Crítica de “La oscuridad se los permite”, de Enrique Campos

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La oscuridad se los permite es un libro que se para en el límite exacto entre poema y prosa narrando con un lenguaje metafórico y un ritmo más propios de la poesía. Según Enrique Campos: “Es claramente un libro que habla de la soledad, como probablemente lo hagan de una manera u otra, todos mis libros”; es esa la soledad de aquel que emprende el camino hacia su pasado, hacia eso que fue de niño y que solo puede reconstruir fragmentariamente.

La nostalgia, el sueño, el dolor por la pérdida y la ausencia son otros de los temas recurrentes de esta obra. Recuperar algo de aquello que fue, acceder a las “cavernas de la memoria”, como llamaba San Agustín al recuerdo, es el camino que se propone el protagonista. En ese viaje, “El único lugar seguro parece ser el sueño, aquel espacio inalcanzable que de golpe solo sabemos que sucedió”.

La escritura de Campos se caracteriza por un gran simbolismo y por el uso de metáforas novedosas en las que el poeta realiza asociaciones propias de los surrealistas. En cuanto a los símbolos, los pájaros remiten a la imaginación, al mundo celeste, a elevarse por encima de la realidad y acceder a otro plano: “Los pájaros invadieron la casa, los árboles, mi  mente”. La lluvia, por su parte, representa el recuerdo que inevitablemente opera sobre lo sucedido alterándolo: Llueve contra la ventana y las gotas distorsionan todo lo que existe del otro lado”. La lluvia, a su vez, nos remite al agua, fuente de vida, medio de purificación y centro de regeneración: “A lo lejos se escucha el ruido del agua. Es la única señal de un después posible. Todo lo demás evoca el ahora, ese ahora que se volvió tan cruel”.

Con respecto a las metáforas, “los pasillos enrojecidos de posibilidades, la historia vaciada entre nubes, el espejo transformado en jaula, el sueño redondo como una uva y con un color celeste claro” son claros ejemplos del principio de asociación libre de los surrealistas, aunque en Campos se nota cierta premeditación: nada está librado al azar. En este sentido, el libro está estructurado en cinco partes que dan cuenta de ese movimiento del yo que intenta acercarse al hogar del pasado, a las personas y a los objetos que lo habitaban: “En la espesa niebla de la madrugada, encuentro un sueño que escondí de niño”.

Volviendo a los símbolos, la oscuridad se transforma en el espacio que propicia la búsqueda del yo, la que permite “quedarse con una parte –quizá como recuerdo– de aquello que fue significativo”. La oscuridad remite al color negro, color de la noche, de la prueba, del misterio, de lo oculto: “La noche se anticipa oscura, sin blancos ni melodías, el escenario perfecto para atrapar la angustia con la mano”.

En síntesis, Enrique Campos es, fundamentalmente, un autor que domina la palabra, la moldea a su antojo, extrae de ella resonancias que nos permiten también a los lectores reconocernos en esa  reconstrucción fragmentaria del pasado que solo se presenta como retazos: “Hoy encontré dentro de una caja fantasías de otros tiempos. Aquellos en donde era visiblemente el mismo que soy hoy aunque las líneas de mis manos sean distintas”.

La oscuridad se los permite, Enrique Campos, Mansalva, 2018, 77 págs.

Otros libros del autor: Las edades de un monstruo, Uno y todos los posibles, El momento en su boca, Eterno solo para él y Hoy es lejano.