Crítica de “El gato no vuelve a casa”, de Nahuel Martínez Cantó

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Esta obra despliega una poética realista donde la ilusión de contigüidad prima por sobre todo aunque con flashbacks que rompen la estructura realista. Natalí se encuentra en plena mudanza, mientras Leandro viene a ocupar su casa con una pequeña valija y su guitarra. Ellos recién se conocen e intentarán reconstruir su pasado en el diálogo, ¿pero será realmente así?, ¿será que comienzan a conocerse o arrastran una historia difícil de olvidar?

El gato de Leandro se fue para no volver, así como el gato que la visitaba a Natalí parece haber desparecido para siempre. ¿El gato será acaso metáfora del amor? Con una estética que remite a lo naíf, lo ingenuo, la obra cuenta mucho más de lo que parece contar y hasta un relato para niños puede ser clave para pensar los vínculos que nos unen. La pieza tiene algo mágico que se va desenvolviendo a medida que avanza la trama, que es la misma magia de las sorpresas y la gradual revelación de la verdad.

Natalí nos cuenta de su amor por el arte y la fosforología; ella es artista plástica y realiza pequeñas obras con fósforos. Leandro se abre a escucharla y con gestos mínimos demuestra que no la ha olvidado. Natalí se muestra tímida y esquiva, parece no recordar su pasado encuentro; no obstante, compartiendo anécdotas, intimidades y situaciones incómodas, ellos parecen construir un mundo propio donde la sinceridad y la espontaneidad reinan y donde la chispa del amor se puede llegar a encender al igual que un fósforo.

Las actuaciones de David Subi y de Julieta Timossi se destacan por insinuar más de lo que dicen. Sus personajes van perdiendo poco a poco la timidez inicial y se transforman gradualmente. El encuentro es lo que lleva a cabo la transformación y el trabajo de ambos muestra cómo un encuentro que parece insignificante puede marcar la vida de uno.

Nahuel Martínez Cantó nos entrega una historia para nada pretenciosa que logra conmover desde un argumento simple: con pocos elementos se resume un mundo, como si viéramos los brotecitos de una flor que tiene abundantes raíces. Del mismo modo este relato podría tener múltiples secuelas y ramificaciones, pero opta por quedarse en ese encuentro único que dice demasiado de los personajes sin que ellos lo digan con sus propias palabras. Así, lo que no entra en los diálogos se infiere en las miradas, en las canciones que los protagonistas podrán entonar, en la seducción que asoma sin buscarla. ¿Y si el gato vuelve habrá esperanza de que esta historia siga y de que el desencuentro pasado se transforme en un encuentro presente? No lo sabremos, pero podremos imaginarlo.

Ficha artístico-técnica

Autoría: Nahuel Martinez Cantó

Actúan: David Subi, Julieta Timossi

Escenografía: Macarena Hermida

Iluminación: Gustavo Reján

Audiovisuales: Cecilia Dalceggio, Meme Liébana, Matias Mirassou

Fotografía: Nahuel Martinez Cantó

Diseño gráfico: Martín Speroni

Asesoramiento musical: Florencia Albarracín, Juan Matías Tarruella

Asistencia de dirección: Luciana Taverna

Colaboración autoral: David Subi, Julieta Timossi

Dirección: Nahuel Martinez Cantó

Domingos 20 h; Teatro La Verbena; Mansilla 3808

Entrada: $ 180,00 / $ 150,00 – Domingo – 20:00 h – Hasta el 25/11/2018