Entrevista a Lucas Monzón: “Estamos en una generación revolucionaria”

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Monzón presentará su nuevo disco Franco el 8 de noviembre en Café Vinilo. En este trabajo, el acordeonista fusiona el chamamé con otros géneros y brinda a esta música una fuerza renovada y joven. Cultor de la tradición musical litoraleña, pero abierto a otras músicas del mundo, Monzón  nos cuenta sobre el temprano aprendizaje de su instrumento, su crecimiento en un entorno de músicos, sus actuales giras y sus influencias. “El arte renovador  y lo masivo no suelen ir de la mano”, sostiene el músico.

¿Cómo fueron tus inicios con el chamamé cuando de pequeño estudiabas con tu padre?

El acordeón y el chamamé llegaron a mí a los 4 años de edad, por aquel entonces en mi casa se respiraba música, el sonido del acordeón en la radio, en los discos todos los días, los recuerdos de mi infancia con mis viejos cantando y con músicos chamameceros pasando por mi casa durante sus giras, sus ensayos en el comedor, las charlas. Parecía no tener opción y esta música se pegó en mi piel para siempre. Mi Papa aprendió un poco para enseñarme a tocar algunas melodías de chamamé, así que desde entonces forma para de mi vida hasta el día de hoy. Con mi viejo tocábamos todas las tardes, sacábamos repertorio hasta que armamos un cuarteto y empezamos a hacer presentaciones  en las Bailantas del sudoeste chaqueño.

¿Buscás que tu música tenga aires locales pero con toques de música internacional? ¿Qué influencias reconocés?

Se fue desarrollando de a poco, casi sin pensar todas las músicas que escuché se fueron mezclando con el chamamé que yo había aprendido a tocar, después las fui puliendo, probando nuevas rítmicas, melodías, armonías pero siempre pegado a lo profundo de la tradición. Fue muy importante tocar y estudiar otras músicas también, como Jazz, bossa nova, Choros, Música clásica, entre otras. El Jazz tuvo una gran influencia, dedique bastante tiempo al estudio de la improvisación, que me permitió conocer más las posibilidades de mi instrumento.

¿Qué emociones pensás que transmite tu música? ¿Buscás que transmita alegría?

Creo que puede transmitir varias emociones, pero puedo decir que soy una persona bastante melancólica y reflexiva;  eso se refleja bastante, mayormente en mis composiciones. Pero al ser un músico chamamecero podemos decir que este género tradicionalmente tiene la gran virtud: de ser alegre y triste a la vez. Así que hay de todo un poquito. En cada obra en sí hay momentos distintos.

¿De qué manera el jazz se filtra en tus composiciones?       

Desde que empecé a estudiar Jazz, me apasionó. Primero escuchando discos que amigos me recomendaron, Bill Evans, John Coltrane, Charlie Parker , Dexter Gordon, Duke Ellington, entre tantos otros. Es un lenguaje que se desarrolló enormemente y con mucha complejidad. Siempre fue un disfrute escuchar esa música, así que como juego; fui probando en mis composiciones lo que iba aprendiendo y lo sigo haciendo hasta hoy. También la música latinoamericana juega un papel importante en todo lo que hago,  todos los géneros están muy relacionados rítmicamente y por suerte hay una enorme diversidad.

¿Con qué se encontrará el espectador en el show del 8 de noviembre en Café Vinilo?¿Qué me podés decir de los músicos que te acompañan?

Con un repertorio que es netamente regional, con composiciones propias y de otros artistas de la región,  los cuales admiro y compartimos una estética. Remitiéndonos también sutilmente a nuestros antecesores y la forma en que nos enseñaron a tocar el chamamé. La formación actual es un quinteto de lujo realmente, con músicos impecables: Guido Martinez en bajo eléctrico y contrabajo, Seba Henriquez en guitarra, Horacio Cacorilis en percusión y Matias Martino en piano. Con ellos, excepto Matias, grabamos este disco que vamos a presentar: Franco. Y  sumado a ello estará una Invitada maravillosa, Cecilia Pahl, quien grabó una canción de Coqui Ortiz en mi disco anterior  Noctámbulo.

¿Qué fue lo que descubriste en el acordeón que te hizo elegirlo sobre otros instrumentos?

Su fuerza, su sonido que está tan ligado a la música del Litoral. Cuando lo descubrí, era todo un misterio.  Siempre supe que ese era mi instrumento, también aprendí a tocar la guitarra y estudié piano, pero el acordeón siempre fue mi mejor forma de comunicarme. Es un instrumento complejo pero a la vez apasionante, al pulsarlo vibra en el pecho y genera una conexión con el cuerpo.

¿Qué es lo que más te gusta de nuestra música litoraleña?

Su profundidad, enorme expresividad y variedad. Hay muchos estilos distintos y bien marcados entre sí, aparte de gozar de un extenso repertorio que hasta el día de hoy sigo descubriendo. Los más grandes referentes y cultores de este género fueron brillantes compositores y muy buenos instrumentistas, con obras que forman parte del cancionero popular argentino. Nuestra música no deja de parir nuevos intérpretes excelentes y con un gran respeto por la tradición.

¿En qué se diferencia este trabajo de tus discos anteriores?

Sigue con la misma estética podría decir, pero este nuevo disco se desarrollaron más las ideas que venía trabajando en cuanto a lo grupal y la función que cumple el acordeón dentro del mismo. También estuve a cargo de escribir los arreglos de cada instrumento. Excepto la percusión donde colabora finamente Horacio Cacorilis. En el disco anterior las músicas fueron tomando forma dentro del estudio, en  cambio en Franco, todo se armó previamente para luego entrar a grabar. El modo de grabar fueron tomas que hicimos tocando todos juntos, ese fue también uno de los objetivos de este disco para lograr una mejor calidez en la interpretación.

¿Has hecho giras nacionales e internacionales? ¿Qué has encontrado en los diferentes festivales donde has participado?

Si, tuve la oportunidad de recorrer muchas provincias del país, también Paraguay, Brasil y Estados Unidos. En todos fue un panorama distinto: fueron  lugares en donde el chamamé era conocido y muy respetado y otros en donde no lo conocían pero se maravillaban con sus compases. Eso siempre era una sorpresa para mí y una alegría. Lo que sucede en otros países también es que no tienen los preconceptos que hay formados acá con ciertos géneros. No nos olvidemos que el chamamé en una época estuvo muy marginado y hoy quedan algunas secuelas pero eso nunca impidió su crecimiento y expansión,  entonces la gente lo escucha abiertamente y con mucho asombro.

¿Te parece que cada vez más el folclore se está fusionando con otros géneros?

Si, claramente. Y los hay, quienes criteriosamente y con una gran preparación tienen una mirada nueva y renovadora de cada género. Pienso que estamos en una generación revolucionaria, claro que lamentablemente no todos son populares ni masivos, pero por lo general el arte renovador  y lo masivo no suelen ir de la mano. Se respiran nuevos aires con músicas que crecen a pasos agigantados. Mi primer encuentro con la música litoraleña renovadora  fue con Rudy y Nini Flores y Coqui Ortiz, cuando tenía 15 años desde entonces vi que había una nueva forma de tocar y entender esta música, no era solo chamamé, había muchas cosas más, otra información fusionada con la tradición. Por supuesto que hoy se ven muchos músicos de distintos géneros con un gran compromiso con esa tradición y su evolución.