Netflix: Crítica de Vida privada, de Tamara Jenkins

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Para dar aire a tanta superproducción postapocaliptica, y directamente desde Sundance, se estrena en Netflix este film independiente con Paul Giamatti (Entre copas, Intercambio de almas, y Kathryn Hahn. Un matrimonio que pasa los 40, ambos escritores, él de teatro, ella de novelas, relegan su paternidad y maternidad para desarrollar una profesión. Sus respectivas carreras no los instalan en el mainstream de la cultura pero les da cierto prestigio y reconocimiento del que gozan sin estridencias. Aunque viven de otra cosa que se menciona al pasar, las referencias, muy ajustadas, al mundo cultural neoyorkino están presentes en momentos clave.

La adopción o la fecundación in vitro, o el vientre subrogado, son temas que aparecen en el horizonte de estos personajes para resolver el deseo omnipresente de tener un hijo a partir de un momento determinado. Cuando sus cuerpos ya no están tan preparados. La medicina tiene un protagonismo central, incluso la venta de estos procedimientos en busca de la fertilidad.  La historia aborda el tema con la decisión ya tomada y con tratamientos ya iniciados, por lo tanto recurrirá Jenkins a algún flashback para contar lo ocurrido algunos meses atrás, con aquella joven madre que supuestamente iba a dar su bebé en adopción: desde ahí sabemos que Richard y Rachel necesitan entablar una relación personal con la mujer que va a dar su vientre o sus óvulos, y nos mostrará dos personajes sujetos a ese deseo.

Con el discurrir de la historia las elecciones éticas están relacionadas con las decisiones emocionales. Por lo que no habrá demasiado qué pensar cuando aparece Sadie, la sobrina indirecta de Richard, hija de la pareja de su hermano. Ella es una chica vital, desenfadada, que los mira y admira como si fueran sus padres, y a los que van a donar un óvulo como si fuera el regalo de su vida pero tambien como un acto de rebeldía. En esa relación triángular tal vez esté lo más interesante de la película: cómo enfrentar que alguien conocido haga semejante donación y cómo encarar el futuro de esas constelaciones familiares.

Sin sentenciar sobre los nuevos modelos de familia, ni sobre el futuro de ese posible bebé, sin instalar reflexiones éticas, Vida privada que acierta desde el título a moverse en el mundo de la intimidad de una pareja, el comienzo ambiguo refiere a un cierto erotismo, pero son las decisiones de una pareja las que están verdaderamente en el centro, también apuesta a pensar cómo resolver los sentimientos inmediatos, como reaccionar frente al fracaso y qué cosas poner en juego en la insistencia y el apego.

En cuanto a esa insistencia, y a a la espera, el plano fijo final es uno de los tesoros que guarda el film de Tamara Jenkins.