Aplausos y silbatinas en la apertura del 33° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

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En medio de un temporal en Buenos Aires que complicó la llegada de algunos invitados a la ceremonia, la proyección de Sueño Florianópolis, de Ana Katz, fue la encargada de abrir oficialmente el Festival. Previo a la exhibición del film, hubo diversos discursos. El que ofreció el Secretario de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, recibió una cantidad de silbidos nunca antes escuchado en una apertura.

La expectativa era, como siempre, grande. Estaba por comenzar una nueva edición del único festival de cine clase A de América Latina, cuya dirección artística recae por primera vez en una mujer, Cecilia Barrionuevo. Y si bien desde el mediodía se ofrecieron algunas funciones, es sabido que el puntapié siempre lo da una película seleccionada para la ocasión. Mientras la sala se llenaba paulatinamente, un cóctel hacía más disfrutable la espera, al tiempo que un photo call reunía a figuras tan disímiles como el mítico Jean Pierre Léaud y Esmeralda Mitre. Un comienzo ecléctico, por así decirlo.

El primer discurso estuvo a cargo de Pablo Avelluto, quien –a tono con lo que manifestó en la presentación del festival, algunas semanas atrás- se encargó de señalar el éxito de la plataforma Cine.ar, el récord de rodajes (dato desmentido por varias figuras y entidades del ambiente) y las acciones legales que lleva a cargo desde su gestión para ofrecer –según sostuvo- transparencia (además de revisar asuntos de gestiones pasadas). En el momento en el que dio cuenta de esto se escuchó la silbatina más álgida que le prodigaron durante el tiempo que habló. Y fueron varias…

Luego fue el turno del Presidente del INCAA, Ralph Haiek, quien ponderó la existencia del Festival y remarcó hacia el final de su discurso el hecho (inédito hasta ahora) de que los marplatenses tendrán la posibilidad de ver las películas premiadas de forma gratuita, el domingo 18. Por su parte, José Martínez Suárez, Presidente del Festival, se manifestó entusiasmado ante la nueva conducción artística y señaló que esta será la mejor edición que haya tenido Mar del Plata.

Cecilia Barrionuevo, la flamante directora, fue recibida con un fuerte y extenso aplauso que contrarrestó el clima tenso. Consideró que este evento es “un gran camino recorrido y un punto de partida”. Y agregó: “Esta edición del festival es la continuidad de una larga historia, de una tradición cinéfila que nos llena de orgullo”. También agradeció el trabajo del equipo de programación, integrado por Marcelo Alderete, Pablo Conde, Paola Bontempo y Francisco Pérez Laguna.

“A todos nos une un amor por el cine y la concepción de que los programadores debemos ante todo defender la libertad de los cineastas, apoyar y dar lugar a las películas para que puedan encontrarse con el público. El cine es una fuente de conocimiento, de placer y de diversión. Y esta diversión no es sólo un espacio de mero entretenimiento, sino un terreno de diversidad y reflexión sobre el mundo que no debe tomarse a la ligera. Celebramos en tiempos de revuelo un cine humanista y plural en su sentido más amplio, un cine que se compromete en la construcción de contextos más igualitarios y que muestra el coraje de ir a lo diferente”, dijo Barrionuevo ante un Auditorium colmado, antes de dar paso a los premios a la trayectoria. Premios que recibieron Narcisa Hirsch, Lucrecia Martel y Mercedes Morán, única que pudo recibirlo porque las otras dos galardonadas (al igual que Juan Fernando Lima, vicepresidente del Instituto) no pudieron llegar a causa del temporal que se desató en Buenos Aires. Morán, protagonista junto a Gustavo Garzón de Sueño Florianópolis, agradeció el premio y manifestó que tuvo preocupación por la realización del Festival este año, frente a los recortes que sufre el ámbito de la cultura.

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Acto seguido, el equipo de la película subió al escenario para dirigirse al público. De nuevo hubo discursos sentidos que versaron (además de los consabidos agradecimientos) en el deseo de un mejor destino para Brasil, tras las elecciones que llevaron al ultraderechista Bolsonaro a la presidencia. Allí se filmó la película, que contó con varios actores brasileños a cargo de roles importantes.

Sueño Florianópolis resultó una muy buena elección como apertura. Y no sólo por la calidad de la película, sino por el hecho de sintetizar el espíritu de Mar del Plata, oscilante entre la cinefilia y “lo popular”. Ana Katz ya había estado aquí con su ópera prima, El juego de la silla (2002) y llega a su quinta película consagrada como una directora plena en recursos. En su último opus el foco está puesto en la convivencia vacacional de una familia.  Lucrecia (Morán) y Pedro (Garzón) están separados, pero eso no los detuvo a la hora de planear este nuevo viaje a Florianópolis junto a sus dos hijos.

De la película habrá posibilidad de hablar cuando se estrene comercialmente, pero a modo de síntesis encontramos sus principales méritos en las actuaciones y en la destreza que tiene Katz para extraer de esa suerte de “temporalidad productiva suspendida” propia de las vacaciones singulares momentos de verdad, inscriptos en las miradas y las variaciones de los puntos de vista (sobre todo, de los objetos de deseo) que vivencian los personajes. En este film el trabajo sobre el espacio y el tiempo tiene mucho del cine de Eric Rohmer, en la que los paseos y los encuentros personales tejen sutilmente una red de afectos y percepciones que hacen a los personajes más orgánicos (y más queribles, por qué no). Sueño Florianópolis tiene una trama que es digna de un drama, pero Katz decide traducirla a imagen como una comedia distendida, aunque no por eso menos profunda.