Entrevista a Victoria Zotalis (Origami): encuentro entre música y palabra

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Apostando al jazz, al scat y la improvisación, el conjunto Origami consigue un trabajo muy logrado en Semimundos, donde hay lugar para el lucimiento vocal e instrumental. Antes de su concierto en la sala Leopoldo Marechal el sábado 27 de octubre, Zotalis nos revela algunos secretos de su arte, nos cuenta cómo se formó el grupo, sus inicios en la música y su interés por develar el sentido de las palabras y complementar la potencia expresiva del canto con un bello texto.

¿Cómo describirías tu acercamiento a la música y tu incursión por diversos géneros?

Desde niña la música fue un puente de lazos amorosos a pesar de que nadie se dedicara profesionalmente a eso, mi mamá tocaba la guitarra y cantaba boleros, mi papá cantaba jazz jugueteando a ser Frank Sinatra. Mi abuela me ha pagado clases de música y a los 18 años, en una postal inolvidable de ella saltando de su escondite para darme la sorpresa, me regaló el piano que de niña, hija de inmigrantes luchadores, no se había podido comprar y por eso se dibujaba tecladitos donde fantaseaba conciertos. Así yo, desde que recuerdo, cantaba y tenía la música en el centro de la vida. Cuando empecé a crecer me fui encontrando con artistas, y grabando casetes de la radio; reunía a The Police, con Duke Ellington, a pura cacería de músicas. Y luego inventaba dispositivos misteriosos para grabar inventos que me brotaban, adoraba experimentar armonías y deliraba tratando de aprenderme melodías dificiles, morí de entusiasmo cuando descubrí a Ella Fitzgerald haciendo scat, canté los Beatles y Queen inventando fonéticas extraterrestres, cepillo como micrófono en mano para darle curso a la pasión cantoril. Toda esa alegría de hacer siguió evolucionando nutrida de estudios y siempre mucha curiosidad aventurera, que es la que me sigue haciendo volar como alfombra mágica por donde pueda cantar algo que me haga expandir el corazón. Así aprendí muchísimo haciendo música con otros, y soy super nerd, me fascina estudiar, soy estudiante crónica.

¿Qué te llevó a formar el grupo Origami con Tavo Centurión?

Con Tavo nos conocimos en Chancho Va, un proyecto en el cual nos reunimos con Nati Martinez y Ramiro Luengo a darnos envión para sacar a la luz por primera vez composiciones propias. Y Tavo fue invitado por Nati a tocar el bajo. Nos entendimos muy  bien, tenemos un modo parecido de abordar la música: nos gusta lo complejo, pero somos medio bestias peludas intuitivas, coincidimos en la combinación de obsesión y osadía para hacer. Y cuando fluye, hay que darle curso.

¿Sentis que tienen puntos en común con el grupo vocal Take 6 o con el grupo argentino Cabernet, por ejemplo?

No somos un grupo vocal, pero en el disco sí me permití darme el gusto de hacerme los coros que escucho en mi cabeza en varios temas. Por allí encontraría algún  punto de coincidencia. Creo que también hay algo de lo groovero que atraviesa estas propuestas. Y yo digo que hay algo en este disco que tiene una suerte de elegancia, que también veo en Take 6 y Cabernet. Como que la música está cubierta de almíbar!

Igual me sorprende la pregunta…¿escuchan algo en común? Yo tengo pendiente en el tintero del deseo armar algo vocal….tal vez ya está asomando. Al menos en Tiburón, uno de los temas de Semimundos, admito que hay unas voces y unos fraseos muy deformes y singulares…

¿Sentis que la música del grupo está más cerca del jazz o del folklore?

Este disco particular creo que se inclina más hacia el lado del jazz, igual ser cosmopolitas y sudamericanos hace que lo de acá se nos cuele inexorablemente. En “Siluetas de humo” que es una súper balada de jazz, yo siento mucho perfume a tango. O la Milonga Secreta, que tiene esa cruza de milonga y standard. De todos modos, siempre con ese mestizaje de groove y pampa que menciono, tenemos materiales para probables futuros discos mucho más volcados a lo folklórico…serán para otro momento.

¿Qué importancia le das a las letras y al juego que ellas proponen?

¡El encuentro de la música y la palabra es uno de mis motivos de felicidad al cantar! La palabra, aún hablada, sin música, es una cáscara hueca (como digo en “Rugido Humano”, una canción que será para el disco que viene). La voz cantada es comunicación emocional, si la palabra sabe vestirla, y el sonido sabe poblarla, esto es de una potencia exquisita. Esta búsqueda del decir profundo es uno de mis motores en la interpretación. Y a la hora de componer me deleito tratando de develar las palabras, la historia que cuenta una melodía, o a la inversa, descubrir la melodía que va a encarnar el subtitulo emocional de un texto.

¿Cómo se conformó la actual formación?

Antes contaba cómo lo conocí a Tavo. Cuando estuvimos un tiempo tocando en dúo, Tavo conoció a Lucas Zalazar y, además de su talento, de la afinidad en el gusto por hacer música, el encuentro en sí, el placer de ensayar, investigar hizo que Lucas pase pronto de invitado permanente a integrante. Con el tiempo, el deseo de que estuviera a cargo de la parte armónica alguien de alto vuelo, nos llevó a invitarlo a Demian Ornstein en la guitarra, que estaba tocando con Tavo en otros proyectos. Yo estaba al frente de la armonía tocando piano, que aun en este disco lo sigo haciendo en dos temas, pero preferí enfocar en mi rol de cantante y dejar esa parte en las sabias y talentosas manos de Demian.

Y ya preparando el plan del disco, quisimos redoblar felicidad y lo invitamos a Sebastian Zanetto a sumarse al piano, ¡que disparó el sonido grupal a niveles de felicidad celestiales! Por ahora es un invitado intenso. Creo que esta formación, por los instrumentos y por la particular afinidad que tenemos como artistas particulares, es una nave maravillosa, logra plasmar una idea musical con mucha contundencia.

¿Qué elementos toman del jazz y qué cuotas de improvisación hay en las canciones?

Hay abordajes rítmicos y armónicos muy jazzeros (que igual, no son recursos propiedad sólo del jazz!): compases irregulares, armonías con recorridos no tan convencionales a veces, algunos temas incluso juegan con elementos típicos del jazz como walkings furiosos. De todas maneras creo que remite más a un jazz moderno, al filo del soul, por momentos. Igual me cuesta mucho etiquetar, siempre se quedan cortas las definiciones, porque la idea es crear algo novedoso, una síntesis singular. Y la improvisación tiene un espacio en este disco, ¡claro! El clímax creo que lo alcanza en “Princesa Linyera”, en el disco -que fue grabado en vivo- ¡tuvimos la suerte de lograr capturar una impro gloriosa!

¿Qué tienen pensado para el concierto del 27?

El 27 de octubre en el Marechal, estaremos presentando los temas del disco, que venimos ensayando muchísimo, con ganas de compartir! Y sumaremos a la celebración otro ingrediente increíble: Alejandro Bustos con proyecciones de sombras de arena. Ale es un ilustrador maravilloso que desarrolla este recurso alucinante que recién mencionaba. Así improvisa ilustraciones en vivo, lo cual  resulta en el encuentro con nuestra música en algo de una hermosura mágica. Va a ser una fiesta!

¿Cómo definirías a Semimundos en pocas palabras?

Semimundos es una travesía por diferentes lugares del alma, de singulares criaturas, algunas oníricas. Es una invitación a zambullirse en el inmenso mundo de las intimidades, a deleitarse con sus paisajes y texturas.