, siempre presente. Lo mismo que los guiños con referencias musicales y cinematográficas.

El hecho de que el cine sea arte, no lo invalida de ser un entretenimiento. Lo cierto si, es que ambas condiciones deben generar una emoción en el espectador. El cine de Gastón Solnicki da cuenta de esto, y no lo hace como si tuviese una función determinada, proveniente de una autobiografía del gusto, sino como un hecho, que viene a fundirse con nuestra propia experiencia. Sin entrar en metáforas, a caballo entre el sonido y el silencio.