Crítica de: “Un pequeño favor” de Paul Feig

0
0
ASF_D28_PI_06798.ARW

Basada en el libro “A simple favor” (2017) de la escritora Darcey Bell, Un pequeño favor (2018) es una verdadera domestic noir, un nuevo subgénero del thriller que tiene por escenario uno muy concreto y reducido: el ámbito familiar. Una comedia típica de costumbres con su consabido arsenal de gags humorísticos y juego de palabras, pero salpicado con retorcidos  personajes que esconden algún muerto —o varios— en el placar.

“A simple favor” es la primera novela de Darcey Bell, una escritora de Iowa que confiesa en su ficha biográfica que ama a los niños, las series de detectives y el té de jengibre. Elementos que, salvo el té de jengibre que lo reemplaza por litros de martinis con limón, despliega en su primera novela, un verdadero best seller del 2017. El director Paul Feig, conocido por sus comedias ligeras y humorísticas como Spy y Ghostbusters III, participó también en capítulos de Mad Men, The office y Freaks and Geeks. Con estas últimas fue candidato como mejor director y mejor guión de comedia para los Premios Emmy.

El lado más oscuro de Paul Feig, así lo presentan en el tráiler de la película, y esto es cierto porque si bien Un pequeño favor no se aleja nunca del género comedia, podemos decir que sus dos horas de duración están divididas en dos mitades totalmente diferentes.

La historia se centra en uno de los lugares comunes y retratado infinidad de veces en toda trama que implique un posterior giro melodramático: la salida de los chicos de la escuela. Allí, las madres recogen a sus hijos, se miran, se diseccionan con la mirada y se convierten —unas y otras— en los comentarios obligados de sobremesa. Stephanie (Anna Kendrick) una de las madres que no solo participa en todas las actividades de la escuela sino que tiene un video blog en donde sube recetas de cocina, remedios caseros, manualidades y algunos chismes de barrio, se encuentra con Emily, la madre de otro de los chicos, amigo de su hijo, que va a buscarlo. Pero Emily (Blake Lively) no es una madre cualquiera, Emily es un misterio para todos. Vestida con su ropa más exclusiva, se presenta a la entrada del Warfield bajando de su auto como una verdadera femme fatale. La cámara lenta acentúa ese andar felino y peligroso. Como sus hijos quieren seguir jugando luego de clases, Emily invita a una sorprendida Stephanie a su casa a tomar algo para animarse, esto es unos martinis que degustan mientras se van conociendo. Y nosotros a ellas, a sus misterios, a sus secretos y  darnos cuenta de que nada es lo que aparenta. ¿Es Stepanhie tan pacata en su concepción del sexo? ¿Es Emily una mujer que busca una amiga verdadera porque nunca la tuvo? Así es como durante varios días, por intermedio de sus hijos, se frecuentan y Stephanie se convierte sin quererlo en una especie de niñera cada vez que Emily no puede ir a buscar a su hijo.

Pero un día Emily desaparece. Uno, dos, tres días el pequeño Ian (Nicky Nelson) se aloja en su casa y entonces decide intervenir. Llama a la empresa en donde ella trabaja en Relaciones Públicas. Al no tener novedades, llama a Sean (Henry Golding) su marido, que se encuentra en Londres. Mientras dan aviso a la policía, esperan la aparición de Emily: viva o muerta. Es aquí en donde la película toma un giro de 180 grados y se convierte en un verdadero domestic noir, pero sin dejar su lado humorístico. Paul Feig parece no querer que la historia se convierta en un producto sombrío y terrorífico —se han hecho comparaciones con Perdida (2014) de David Fincher y La chica del tren (2016) de Tate Taylor —, por los que hasta en los momentos más dramáticos asoma una veta de humor aunque, hay que decirlo, no siempre resulta efectiva.

Hay marchas y contramarchas y la trama se va complejizando a medida que avanza las investigaciones de Stephanie sobre la desaparición de su amiga, lo que nos lleva a pistas que no deja de sorprendernos casi el último minuto del film.

Las actuaciones de Anna Kendrick —nominada al Oscar y al Globo de Oro como actriz de reparto por Up in the Air (2009) — y de Blake Lively —una de las mujeres más bellas según la revista People y ganadora de importantes premios de actuación como el National Board of Review por The Town (2010) y el Newport Beach Film Festival por Elvis and Annabelle— son deslumbrantes. Tanto una como la otra —antagonistas en su forma de ser— logran momentos únicos en que sus miradas dicen más que diez hojas de libreto. Tal es así que todos los protagonistas que giran a su alrededor, tal el caso del marido de Emily, quedan opacados por sus brillos actorales.

Un pequeño favor es un film entretenido en su trama, refinado en su concepto —tanto el impactante vestuario de Renee Ehrlich Kalfus, el maquillaje y los escenarios se encargan de ello—, con personajes femeninos de armas tomar —literal y metafóricamente— y con una banda de sonido magistral. Dieciséis temas en donde desfilan perlas del pop francés de los ´60 como: “La madrague” y “Bonnie and Clyde” cantadas por Briggite Bardot, “Comment te dire adieu” de Francois Hardy, “Crier tout bas” de Coeur de pirate, “Poisson rouge” de Saint Privat, y “Laisse tomber les filles” de France Gall que cierra con los créditos.