Festival de San Sebastian 2018: Crítica de Yuli, de Icíar Bollaín

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Exclusivo Desde Donostia-San Sebastián

YULI” o la soledad del miércoles

El desamparo del artista es uno de los temas importantes de esta película. Esto lo representa el protagonista, Carlos Acosta, alias “Yuli”, recordando la soledad de los miércoles cuando con 11 años y en Pinar del Rio, lejos de su ciudad La Habana, echaba muchísimo de menos a su familia y más si era miércoles, el día de visita de los padres al internado en el que vivía.

Carlos Acosta triunfó en su carrera profesional llegando a ser primer bailarín en el Royal Ballet de Londres, pero dicho éxito conllevó muchos momentos amargos, situaciones de los que habla abiertamente este didáctico film.

¿Mereció la pena el sacrificio? ¿Es el talento lo más importante en un artista? ¿Es necesario el apoyo incondicional de tu familia y de tus maestros para llegar a importantes metas? Estos y otros asuntos jalonan el metraje de Yuli, octavo largometraje de ficción de una de las mejores directoras en activo del cine español.

Tras un meritorio periodo de actriz que engloba más de 20 títulos, todos ellos, representantes del más incisivo e independiente cine español de los 80 y los 90, Icíar Bollaín disminuye su carrera como actriz con el nuevo siglo hasta dejar por completo esta faceta de la profesión en la presente década. La parte positiva es que su carrera cómo directora ha ido consolidándose tanto en resultados artísticos cómo en ambición presupuestaria.

Paul Laverty, guionista de las películas de Ken Loach, incluidas dos Palmas de Oro en Cannes, también tiene culpa en este ascenso a un cine más sólido por parte de Icíar Bollaín. Sus tres últimas películas tienen la marca de fábrica de éste célebre guionista británico. Esta colaboración ha supuesto que la perspectiva feminista pierda presencia en el cine de Bollaín, por lo que no todo es positivo.

Casi toda la historia resulta impregnada en mayor o menor medida por un país muy peculiar: Cuba. En concreto, desde los años 70 hasta la actualidad. El racismo, la homofobia, el machismo, la decadencia de la revolución comunista,… temas potentes, de gran enjundia que son tratados, aunque quizá con poco ánimo de crítica y dejándolos en un segundo plano, pues al fin y al cabo, Yuli es un cuento con música clásica de fondo y repleto de bellas imágenes en donde sobresale una Habana preciosa, mitificada por los ojos del protagonista.

Sin duda, uno de los logros es la fusión de cine y ballet. La directora logra insertar en la narración la espectacularidad de las coreografías de baile con la historia de Carlos Acosta. Se logran instantes de gran belleza gracias a la fotografía de Alex Catalán, uno de los mejores directores de foto de España. A todo esto se suma una producción contundente, sin grietas y de las mejores que este cronista recuerda en lo que a escenarios naturales cubanos se trata.

Para terminar quiero destacar el buen hacer de todo el plantel actoral. Todos son intérpretes cubanos y todos están ajustados en sus roles, incluido el protagonista en su etapa actual que está interpretado por el propio Carlos Acosta que hace un debut solvente cómo actor representándose así mismo.

Sección Oficial a concurso, Festival de San Sebastián, 23/09/2018.

 

España-Cuba-Reino Unido-Alemania, 112´ Icíar Bollaín (Directora) Paul Laverty (Guión) Alex Catalán (Fotografía) Carlos Acosta, Santiago Alfonso, Keyvin Martínez, Edison Manuel Olbera, Laura de la Uz (Actores)