Murió Irene Gruss

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Hoy murió Irene Gruss, una gran poeta argentina. Participó en varias revistas literarias como El escarabajo de oro, El ornitorrinco o El juguete rabioso, entre otras. Sus poemas fueron traducidos a varios idiomas, coordinó talleres de poesía y recibió varios premios. Algunos de sus libros son La luz en la ventana, 1982; El mundo incompleto, 1987; Sobre el asma, 1995; En el brillo de uno en el vidrio de uno, 2000.

En una de las tantas entrevistas que le hicieron habla de la ficción en la poesía: “…más que meter ficción en un poema, el poema es ficción. Vos podés contar la muerte de tu madre, pero no es un poema. Ficcionar no es inventar, es hacer un objeto estético con lo que te pasa o con lo que pasa en general. No es algo que te sale todos los días. La literatura es ficción, salvo los ensayos, claro”. Y también aconseja a quien esté empezando a escribir: “Que lea mucho. Como decía Borges, que lo que no te entusiasme al leer tiralo, al menos por el momento. También le diría que se apasione a la hora de escribir, que tenga conciencia que lo que quiere hacer es un objeto estético y no un diario íntimo. Después de todo, hubo mucha gente que lo hizo mejor que vos y yo. Lo mejor que te puede pasar es ser personal, no escribir como lo hace una generación. Se está escribiendo mucho y al pedo”.

Compartimos algunos de sus poemas.

Conté con los dedos de mi mano

Conté con los dedos de mi mano
las veces que tuve, no las que amé.
Las yemas de los dedos
se quedaron mirándome, las líneas
de la mano rieron (¿amé
lo que tuve? ¿Quise decir
quiero un poco
de esto o de aquello,
gané, perdí semejante
generosidad?).
Ahora que me aferro
a lo que tengo -como a un poco
de nada-,
veo líneas que una burla desecha,
y lenta, tiernamente abro
el puño, dejo caer
la arena, vuelvo a tomarla.

XIII

Mi madre me acuna. Canta y
el aire le sale
por la boca. Inhalo
por la herida,
mi madre sabe
de estas cosas: cierra su boca,
esta forma cruel
de respirar, guardar
el alma

XV

La luz de la mañana
tiene dedos rosados.
El inhalador sabe a menta.
Plácido despertar donde la fatiga
sucumbió por el sueño.
El alma salía por la boca
o por la herida. Salía el aire
y la impresión
era que el aire entraba.
El sueño, madre, no cierres la puerta,
las ventanas, oigo suave
la partida,
liviano, como
un silbido
el asma

Mientras tanto

Yo estuve lavando ropa
mientras mucha gente
desapareció
no porque sí
se escondió
sufrió
hubo golpes
y
ahora no están
no porque sí
y mientras pasaban
sirenas y disparos, ruido seco
yo estuve lavando ropa,
acunando,
cantaba,
y la persiana a oscuras.