Festival de San Sebastian 2018: Crítica de Gigantes, serie presentada por Movistar

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Exclusivo desde Donostia-San Sebastian

Gigantes, o matar al padre 

Érase una vez una familia de narcos comandados por Abraham Guerrero y sus tres hijos: Daniel, Tomás y Clemente. En la trastienda de una tienda de antigüedades enclavada en “El Rastro” de Madrid el patriarca fragua un poder y una fortuna gracias al tráfico de cocaína que sus hijos continuarán a su manera, pues intentan alejarse y  matar a este padre severo y malvado, de negarle, y esto les acabará condenando.

Gigantes” es la apuesta de Movistar +, la plataforma audiovisual de Telefónica, por presentar una serie con el negocio del narcotráfico cómo protagonista, dado el éxito de Series cómo “Narcos” y “Fariña”, ambas en Netflix. El nivel de la competencia es elevado, así que no se han andado por las ramas y han propuesto una apuesta cuya premisa es no tener límites, al igual que la familia Guerrero, protagonista de esta historia que no dejará indiferente a espectador alguno. El grado de testosterona puesto encima de la mesa es llamativo y somos testigos de un sinfín de temas escabrosos que remiten a lo más atávico del ser humano y de la sociedad española en particular.

El racismo hacia el pueblo gitano y de éste hacia el resto de la población que no es gitana vertebra gran parte de los impulsos y sentimientos de los muchos personajes que asaltan esta ficción, pues aunque los hermanos Guerrero son “payos” sus rivales son gitanos y la esposa de Tomás, el hermano mediano, sí lo es, al igual que su hija adolescente. También son gitanos los empleados más importantes que trabajan para esta familia de delincuentes.

Tratar de ser respetables tras un pasado repleto de maldades es el objetivo de dos de los hermanos. Tras la etapa del padre consistente en “guardar el dinero en el colchón” se pasa a invertir en obras de arte o a simplemente comprar un bar de barrio para tratar de llevar una vida feliz. Los caminos de los hermanos son diferentes pero se verán arrastrados por un destino cruel lleno de violencia y desenfreno.

No hay ánimo documentalista y esto enlaza con el carácter de la Serie. El material está claramente sacado de la realidad pero siempre desde la ficción más absoluta. Los capítulos bordean lo imposible y al mismo tiempo, la verosimilitud no se abandona nunca. La sensación de vértigo acompaña al espectador en muchas escenas. Esta familia podría haber sido legendaria, si hubiera existido… y aquí la serie se aparta de “NARCOS” y “FARIÑA” que están basados en personajes reales y conocidos por la opinión pública.

Quizá la Serie adolece de no saber hacia dónde va. Creo que esto es buscado pero es un error que hace no subir más alto a esta potente experiencia cinematográfica.

Todo lo mencionado no se sujetaría sin el buen hacer de un notable elenco de actores muy bien seleccionado por Enrique Urbizu, reconocido director de cine negro que ha dirigido 3 de los 6 episodios de esta primera temporada. José Coronado hace el papel de páter que le encaja cómo un guante, ese Mefistófeles cañí que se pasea por la Plaza de Cascorro como si fuera una plaza cualquiera del mismísimo infierno. Y luego está Isak Férriz, un descubrimiento, haciendo de Daniel Guerrero, el hermano mayor y que más se parece al padre. Este actor andorrano tiene 39 años, pero no había tenido oportunidades de disponer de un rol protagonista en una ficción trascendente. Aquí se come literalmente cada una de sus escenas. “Gigantes” le pone en el candelero a partir de ahora. Y si no, al tiempo.