Entrevista a Gaby Messuti: pistas para Una siesta reparadora

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Pista 1. El 99,7% de la biomasa del planeta está constituida por plantas.
Somos, con los animales, el 0,3 %.

En febrero de 2017, la artista visual Gaby Messuti mostró su trabajo de investigación en Experiencias 17/La premonición, integrado por obras realizadas en el marco de la convocatoria “Esto no es una muestra” del Centro Cultural Haroldo Conti, ubicado en el predio de la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). La idea era convertir al Conti en un gran taller de producción de obras de los 8 proyectos seleccionados, durante tres meses.

Gracias a ese tiempo y espacio de observación que le propuso el trabajo en residencia, Messuti se detuvo en las diferentes especies de árboles que habitan el predio y que ya estaban allí cuando la ESMA cambió de planes y se transformó en uno de los centros clandestinos de detención y tortura de la última dictadura militar argentina (1976-1983).
“Acacia. Tilo. Pino. Tipa. Palmera. Jacarandá. Ginkgo Biloba. Palta. Plátano. Aguaribay. Eucaliptus. Grevilea robusta. Cedro. Ciprés. Abeto. Liquidambar. Alcanfor. Paraíso. Ligustro. De uno aún no sé el nombre”, anotó entonces. Árboles con nombres propios testigos mudos e involuntarios del horror.

“Fueron tres meses de investigación -recuerda Messuti. La pregunta que orientó a esa búsqueda fue ¿qué pasa con los organismos vivos que, por estar radicados en la tierra, no pueden desplazarse? Los árboles no pudieron escapar al horror. Una de las obras que realicé en esa oportunidad, tenía que ver con la tierra en la altura del subsuelo del Centro Clandestino. Era un corte para ver las raíces que se estaban vinculando entre sí, por medio de alianzas simbióticas”.

 

Pista 6. Las plantas establecen redes de micorrizas -simbiosis entre raíz y hongo donde los dos ganan-. Se da un intercambio de nutrientes, minerales y agua: el hongo absorbe agua y minerales que luego transloca hacia la planta y, en retorno, la planta le provee al hongo azúcares y otros productos de la fotosíntesis. Es posible que un hongo forme micorrizas con más de una planta a la vez, estableciéndose de este modo una conexión entre plantas distintas.

“Esa idea de que por debajo de la tierra había una alianza, algo que no era visible en nuestra realidad, fue una imagen muy importante para mí – explica Messuti. Tenía que ver con todas esas redes de solidaridad, de lo colectivo que a veces no afloran tan claramente en la vida cotidiana. En ese momento trabajé con pintura, dibujo e instalaciones, más desde el color negro, desde la tierra.”

De las micorrizas, a las preguntas e ideas que se entrelazan en Una siesta reparadora, hay un camino que transcurre en diversos planos.

Por un lado, Messuti se interesó por las investigaciones del neurobiólogo vegetal italiano Stefano Mancuso, que revelan a las plantas como seres cognitivos, con capacidad de aprendizaje, de transmisión de mensajes, de estrategias vitales, aunque en un tiempo muy lento como para ser comprendido por los seres humanos.

“Hice un mix con todo eso y la idea de esta muestra que para mí es un inicio -explica. Es aproximarme a algunas pistas sobre este universo vegetal a través de la pintura. Se trata de un universo que para nosotros parece habitado por aliens porque no sabemos mucho del mundo vegetal. En esta muestra, me quedé con el suelo como organismo vivo, con todo lo que pasa por debajo y por arriba.”

fotoGabyMessuti02

En Una siesta reparadora, Messuti muestra pinturas con escenas casi nocturnas sobre una selva primitiva donde la luna no es una promesa; propone una inmersión panorámica en las raíces; se detiene en un aparente bosque que, en realidad, es una colonia clonal surgida a partir de un solo álamo, toda ella es un único organismo viviente con un sistema masivo de raíces bajo tierra.

Pista 12. Pando, en Utah, el organismo viviente más grande y pesado del planeta
de alrededor de 42 hectáreas de superficie, más de 6.600 toneladas de peso y de 80.000 años de edad. Es una colonia clonal de 40.000 álamos de raíz común.

También hay un homenaje. Se trata de una pintura que lleva el título de Jellyfish Barge se multiplica y refiere a un prototipo de invernadero flotante.

Pista 16. Jellyfish Barge es un invernadero flotante que integra un sistema de destilación  de agua natural puesto al servicio de un sistema hidropónico de cultivo. Produce hasta 150 litros de agua potable al día.Se puede instalar en aguas saladas o contaminadas. Es modular -alimento para 8 personas- y se puede combinar con otras de su tipo para proporcionar alimentos a comunidades enteras.

“Es un proyecto desarrollado por Pnat, coordinado por Stefano Mancuso; las investigadoras Camilla Pandolfi, Elisa Azzarello y Elisa Masi; y por los arquitectos Antonio Girardi y Cristiana Favretto, fundadores de Studiomobile – se entusiasma Messuti. Ha ganado todos los premios, pero ¿qué pasa? De nuevo la burocracia entorpeciendo cosas que son revolucionarias. Me interesaba hacer un cuadro/homenaje a algo que es el retrato de un invento, que es pero que no puede crecer: un cuadro de algo que todavía no puede replicarse. Entonces lo replico en una pintura. Porque no sabemos de qué manera el arte se filtra en la realidad, a dónde puede llegar… el arte va por una hendija, aprovecha los lugares de filtración, no es un lugar protagónico, pero va. Ese es el lugar que me interesa.”

 

Pista 15. Una siesta reparadora, el tiempo suficiente para que el suelo descanse
para poder regenerarse.

“Yo ejerzo la siesta reparadora” – dice Messuti y es una declaración de principios. A continuación, sentencia en modo científico que se trata de exactos 20 minutos. “Tiene que ver con que a veces, las estrategias vitales y colectivas, se plantean con ritmos muy vertiginosos y, no necesariamente, muy eficaces. Entonces, qué pasa si podemos quedarnos un rato a nutrirnos de nuevo. En el caso del suelo, también la siesta reparadora es dejar de envenenarlo. Es decir, dejar de hacer ya es mucho con lo que pasa en el agronegocio hoy. Por eso también es fundamental que la muestra esté en el Museo del Hambre que trabaja con el tema de la soberanía alimentaria.”

Pista 18. Lo que comemos determina una gran parte del uso que hacemos del mundo y qué va a ser de éste.

Aquí aparece otro punto del recorrido: en él se señala cómo el arte en sus búsquedas va modificando los vectores sobre los que transcurre la vida cotidiana del artista. “La investigación no sólo fue en el plano de la teoría. Estuve un año viniendo al Museo del Hambre -lugar donde se realiza su exposición-, participando de las actividades, las charlas, los campamentos y aprendiendo a cambiar mi propia alimentación, yendo hacia los vegetales agroecológicos, sin venenos. De esta manera, ejercí el cambio en mi propio cuerpo.”

Pista 7. Cada planta es un colectivo. Una red modular con funciones distribuidas (sin comando y con órganos simples o dobles) preparada para seguir viviendo, aunque sea depredada en un 95%. Son organismos sésiles, radicados, que no pueden trasladarse. Las plantas difundieron en todo su cuerpo las funciones que el humano concentró en sus órganos.

 

Una siesta reparadora parece indicar que muchos de los planteos que hace la neurobiología vegetal pueden ser tomados como una analogía para comprender el terreno de lo colectivo.
“El mundo vegetal es en lo colectivo, esa es su razón de ser -afirma Messuti. Hoy pensaba que las estructuras colectivas tienden a darse hacia afuera, hacia el otro, a colaborar, a multiplicarse, sin ser a veces respetuosas de esas mínimas siestas reparadoras que necesitamos para volver a desplegarnos hacia lo colectivo y para volver a nutrir la red. Por eso creo que también está la pregunta por cómo vivir esa oscilación entre el despliegue y el repliegue. Soy instructora en Esferodinamia y en mi práctica trabajo con lo que se despliega y lo que se repliega. Entonces, creo que una muestra conjuga esos dos movimientos. Como si el despliegue a la investigación, luego llevara a un repliegue hacia la pintura, un despliegue hacia el público en la muestra, un repliegue propio de cada persona que ve”.

 

Pista 10. Las propiedades emergentes aparecen en redes no jerárquicas.

“Pienso en las propiedades emergentes que aparecen en lo colectivo- dice. Cosas que nadie podría haber desarrollado solo si no está en grupo. Algo que es inherente a lo grupal, como las decisiones que toman una bandada de pájaros para volar. ¿Cómo coordinamos? Si uno tuviera que pensar en una fórmula sería muy complejo. Estas propiedades emergentes son aplicables a un montón de cosas. Son mínimas pautas para hacer, o lugares mínimos para construir algo nuevo que pueda ser interesante”.

Pista 19. Hemos perdido la noción de cuidado.

“Yo soy un poco nerd y me gusta tirar información, por eso las dos páginas que entrego en la muestra con 22 pistas algo caprichosas para entrar en el mundo de las plantas. Comparto lo que estuve investigando y que me gusta hacer circular hacia el terreno de lo colectivo. Son nodos de conocimiento que asoman en cuadros, cuadros que permean en nuestros saberes. Un ida y vuelta, un contagio, un trasvasar. Porque me parece que el arte, muchas veces, hace de puente, traza atajos en las redes. Llega a formas de conocimiento de maneras más empáticas, que no expulsan al otro por no tener conocimientos o por diferencias ideológicas… Por lo menos, el arte como lo pienso yo”.

Pista 20. Cuando la belleza deja de interesarte, perdés el respeto por lo que te rodea. No es cierto en absoluto que el bienestar no pueda conciliarse con la belleza.

 

“El proceso creativo de Una siesta reparadora me permite volver a pensar en el flujo vital que atraviesa todo y que, si no lo entendemos, queda despedazado – reflexiona Messuti. Mi manera de entenderlo es la pintura y aunque cada 5 años parece que la pintura se muere (siempre alguien está vaticinando la muerte de la pintura), lo que da la pintura es tiempo de conexión de esa persona, en ese momento, ahí. De eso se trata Una siesta reparadora: de estar ahí en la pintura”, concluye.

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Gaby Messuti
trabaja y vive en Buenos Aires. Es artista visual, diseñadora gráfica e instructora en esferodinamia. Co-coordina Obrador, junto a Florencia Fernández Frank desde marzo de 2013, proponiendo un nuevo formato de formación en experimentación visual. Se formó en la UBA (FADU) y en los talleres Diego Perrotta, Mariano Grymberg y Humberto Schejvitz. Participó en los seminarios de Felipe Noé, Valeria González (CC Conti), Taller TAPP (Fundación Telefónica) y clínica intensiva con Ernesto Ballesteros (Mundo Dios), Rosario Bléfari (CCK) entre otros.
Realizó residencias artísticas en el CC Conti (2016/2017), El Desenterrador en CHELA, coordinada por Alfonso Societat (Barcelona) y el Centro Rural de Arte, “Excursionistas” en Mundo Dios (Mar del Plata, 2013) con la Beca Grupal del FNA 2012. Ganó la Beca FNA-Ecunhi 2010 y el Fondo Metropolitano de las Artes 2010. Obtuvo Mención Premio Lucio Fontana 2012 y el Segundo Premio Castilla y León 2010.
Exposiciones individuales
2018 “Una siesta reparadora” (Museo del Hambre) 2013 “Dos Chinos” (Museo Urbano) 2010 Realizó las muestras Siento líquido en mis orejas (CC San Martín, 2010), Pintura en vivo arteBA 2010 (stand Ñ), Conejo (Pabellón IV, 1998), Espejos, fantasmas (OMC, Ginebra, Suiza). Participó también de muchas exposiciones colectivas.
2017 “Experiencias ’17- La Premonición” (CC Conti) 2015 “Premio Federal de Pintura” CFI
2014 “Premio Bancor de Pintura”, Córdoba ; “Buen Viaje”, (Botánico, Planetario, Puente

Fuentes: Biodiversos. Stefano Mancuso, Carlo Petrini; Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal. Stefano Mancuso, Alessandra Viola; Conferencias Stefano Mancuso.

Una siesta reparadora
Museo del Hambre. Av. San Juan 2491, Buenos Aires, Argentina.
Consultar horarios de visita en: FB/Museo-del-Hambre
Cierre 6 de octubre de 2018, 19 hs.