Violencia obstétrica, marea verde y encuentros de mujeres

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Parto y aborto son momentos de extrema vulnerabilidad en la mayoría de las mujeres sanas y ambos devienen de un acto íntimo y privado (o forzado, según el caso) como es el coito, y dan testimonio de la vida de esta persona.

Son momentos de abismo, de un lado la vida, del otro la muerte, en los que las mujeres nos entregamos: la persona sucumbe al cuerpo en un momento de extrema complejidad en el que se juega la historia y la emocionalidad de la mujer en la construcción de su vida.

Estos momentos tradicionalmente propios de la vida privada han dejado de serlo para ser tomados por las intituciones de salud quienes en haras de minimizar ese abismo tan al borde de la vida como de la muerte, colocan a la mujer en situación de objeto pasivo al que se le extrae de alguna manera un feto. Si es a término, será un nacimiento. Así se conforma un acto violento el que mediante el ejercicio de la obstetricia, convierte al sujeto en objeto de prácticas médicas acríticas.

Por si queda alguna duda, estamos hablando de Violencia Obstétrica término empleado por primera vez en la redacción de la ley 26485 de Protección las Mujeres contra toda Violencia de Género.[1]

Este tipo de violencia es histórica y comenzó a cobrar visibilidad a fines del siglo pasado. Ya a principios de este siglo nos encontrábamos hablando de “parto respetado”. Recién en 2009 con la ley mencionada se acuñó el término exacto. La lucha contra la V.O. fue la lucha de las mujeres agrupadas en colectivos, grupos informales o asociaciones civiles.

También parteras y médicxs, pero algunxs pocxs, sólo aquellxs ideológica y sensiblemente comprometidxs, condición que no depende de haber egresado de una carrera médica ni (mucho menos) haber ingresado a obra social, prepaga u hospital. Claro que hay excepciones, como ciertas guardias en hospitales públicos o la Maternidad Carlotto.

El punto es que esta lucha se viene llevando a cabo desde grupos de mujeres como la Asociación Civil Dando a Luz, desde 2001 formada por un grupo de jóvenes quienes habían parido en respeto y dignidad, y las instituciones que forman la Relacahupán (La red para la humanización del nacimiento) estos grupos se multiplicaron y hasta se atomizaron. Actualmente llevan adelante su tarea y sólo Dando a Luz participó en la redacción de la Ley 25929 De Padres e Hijos durante el proceso del nacimiento[2]. Esta tarea se ha visto fortalecida con el movimiento feminista de estos últimos años ya que el feminismo “anterior” por llamarlo de alguna manera no incluía en su plataforma el derecho a una maternidad libre, satisfactoria y elegida.

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Los pañuelos verdes integraron la libertad de elegir ser madre o elegir no serlo aún estando embarazada y establecieron un nuevo parámetro con el reclamo por el aborto libre y gratuito: ya no sería tan fácil “denigrar” a una  parturienta, porque si llegó a esa instancia es que ha elegido ser madre y no por ser víctima de un acto involuntario.

Las más jóvenes, las pibas validaron la lucha contra la violencia obstétrica, y empezamos a ser visibilizadas en nuestra lucha. Las mujeres quieren su parto. Las mujeres quieren elegir.

En la última semana de noviembre dos eventos distintos y complementarios en la defensa de la mujer y en la condena a la violencia obstétrica tuvieron lugar. Uno en Rosario dirigido por el Colectivo de Mujeres Auto Convocadas “Mujeres en Tribu”, en una jornada de capacitación y  reflexión, y el otro, en la Ciudad de Buenos Aires convocado por el Ministerio Público de la Defensa (MPD) un organismo del Poder Judicial de la CABA cuya misión es asignar Defensores Públicos que asistan a lxs habitantes en sus reclamos contra el gobierno de la ciudad, dentro del programa contra la violencia institucional y dentro  del programa de salud, este organismo decide encarar una capacitación contra la violencia obstétrica llamando para esto a gente de las asociaciones civiles y profesionales independientes e ideológicamente comprometidos en la lucha contra la VO.

Decimos que estos dos eventos se complementan porque podrían llegar a formar un solo evento de gran alcance.

En Rosario la jornada fue dirigida a todo público con la intención de reforzar e insistir en la fundamentación de los reclamos y la manera de cursarlos. De las distintas ponencias, citaremos la de Agustina Petrella, la primer mujer que lleva adelante una acción judicial como víctima de esa violencia invisible y por lo tanto aún hoy muy difícil de señalar. Su experiencia tan lamentable, aunque tal vez no más que la de otras mujeres tomó estado público cuando fue noticia en Infobae[3] que hizo visible lo invisible y creíble lo increíble con el “simple” hecho de publicarlo en medios. Es que poder de denunciar implica testimoniar dándole valor a la propia experiencia reforzando el concepto de lo que está mal y debe enmendarse, nos dice Petrella. En el plano judicial se trata también de sentar jurisprudencia que sirva para prevenir el daño que esta violencia produce en la madre y en la/el recién nacidx. También destaca Petrella que las denuncias se pueden hacer por vías administrativas como reclamo o queja, (previo a la via judicial, si se decidiera y se pudiera iniciar una demanda) y por medios de difusión.

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En Buenos Aires, el evento se centró en definir y hacer visible la V.O. dirigido a agentes del poder judicial, más exactamente a aquellos quienes eventualmente recibirían las denuncias de las usuarias del sistema de salud. De las distintas ponencias la de la médica obstetra Claudia Alonso se centró en definir la violencia obstétrica como violencia de género.  Desde el Hospital de Tigre, se vió separada del servicio pro-vida por facilitar el acceso a derechos femeninos que incomodaban a las cúpulas directivas, y por cuestionar incansablemente el modelo patriarcal y abusivo del hospital.  Hoy brinda atención primaria en un centro de salud y atiende en su consultorio. Ella ha presentado algunos conceptos ineludibles en el reconocimiento de la VO, desde la definición de patriarcado hasta el reconocimiento de los roles asignados socialmente, dado que las diferencias biológicas, culturales y económicas se han convertido en desigualdades sociales, discriminación y asimetría en el trato en la atención ginecológica y obstétrica. Los valores del patriarcado dejan a la mujer en una situación donde lo sexual se limita a lo reproductivo convirtiéndola en un territorio en disputa, propiedad del sistema sanitario y del mercado o capital.

Estos conceptos se vieron reforzados con la presentación de la Lic. en Psicología y Sexóloga, Viviana Tobi[4] quien señaló que en nuestra cultura la imagen socialmente aceptada de una mujer embarazada es asexuada y con un acento fuertemente puesto en lo maternal (…) Debemos reconocer que el parto es un acto sexual íntimo en el que el equipo médico debe resguardar la privacidad de la mujer y la pareja.

La falta de respeto y la indignidad en los hospitales para con las  mujeres de bajos recursos y el abuso de rutinas médicas en mujeres del sector más pudiente, iguala las clases sociales en un solo padecer contemplado en la Ley del Paciente.[5]

Según Alonso, la V.O. es una de las violencias más invisibles y naturalizadas que existen y se ejerce bajo la forma de cuidados médicos, ya que habiendo evidencia científica a favor de acompañar la fisiología del parto en vez de intervenir innecesariamente, lo único que explica la inobservancia de dicha evidencia es la violencia de género.

Tanto en Buenos Aires como en Rosario, podemos decir con satisfacción, que la capacitación se brindó desde las bases, para dirigirse “hacia arriba”. Al igual que en la lucha por el aborto igualitario, la lucha es una, es nuestra  y deseamos sostenerla.

 

[1] LEY 26.485 “DE PROTECCION INTEGRAL PARA PREVENIR, SANCIONAR Y ERRADICAR LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN LOS AMBITOS EN QUE DESARROLLEN SUS RELACIONES INTERPERSONALES”, expresa en el Art 6, inciso e

Violencia obstétrica: “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929” (Ley de Derechos de padres e hijos durante el proceso del nacimiento, sancionada en 2004)

[2] La Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento (RELACAHUPAN)  LEY 25929 derechos de padres e hijos durante el proceso del nacimiento. Promulgada el 25 de agosto de 2004, vigente desde el 21 de noviembre de 2004 en todo el territorio nacional. Reglamentación de la Ley N° 25.929:Decreto 2.035/15. Emitida el 24 de Septiembre de 2015

[3] www.infobae.com/sociedad/2017/06/28/aca-no-estamos-para-cumplir-los-caprichitos-de-los-padres-la-historia-detras-del-primer-juicio-por-violencia-obstetrica-del-pais/

[4] Directora de Tobi Natal, institución dedicada a la preparación para el parto y a la salud de la mujer. www.tobinatal.com.ar

[5] 26529 Derechos del Paciente en su Relación con los Profesionales e Instituciones de la Salud.

María Pichot es asidua colaboradora del área de Artes Visuales en leedor.com Se dedica al esclarecimiento de la V.O. desde el feminismo, el arte, y las técnicas corporales. Egresada del Prof. Nac. de Expresión Corporal, (UNA). Es autora de El recetario completo de la violencia obstétrica. Todas las imágenes que ilustran la nota son de su autoría, en su potente versión de artista visual.