Edoardo Albinati en Argentina: la libertad de un escritor

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El escritor italiano Edoardo Albinati visitó nuestro país en octubre y brindó conferencias en diferentes instituciones ligadas a la lengua italiana, en la Asociación Dante Alighieri de Salta, la conferencia “¿Los escritores son irrelevantes?”, en Córdoba, Buenos Aires y en la Feria Internacional del Libro de Santiago 2018 (FILSA) la conferencia “Palabras Inconfesables”. También, en Córdoba, presentó una exposición sobre “La importancia y la libertad de un escritor”, la cual vamos a referir en nuestra nota. Además, participó de un encuentro especial en el complejo carcelario N° “Reverendo Francisco Luchesse” con la propuesta de “Una experiencia de escritura en el ámbito de la promoción de la lectura y escritura en el ambiente carcelario”.

Albinati estudió en el Liceo Clásico de San Leone Magno, lugar referente para su última novela Scuola Cattolica, la cual es el producto de búsquedas que hoy lo siguen interpelando acerca de la vida, las relaciones, la función del escritor. Terminó sus estudios en el Liceo Clásico Estatal Giulio Cesare, en 1984 inició su actividad en la revista Nuovi Argomenti. Tradujo autores ingleses y norteamericanos, además, desde 1994 enseña como profesor en el penal Rebibbia de Roma.

Lo primero que hace Albinati en su conferencia “La importancia y libertad de un escritor” es dar cuenta de la posición de los intelectuales y escritores, la cual es siempre ambigua, ya que deben adaptarse a la situación de su entorno y, de esa manera, responder a las necesidades de la sociedad. Edoardo considera que la particularidad de la tradición literaria italiana radica, en gran medida, en el arte y la cultura que crece dentro de los palacios o en las ciudades, es decir, en la impermeabilidad de las formas.

Un caso que rompe con las disposiciones del sistema italiano y, por ello, no se lo acepta, sino 150 años después es el de Giacomo Leopardi (1798-1837). No se lo puede pensar ni totalmente como romántico ni como un moderno, tampoco, se lo puede encorsetar en ninguna de las grandes corrientes, ni aun trabajando en esa operación. Es ateo a principios del siglo XIX en el mismo territorio de los estados pontificios, además, es un conde que escribe obras difíciles de comprender. Habla de las miserias de la vida en un momento que no hay lugar para el pesimismo, donde la sociedad necesita seguir viviendo en el engaño para no desmoronarse.

Albinati continúa refiriéndose al arte como herramienta de hacer tolerable la vida. En este sentido, las belleza de las ciudades italianas, las imágenes maravillosas, “il paese più bello del mondo”, San Pietro hermosa, pero siempre con la función de atraer lo que moralmente es lo contrario, y con esto refiere a la corrupción de la iglesia. Una belleza que es la máscara que sirve para persuadir de modo que la miseria pase a segundo plano. “E bella” por lo que se puede tolerar lo intolerable. Lo que uno ve aplaca, funciona como un idilio, por unos minutos o por un tiempo determinado, por lo tanto, es una “pausa del dolore”.

Seguidamente, el escritor explica que para él hay dos caminos irreconciliables que puede seguir el escritor; o muestra la realidad, o la enmascara. Pero el problema radicó, durante mucho tiempo, en la imposibilidad del artista para denunciar sin ser marcado como loco, peligroso, ser encarcelado o enviado al exilio que para algunas almas como la de Dante era lo mismo que la muerte. Por lo tanto, una de las estrategias usuales que se observa es persuadir a los lectores, atraerlos por medio de la fábula y exponer verdades en ella. En este sentido, para Edoardo el consenso no es la materia propia de la escritura, por lo que se pueden decir cosas que no le dirías nunca a una persona, “dire le cose indicibile”, reflexiona el autor. Su hipótesis sobre la escritura ronda en que los escritores dicen las cosas que otros evitan decir, la sinceridad de la escritura expresa verdades que son negadas por las condiciones de una sociedad y, entonces, no pueden ser dichas, por ello, los autores son juzgados y condenados. Pero en este punto, encuentra su libertad; “Non posso essere ipocrita come tutti”.

Por otro lado, como profesor en la cárcel de Roma, Albinati piensa en la función reeducativa que presenta esta institución como primer objetivo. Lo cual es contradictorio con la detención pensando en la naturaleza del hombre. Todo en la cárcel debe ser peor que afuera, sino no habría diferencia, la pena corporal es lo primero. Luego está la aceptación de que está ahí porque le falta algo. Asimismo, existen muchas diferencias en Italia entre las diferentes cárceles y, así como los hospitales, algunas son más humanas que otras, unas son medievales y otras como la de Roma se la considera casi como un hotel 5 estrellas, en el ambiente carcelario, opuesta a la de Nápoles que sería el infierno de Dante. Como todas las instituciones, empeoran de norte a sur. La escuela que se dicta en la cárcel va a variar según estas características y como es un ente externo, pueden o no tener las posibilidades de estudiar lo que desean, según cada lugar.

Al día siguiente, con la conferencia “Las palabras inconfesables”, Edoardo Albinati continua líneas y propone una mirada más sobre el ser escritor. Se interroga acerca de qué se puede decir y escribir y qué no. Piensa en la figura del confesor y en el género literario “romanzo” que se traduce en novela al español, también, en la materia de la escritura que es ahora la vida cotidiana, es decir que no es ya de raigambre heróica.

Propone el ejemplo más clásico, el Quijote que es la figura de héroe en un mundo moderno. Es héroe en un mundo que no es más heroico, un lugar donde no hay ya espacio para ellos, sino para gente común. Ahora, la vergüenza, “vergogna”, el lado ridículo de la vida, y ya no lo extraordinario, sino una vida terrible, miserable son el foco y tema de la literatura. Llorar y maravillarse al mismo tiempo de la realidad, ese es el “romance”, la novela.

Escribir, considera el autor, significa mostrar los aspectos de la vida humana, contar todo, desenmascarar. Se confiesa lo malo en la misma medida que lo bueno o aún más. Sinceridad, no contacto con el escritor, distancia que permite decir lo que no le dirías a una persona. Tampoco, se sabe quien es el lector, no existe. Tal y como expresa Edoardo, tomando ideas de la crítica reciente; es gente que no existe (personajes) dirigida a quienes no existen (lectores), es decir que ambos son inventados. Yo escritor que dice sus obscenidades, muestra sus aspectos ridículos, y el lector entiende porque se ve representado. Entonces, ña empatía surge de las cosas inconfesables que uno y otro comparten. En la épica suceden grandes cosas, en la novela moderna ya no más.

Para Albinati una figura que ayuda a entender la posición del escritor es la del “fanciullo” de Giovanni Pascoli, es decir el niño que sigue estando en la edad adulta, pero se lo reprime, no debe manifestarse. Asimismo, el único que lo puede hacer es el poeta, escritor, y es el que produce el llanto, y da lugar a su fanciullo, a “ese otro que está dentro de nosotros”, se expresa Edoardo en un italiano muy claro, “para mi la verdad no importa si es o no”, por lo tanto, solo se trataría de discursos en los que los lectores se identifican en mayor o menor grado. Antes, todos intentaban ser mejor de lo que eran, pero ya en el siglo XX, el “fanciullo” no se esconde mas, ejemplos son Joyce y Svevo, donde el personaje confiesa el yo, la propia mediocridad.

Finalmente, el uso material de mi vida y la de otros mezclado con ficción caracterizan la novela. En la literatura y en los libros no hay secreto, no hay censura, ni miedo. El uso de las identidades es necesario para ser lo más profundo posible, intentar entender la diversidad. Se trata de la invención de la literatura contemporánea, moderna, tal y como lo siente el profesor y escritor Edoardo Albinati.