#Netflix: Bird Box

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A la lista de películas sobre el fin del mundo, género estadounidense por excelencia, se suma no sin cierto resquemor esta historia de una mujer que atraviesa junto con dos niños un río, todos ellos con los ojos vendados. Para saber por qué, el relato se abre en dos lineas narrativas, una en ese presente inquietante, la otra en un flashback cinco años atrás cuando Mallorie va a hacerse una ecografia de su incipiente embarazo junto con su hermana. En la televisión se transmiten los extraños sucesos que tienen lugar en Rusia: de un momento a otro e inexplicablemente, la gente se vuelve loca produciéndose suicidios en masa.

Esos dos momentos en el tiempo del relato se van alternándo de modo que cada uno avanza sobre datos que el otro requiere. De quién son esos niños? Por qué los ojos vendados? Adonde van? Por qué encerrar tres cotorras en un caja? Y más. Hay interrogantes que se responden en uno y en otro. Y así la historia avanza no sin tropezar con lugares comunes en los que tanto el espectador como el género se sienten cómodos.

Pese a ser una rigurosa adaptación literaria de la novela homónima del norteamericano Josh Malerman, hay enorme cantidad de datos que coinciden con las temáticas que suele frecuentar esta directora danesa, otrora perteneciente al Dogma 95: la familia, la maternidad, la huida para salvarse, la resiliencia. No escapa a los tips que va lanzando a lo largo de la historia como pájaros al aire: comunicarse con los otros, desconfiar de los otros, salvarse por los otros; de estos tips no se escapa todo film del apocalípsis y es porque el mainstream no se lo permite la directora Susann Bier.

En un generoso intento por lanzar un puñado de interpretaciones, el hecho que Mallorie sea mujer no es poco importante, Sandra Bullock en ese sentido cumple su papel al pie de la letra: confiaremos en ella hasta el final y todas las decisiones que irá tomando entran dentro de la norma de la mujer empoderada “modo netflix”, heroína todo terreno que deberá enfrentar cantidad de amenazas y obstáculos para llegar a destino. Nunca se sabrá de dónde viene esa fuerza invisible, lograda a puro efecto especial sin demasiado estruendo con hojas de árboles que revolotean, sombras que pasan, un viento fuerte que mueve los árboles. Sí sabemos que tiene el poder extraño de producir un efecto suicida en aquellos que la miran, algo así como una atracción abismática entre un misticismo milenarista y una perdición del sujeto frente al sublime. Insisto, generosamente, porque si se desliza por allí alguna referencia a un posible castigo divino, buscando explicación en aquello que todas las religiones ponen en palabras, eso se abandona en pos de una visión más humanística que moral.

Mallorie llama a esos niños Niña y Niño, vive durante cinco años una pesadilla donde es mejor ser ciego que ver los horrores del mundo, y también sus atracciones. El/la que quiera sacar alguna conclusión un poco más allá de lo que ofrece este film con algunos problemas de continuidad y de verosímil, tal vez pueda hacerlo, será arrastrado eso sí por los recodos de la tentación de saber más y más, hasta que llegue el tranquilizador final, o no.