#33MdqFestival: Crítica de Roma, de Alfonso Cuarón

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La última película del director de Grandes esperanzas y Gravedad apela a aspectos autobiográficos y se centra en la vida de una joven mucama mexicana durante la década del ’70.

Con un nítido blanco y negro la película de Alfonso Cuarón posa su mirada sobre Cleo (Yalitza Aparicio, una revelación), una de las dos mucamas que trabaja para una familia de clase media acomodada en la que, en apariencias, todo parece ir bien. Pero a medida que el metraje avanza no tardaremos en darnos cuenta de que la señora de casa y los cuatro niños no encuentran en el padre la atención que requieren. Frente a los conflictos que esta situación suscita, Cleo jamás abandona su labor obediente y por momentos parece ser una integrante más de esa familia a la que sirve con tanta dedicación.

El punto de vista del film jamás se aparta de Cleo. A través de ella nos llegará información sobre el complejo panorama político, sobre todo cuando salga a la calle (ya sea a hacer compras o para mantener encuentros con su novio). Cerca de la mitad del film, una situación imprevista la pondrá en un estado de fragilidad y, desde entonces, su propia vulnerabilidad quedará expuesta ante los demás.

Roma es un verdadero tour de force emocional; una película que engloba la paradoja de ser producida por Netflix pero ser toda una experiencia pensada con las herramientas del cine (para ser disfrutada allí). Cuarón se revela como un hábil prestidigitador del tiempo, capaz de detener la cámara para capturar un gesto o movimiento significativo, pero también de orquestar travellings que amplían la mirada del espectador sobre la cotidianeidad de ese hogar.

El mayor defecto de la película tal vez sea el que traiciona ese trabajo sobre la imagen tan sutil, y llega con una exhibición del dolor gratuita que aporta poco y nada. De alguna forma, el director logra redimirse con otra secuencia que transcurre en la playa, hacia el final; tal vez, una de las imágenes más bellas y conmovedoras que nos dio el cine más reciente. Habrá posibilidad de debatir cuestiones de clase que se desprenden del relato (o que lo constituyen, más bien), pero es innegable que Roma es una película de gran alcance emocional, pensada desde la cúpula de la televisión streaming pero altamente recomendable para disfrutar en una sala.