Tauromaquias de Goya, Picasso y DaIí en Buenos Aires

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“Nuestra vida, la vida de los españoles consiste en ir a misa por la mañana, a los toros por la tarde y al burdel por la noche. ¿Cuál es el elemento de unión? La Tristeza.”  Picasso

“En una corrida podía morirme de una sobredosis de susto y de gusto” Dalí.

Espanto y confusión en la defensa de un chulo cogido” “La desgraciada muerte de Pepe Illio en la Plaza de Madrid” Goya titula sus grabados ns. 38 y 33.

 

La muestra que se podrá visitar en el Museo Larreta hasta el 6 de enero de 2019, comienza con la serie de grabados que Goya realizara alrededor de 1816 mientras concluía la serie de los Desastres de la Guerra e iniciaba los dibujos preliminares de los Disparates.

Goya supo expresar la desgracia y se alejó de un mundo pintoresco para reflejar el lado más oscuro de la tragedia y la muerte en la España de fin de guerra, de vuelta a la monarquía y restauración del Tribunal de la Inquisición. Justamente cuando la opresión estatal sólo podía interpretarse en clave de violencia, reaparecen en España las corridas de toros que Carlos IV había suspendido años atrás. Es entonces que la convulsionada nación comisiona a Goya en 1814  para crear estampas “sin implicancias políticas”.

Goya elige el grabado como soporte de la imagen y como medio de difusión creando así un lenguaje dramático y de gran expresividad y alcance. Se trata de una serie de grabados que  reconstruyen en una relativa cronología, escenas imaginadas o fantaseadas: desde antiguos españoles cazando toros hasta el Cid Campeador y Carlos V toreando en Valladolid. También aparecen figuras relevantes de escuelas de toreo y escenas en las que el artista consigna su experiencia como espectador de desenlaces trágicos, verdaderos registros de eventos memorables en la lidia.

Fue así que esta serie se ha convertido en un valioso documento no sólo para la historia sino también para artistas como Picasso que en ella encontraron inspiración.

Pablo Picasso palpó desde su infancia la fascinación por los toros de la mano de su padre, gran aficionado.  Su entusiasmo por las corridas aumentó durante su exilio en Francia. A su regreso volvió a los toros y  lo hizo en compañía de célebres franceses como Jean Cocteau o Georges Braque. Sus pasiones marcaron su obra, entre ellas, los toros fueron sus primeros dibujos. Ya en 1930 las figuras de las mujeres, los toros y el caballo constituyeron la máxima expresión de dolor en el Guernica (1937) obra que simboliza la lucha contra la opresión.

Ciertamente para Picasso el mundo del toreo tuvo diversos significados y metáforas que él  supo aplicar a lo largo de su obra pictórica, de modelado en cerámica y en su obra gráfica principalmente.

La serie La Tauromaquia, consta de 26 estampas que se presentan en esta exposición y  que había comenzado en 1928 con siete aguafuertes. La obra inconclusa se retomó en 1957 para concretarse en planchas de cobre al parecer en una sola tarde. En este trabajo consigna todos los momentos de la corrida.

Mas tarde en 1961 publicó otro libro, Toros y Toreros centrado en la figura de Luis Miguel Dominguín el famoso torero.

También Salvador Dali, de pequeño, asistió a las corridas de toros en su ciudad natal, Figueres. Fue allí ya en agosto de 1961 que celebraron en su honor la famosa “Corrida Daliniana”.

Otro evento memorable ha sido la Falla Valenciana de 1954 cuyo tema fue una “corrida de toros surrealista” con una escultura principal realizada por un maestro fallero que representaba un torero alado. Acompañan otros elementos surrealistas tales como una cabeza enorme mitad Dali y mitad Picasso. Como podemos apreciar en la muestra.

Para los círculos falleros de aquel entonces la obra resultó demasiado provocadora,  al igual que los “fenómenos delirantes” en la imagen de la Venus de Milo escondiendo el rostro del torero Manolete, obra   concebida de acuerdo con la representación o la interpretación de los sueños.

La serie de grabados y litografías presentes en la exposición bajo el tema La Tauromaquia fueron creados en 1968. La misma técnica empleó para el Torero Mariposa de 1972. También podemos apreciar siete heliograbados bajo el título La Tauromaquia Surrealista coloreados a mano en stencil, inspirados en el trabajo de Picasso sobre tauromaquia.

Claramente las referencias autobiográficas y psicoanalíticas de gran contenido simbólico y fantástico nos traen al Dalí que conocemos y esperamos ver. También podemos apreciar a lo largo de la muestra, cómo dichas referencias se cruzan y enlazan entre estos tres grandes artistas.

La muestra incluye un histórico trabajo de Emeric Essex Vidal en acuarela, realizado en 1817 titulado The bullfight in the Plaza of Buenos Aires. De esta exhibición en el Museo Larreta, los argentinos no salimos indemnes.

Como bien podremos apreciar, hemos sido parte del mundo de la tauromaquia desde temprano: en 1609 en la Plaza Mayor de Buenos Aires había corridas que se podían seguir desde el Cabildo de entonces.

En 1790 se construyó una plaza fija, la primera de Buenos Aires, en el espacio que hoy ocupa el Ministerio de Obras Públicas. Nueve años más tarde fue cerrada debido a los muchos asaltantes (rufianes) que se ocultaban en las galerías. Sin embargo poco después el Virrey Avilés encargó otra plaza fija esta vez en El Retiro a la que sólo podían asistir hombres,  que se inauguró en 1801 para más de diez mil espectadores. Sin embargo fue cerrada y demolida diez años más tarde por razones económicas y de mantenimiento. Sin embargo, las corridas de toros no desaparecieron, pasaron a la clandestinidad.

La prohibición corrió por cuenta del Gobernador Martín Rodríguez en 1822 y la prohibición definitiva apareció recién en 1856. Hubo un torero rioplatense famoso, Mariano Ceballos “El Indio” quien fue retratado por Goya durante su estadía en España a donde fue llevado convirtiéndose en gran atracción.

Actualmente en Casabindo se lleva a cabo el Toreo de la Vincha evocación incruenta de la corrida de toros y con otras características.

Sublimada o no, la violencia está presente y podemos verla. Todavía hay espectáculos socialmente aceptados como el Polo y el empleo de sus caballos, las corridas de galgos, las riñas de gallos, etc. que dan cuenta del maltrato animal a niveles institucionales o grupales. Queda un largo camino para recorrer en cuestiones éticas hacia el trato con los animales.

La muestra del Larreta abre la sección visual a videos necesarios vinculando estos tres grandes del arte español y su pasión por los toros. Por último, hay una sala dedicada a la Literatura y la Tauromaquia de mucho interés de la que citamos  el siguiente párrafo, testimonio de Gori Muñoz  sobre los toros rioplatenses:

“Los toros lidiados en Buenos Aires eran más bien de ganado con poco brío, más bien mansueto. Toros gordos acostumbrados al abundante y fácil pasto, eran toros, en fin, de poca casta”.

El espectáculo de los toros no se da en Argentina, será por ética ¿o… por falta de carácter en los toros?

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