Crítica de Yo niña, de Natural Arpajou

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Se puede suponer, tras ver el primer largo de Natural Arpajou, reconocida cortometrajista argentina, a qué se debe su nombre. Tan original llamarse Natural como llamarse Armonía, nombre de la niña que protagoniza este film que acaba de competir en el Festival de Mar del Plata en la sección argentina.

Ambientada en los años 60, 70 una pareja naturista, antisistema, vegana, vive en algún lugar del sur argentino a orillas de un lago, en una casa de madera y con los mínimos recursos. Tienen a la pequeña Armonía, y la educan en ciertas severas formas en contra de la “civilizacion” organizada. Sus padres pondrán a prueba la fuerza de Armonía hasta en las cosas cotidianas, sus deseos de ir a la escuela, su acceso a un mundo que no conoce. Julia y Pablo (Andrea Carballo y Esteban Lamothe) son estrictos en esas formas y arrastran a la pequeña a un modo de vida sin escolarización, sin medicina y sin dinero, con el único y solo contexto de la naturaleza.

El punto de vista que adquiere la narración de Yo niña tiene que ver con el título. Es que Armonía, espléndidamente interpretada por Huenu Paz Paredes y verdadero gran hallazgo de la película, pone sobre el mundo una mirada no muy benevolente de esa vida idealizada, arcádica y rebelde que mira con ojos poco comprensivos; frente a las diversiones de sus padres o las discusiones que provocan la separaciones que dejan a madre e hija a la suerte de esa misma naturaleza que adoran, Armonía se presenta como una niña poco feliz.

Ella solo quiere una muñeca Barbie, que vengan a buscarla “los verdaderos padres” de alguna galaxia exterior y saber algo sobre Dios. Esos clichés a los que se suman algunos más sobre el vegetarianismo y la vida alejada de la ciudad.

Yo niña es prolija en la realización, tiene una bella fotografía, una buena puesta en escena, y asume realmente bien el punto de vista de esa pequeña niña que sufre los ideales de sus padres.

El estreno está anunciado para el próximo 22 de noviembre.