Entrevista a Luz Pearson y Magy Ganiko, autora y director de “Bitnus”

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Bitnus es una obra de la Compañía de Magy Ganiko, inspirada en el libro homónimo de la poeta y dramaturga Luz Pearson, que cuenta la historia de una mujer que tiene una relación amorosa y sexual a través del chat.

La Compañía Magy Ganiko trabaja sus espectáculos en colaboración con artistas de video, diseñadores, técnicos de iluminación, escritores, investigadores en todas las áreas, y bailarines e intérpretes de diferentes rincones del mundo. Actualmente, Ganiko y Luz Pearson impulsan JonMoi, una investigación sobre la palabra y la danza como dos materialidades del cuerpo. Con ambos, conversamos sobre esta nueva propuesta.

Lo primero que llama la atención para quien no conoce el espectáculo es esto del cruce entre la palabra y la danza, ¿cómo aparece esto en Bitnus?

Magy Ganiko: Cuando comencé a trasladar Bitnus al espacio escénico, sabía que el mayor desafío era traducir la palabra poética al escenario. La danza es prima hermana de la palabra articulada poéticamente; el cuerpo es pulsión, símbolo, metáfora. Yo escuchaba en el personaje tres voces: la voz herida de una mujer que no entiende el amor; la de su alter-ego representado en Bitnus que solo desea hundirse en el sexo sin amor –su voz dice: “Cuando no amo me obedezco”–; y la voz de la reflexión. A estas se le suma una externa, la de su amante virtual, cuasiplatónica en su relación atrincherada bajo chats calientes sin contactos de piel. Me propuse trabajar estas voces en un sentido musical, integrándolas como una polifonía de contrapuntos que dialoga con la banda musical de la obra, la danza, las luces y la instalación escenográfica. Pero el desafío mayor no fue traducir las palabras sino los silencios, los silencios de los fondos blancos de las hojas que operaban como densos soportes de una escritura directa y minimalista. Allí introduje el concepto japonés de “Ma”, que es lo existe “entre”, es sustancia, soporte invisible que define la textura de las cosas.

Pareciera que lo performático es uno de los signos del teatro contemporáneo, ¿en qué medida esto está llamado a quedarse y renovar la escena teatral?

Magy Ganiko: Pienso que lo que llamamos performance es muy amplio. Hoy los géneros se traspapelan, hay una indefinicion que permite salir de las etiquetas. Pienso que lo importante es qué hace el artista con su obra, así utilice la performance, las artes visuales o cualquier tipo de lenguaje. La performance hace años que ya es un habitué de la escena; si renueva o no, depende del artista, es solamente una herramienta más.

Concretamente, ¿qué significa trabajar a partir de la pulsión dentro de la investigación que propone JonMoi?

Magy Ganiko: Freud decía que la pulsión es mito, Lacan hace una pequeña pero importante corrección y dice que la pulsión es montaje. La pulsión es uno de los puntos más complejos de comprender ya que para ello el cuerpo emocional debe estar implicado, sobre todo porque cuando esta irrumpe lo hace con fuerza bestial, extrema, y no todo el mundo se la banca.

En JonMoi, que literalmente significa “libro-danza”, entrenamos la conexión con la pulsión desde la escritura. Encontramos como revelador que antinomiando las narraciones de cada participante del taller, aquello que antinomia nuestro relato consciente, se abren otras potencias que subyacen en rincones de nuestro inconsciente, se llega a resultados increíbles. Este efecto se traslada a la danza en donde la pulsión es madre del movimiento. La pulsión revela el origen del mito, y funciona como un montaje. En Bitnus hay una clara estructura de antinomia: ella es ella y su opuesto.

Bitnus, además, explora la virtualidad y las relaciones virtuales, ¿qué lugar ocupa la palabra en este espacio donde los cuerpos no se tocan? 

Luz Pearson: Bitnus surge a partir de preguntas como esa. Las palabras en el chat calientan, son muy eróticas, ¿por qué? ¿Tocan el cuerpo? ¿Por qué se vuelven tan necesarias, adictivas? Bitnus dice: “La notificación sonora de cada día. Salivo, Pavlov, salivo”. No lo sé, escribí este libro porque no lo sé. Busqué en otras obras que estuvieran haciéndose la misma pregunta, encontré poco pero bueno: estaba la película Her, donde el protagonista tiene una relación con su sistema operativo que es una voz sexy que le dice lo que quiere escuchar y más, pero sobre todo, está. Creo que lo que apareció en Bitnus cercano a una respuesta es eso, la soledad: el chat con otro es una manera de hablar con uno mismo, y cuando esas palabras no están, no hay nada, puro silencio. Entonces sí, la palabra ocupa mucho espacio y se siente “como si” hubiera cuerpo, la palabra es disparadora de la masturbación, así que las palabras del chat tocan el cuerpo, de alguna manera. Pero en Bitnus el chat aparece como fragmentación, por eso duele, y expresa algo que no creo tenga que ver con el chat sino más bien con una trampa para la que usamos la lengua: a veces –y esto pasa mucho en los vínculos (amorosos ¡y políticos también!)– hay una gran diferencia entre lo que se dice y lo que se hace. A falta de hechos, aceptamos el “como si” de las palabras, degradando tanto las palabras como nuestro deseo. Para que algo suceda se necesitan hechos, los hechos implican tiempo y espacio, o sea, poner el cuerpo.

Dentro de esa virtualidad, ¿qué papel ocupa la escritura poética?

Luz Pearson: La escritura poética es un sentido propio, es un lenguaje que busca expresar una mirada dentro de la lengua común de todos. La escritura poética busca decir-se, algo que se desconoce pero que pulsa. El chat, si bien es un poco parecido a la oralidad, no tiene la inmediatez de la palabra hablada, es escritura. Hay un tiempo otro, aunque a veces sincrónico, que se libera apenas de la inmediatez que exige la improvisación del hablar. En ese microsegundo más que se gana en el chat a diferencia de la oralidad, la palabra escrita nos permite una defensa, una pequeña espera para armar algo o para decir lo que de cuerpo presente no podríamos; eso se gana en la virtualidad que es escritura: que lo que escribamos sea poesía depende de otra cosa, pero al ser escritura, tiene esa ventaja que no tiene la oralidad. Además, a veces, quien está del otro lado está sostenido por algo que tiene que ver con el deseo, eso ayuda; el deseo invoca mejor esa voz que nos pulsa. El chat entonces puede operar como un montaje pulsional.