Festival de San Sebastian 2018: Crítica de El reino de Rodrigo Sorogoyen

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exclusivo Desde Donostia-San Sebastián

“EL REINO” o encender el ventilador

 

 

Hay una escena muy concreta y aislada que representa muy bien el mensaje que quiere trasladar este osado director madrileño. En un bar de playa, un camarero se despista y devuelve mal el cambio. El cliente joven que recibe las vueltas mira hacia los lados y decide quedarse el dinero de más que le ha caído en suerte. Se da cuenta que le va a salir gratis y que además va a ganar dinero por lo que decide callarse. Este cliente afortunado es el español que desde 1993 (año de la penúltima crisis) hasta 2008 (inicio de la última y canto del cisne de la economía española) se ha aprovechado de una manera o de otra del movimiento desproporcionado e irregular del dinero. Ese ciudadano aprovechado es un estudiante, un intermediario comercial, un empresario, un periodista, un político,… A todas estas ocupaciones les llega el aire del ventilador, pero esa salpicadura de sustancias poco edificantes llegan sobre todo a los políticos y en concreto a uno, Manuel López-Vidal, protagonista del film, interpretado de manera acertada y solvente  por Antonio de la Torre, actor que representa cómo nadie al ciudadano medio en el reciente cine español, con permiso de Javier Gutiérrez.

El film te agarra literalmente a ritmo de música electrónica de discoteca en su banda sonora y ya no te suelta, de un “bacalao” mesurado que conduce al espectador por un viaje hacia las cutres y horteras alcantarillas del politiqueo. Esa comida de presentación de los personajes cómo de mafiosos felices de una película de Martin Scorsese mientras hablan sin gracia y comen sin modales unos deliciosos y frescos carabineros, esas gambas enormes rojas que se pueden disfrutar si no te manchas y si pagas una cantidad importante de dinero. Esta secuencia es toda una declaración de principios y a todo ciudadano con un poco de conciencia le proporciona vergüenza ajena.

Ya en las alcantarillas nos sumergimos y con olor a fango y a cosas más deleznables continuamos pese a que el lujo y los lugares de diseño rodeen a los personajes. Uno de esos políticos ha sido detenido. Es el detonante que supone a nuestro protagonista viajar hacia el infierno, ya que al ser un subordinado suyo se verá salpicado hasta extremos inesperados. Sería complicado resaltar a uno de los muchos actores secundarios que circulan por el film, ya que todos están ajustados y su selección parece muy adecuada, pese a que Rodrigo Sorogoyen suele tener tendencia a repetir con los mismos actores. Quizá Ana Wegener o Luis Zahera sobresalen entre el elenco.

La película provoca y provocará reflexión. Un ciudadano español piensa continuamente en el PP (Partido Popular) o en el PSOE (Partido Socialista) mientras contempla la película, pues no en vano pareciera que los hábiles guionistas han metido en una coctelera varios casos famosos de corrupción y los han ido metiendo en la trama. La historia duele a un español pero quizá si eres latinoamericano la trama parecerá poco grave y al fin y al cabo, no hay “pistoleros” dejando cadáveres. Los españoles podemos ser corruptos, pero afortunadamente y pese a todo, España sigue siendo uno de los países más seguros del mundo. No es un consuelo pero por algo se empieza.

Seleccion oficial.

España-Francia 123 min. Rodrigo Sorogoyen (Director) Isabel Peña & Rodrigo Sorogoyen (Guión) Alex de Pablo (Fotografía) Antonio de la Torre, Bárbara Lennie, Mónica López, José María Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener, Luis Zahera (Actores)