Crítica de “Otro caso de inseguridad”, poemas de Patricia González López

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“¿Cuál es la señal de que se ha alcanzado la libertad? No tener vergüenza delante de sí mismo”, dice uno de los epígrafes de Otro caso de inseguridad. La cita es de Friedrich Nietzsche en La gaya ciencia y viene muy bien para sintetizar el contenido de todo el libro: un recorrido del yo hasta esa instancia de la libertad personal.

Y hablo de “recorrido” en el sentido de camino existencial que se presenta en tres partes: “La última muerte”, “Off” y “Otro caso de inseguridad” que le da nombre al libro. Sin embargo, no hay en Patricia González López nada que se parezca a consejos de vida o algo por el estilo, sino que lo que sí hay es un bucear en uno mismo, enfrentar ese otro o esos otros que buscan someternos (“El sometimiento es un molde de la muerte”) y salir nuevamente hacia el afuera, pero ahora con una aspiración colectiva: “propongo un abrazo donde ahora hay competencia”;  “Deseo poder decir NO sin morir, / quiero decir NO sin perder el cuerpo; / Aspiro a decir SÍ y valer lo mismo”.

Paul Valéry hacía referencia a la emoción en la poesía: “Restituir la emoción poética a voluntad, fuera de las condiciones naturales en las que se produce espontáneamente y mediante los artificios del lenguaje, tal es el propósito del poeta, y tal es la idea unida al nombre de poesía”. Decir que el poeta trabaja con emociones es casi una verdad obvia, aunque no tanto porque esas emociones deben ser revividas para devenir en un lenguaje poético.  “Nadie es profeta en su género”, dice Patricia, y sin embargo, este libro es poesía con todas las letras, poesía como hacer (poiesis), como indica la etimología de la palabra. Este hacer es lo que queda después de la lectura como una propuesta que, desde la mirada y el dolor femenino, sale de lo personal para encarnarse en la realidad de todas las mujeres.

¿Pero qué es esa inseguridad que se instala desde el título?: ¿el Estado, el amor/desamor (“¿Cómo fue posible que habiendo dormido / penetrados tantas noches / te hayas convertido / de pronto / en este extranjero?”), la policía, o nosotras mismas (“Déjenme / ejercer / mi derecho /  a elegir mal. / Déjenme estar triste / es lo que mejor / me sale”)? ¿Si la inseguridad nos exige cuidado, de qué tenemos que cuidarnos?: de la “apología de la nostalgia”, de vivir dando excusas, de ser “cómplices del moretón”, de llegar tarde a todo, de desacomodarnos para gustar.

“Me entrené para hacer cosas / que me hacen mal / y el día que me reí fuerte / me mandaron a educarme”: desandar este camino de la represión, de los mandatos, de la mirada masculina que cosifica (“me recomiendan porque soy buena persona / me editan porque seguro me los cogí / nunca se les ocurre / que capaz se me cae una idea / nunca se les ocurre / que nunca me cogí al adecuado”) es lo único que cuenta para poder afirmar finalmente:  “Pase lo que pase, sea lo que sea, a tu manera / soy lo que soy no tengo que dar excusas por eso”.

Otro caso de inseguridad, Patricia González López, Santos Locos, 2018, 94 págs.

Patricia González López es escritora, poeta y gestora cultural. Es autora de Indecible, Dos de Azúcar; Maldad, cantidad necesaria; Doliente y Otro caso de inseguridad. Los domingos a las 9 am hace una columna de poesía llamada “La poesía no se ajusta” en El gato escaldado, AM 750.