La princesa científica

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Corría el revolucionario siglo XVIII. La crisis económica del siglo XVII había dado paso a un capitalismo adolescente, que si bien no tenía la crueldad refinada del que reina en el siglo XXI, tenía una brutalidad que se encuentra muy bien documentada. El Iluminismo todo lo contagiaba; incluso estaba de moda entre la nobleza, pese a que sus principios filosóficos, unánimemente proclamaban la igualdad.

La Rusia de aquellos tiempos se debatía entre una Modernidad cultural y un Medioevo económico. Reinaba Catalina La Grande y la Europa del Siglo de las Luces era un verdadero polvorín. Las potencias se enfrentaban por el control de los recursos, tanto en el ámbito diplomático como en el militar. Al mismo tiempo se iba cocinando a fuego lento, una revolución política a escala prácticamente global.

La princesa Ekaterina Dashkova era una noble de la corte rusa, con grandes inquietudes intelectuales. A los 16 años la casaron con el príncipe Mikhail Dashkov y con sólo 19 años, participó del golpe de estado que llevó a Catalina al poder. Se convirtió entonces en una confidente de la poderosa emperatriz. Si bien Catalina le llevaba como 12 años, se hicieron amigas. Sin embargo, los celos propios de la corte, hicieron que Catalina la enviara a una suerte de exilio durante 14 años. En su periplo, Ekaterina tomó contacto con los grandes pensadores de su época, desde Voltaire hasta Adam Smith. Toda la pandilla iluminista se rindió a sus pies.

Cuando retornó a Rusia, Catalina la nombró directora de la Academia Imperial de Artes y Ciencias de San Petesbrugo. Claramente la decisión estaba impregnada de un sentido, hoy diríamos, feminista. El empoderamiento era, para Catalina, una cuestión de estado. La Academia se encontraba en una situación económica difícil y los avances y estudios científicos estaban en franca decadencia. La única figura importante, era la de Leonard Euler, el gran matemático (Padre de las Grafos y Abuelo de las Redes), que para aquellos años, ya se había quedado ciego y estaba transitando el último tramo de su vida.

Para la princesa no era nada sencillo luchar contra los prejuicios. Imaginen la cantidad de mansplaining que tuvo que soportar. Con toneladas de prejuicios intentaron enterrarla, pero la inteligencia y el coraje eran, evidentemente, sus herramientas preferidas. Sumadas a su profundo conocimiento y a una sensualidad manifiesta, hacían de ella una Potencia Arrolladora.

No sólo ordenó el desastre que encontró, sino que estableció las bases de los sistemas científicos modernos: los directores y financiadores no pueden intervenir en las investigaciones. Comprendió, por primera vez en la historia, que la libertad y el ambiente creativo eran dos elementos esenciales del desarrollo tanto artístico como científico.

Duró al frente de la academia 12 años, hasta que publicó una obra de teatro que no era del agrado de Catalina y tuvo que retirarse. Una obra donde las ideas revolucionarias estaban presentes. Claramente su espíritu libre podía más que cualquier restricción, aún cuando viniera del corazón mismo de un poder que no titubeaba a la hora de ejercer la violencia. Pese a estas diferencias, siguió siendo amiga de Catalina La Grande. Con la muerte de la emperatriz, fue condenada a vivir un tiempo en un exilio interno, falleció en 1810.

Ekaterina Dashkova fue nombrada por Benjamin Franklin como miembro de la Sociedad Americana de Filosofía (tuvieron que pasar 80 años hasta que la sociedad nombrara como miembro a otra mujer). Escribía poesía, prosa (sus memorias, por ejemplo) y también teatro. Editaba una revista y tenía una sólida formación tanto en matemáticas como en filosofía y en literatura. Como diríamos, una chica completa, a la que la historia (una vez y otra vez más) intentó menospreciar (como a tantas otras chicas), pero que evidentemente no pudo atrapar; es decir una auténtica chica vanguardista, una sobreviviente del futuro.