El tamaño de los sueños, Wimpi

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Wimpi, seudónimo de Arthur García Núñez (1906-1956), fue un periodista, humorista y narrador uruguayo. En 1940, se radicó en Buenos Aires y colaboró con Noticias Gráficas, el diario Clarín y radio El Mundo. Publicó tres libros de relatos humorísticos, y luego de su muerte se publicaron otros libros de cuentos y recopilaciones de textos radiales. También se editaron discos con sus narraciones para niños en su propia voz.

Compartimos uno de sus textos, en el que se nota su particular estilo, su humor característico, su filosofía de lo cotidiano, y donde aparece su personaje de “el tipo” que es él, pero también todos nosotros.

El tamaños de los sueños

El tipo se hace, por lo general, pesimista, a fuerza de ir viendo lo que les pasa en la vida a los optimistas. Hay un optimismo capaz de producir pesimismos. Es el de los optimistas que enajenan el presente, que desatienden la hora en que se vive.

Aspirar a la plenitud es un modo de conspirar contra ella. Quien aspira a mucho, en efecto, siempre se siente defraudado por lo que pudo, luego, conseguir.

Cada hora de la vida tiene una riqueza, un significado, un sentido. Cuando el tipo no aprovecha esa riqueza, no advierte ese significado, no entiende ese sentido,
ha sufrido una pérdida que ya con nada podrá compensar.

No es optimismo auténtico el de quien espera confiado a que la realidad llegue a tener el tamaño de sus sueños: lo es, en cambio, aquel capaz de vivir su sueño como una realidad.
Esperar a que una ilusión se realice es una falta de respeto para con la ilusión. Esperar a que se transforme en una cosa que pueda tocarse o guardarse en un cofre o ponerse en la heladera es quitarle a la ilusión sus valores más ciertos, su gracia más diáfana y su gloria más pura. Es confundir a la ilusión con un pagaré.

Dicen los pesimistas que no puede haber felicidad completa, porque están aburridos de ver la decepción de los optimistas que creían que podía haberla.

Pero es que la felicidad no es nunca una cosa hecha: se va haciendo. No se trata de que el tipo piense que llegará a ser feliz: se trata de que, lúcido, vaya siendo feliz.

A cada momento el tipo llega a algo. Lo malo es que no se da cuenta. Nada de lo que pasa, pasa. Todo se hace nuestro. Y el tipo, que siempre quiere apoderarse de todo, nunca sabe ser dueño de nada.

La felicidad no puede estar al final de ningún camino: debe ir estando en el camino. No es, nunca, una cosa hecha: es intención y referencia, es conciencia y fe. No busca el camino hacia una cosa: se hace, entre las cosas, un camino.

Todo momento es algo, todo paso es una decisión. Cada latido es un regalo. Por no haber entendido eso tuvo que confesar, allá en sus años viejos, la Marquesa de Sevigné: “¡Qué feliz era yo en aquellos tiempos en que era infeliz!”.

WimpiFoto de la portada: ciudad de Montevideo