#18°Festival de Cine Alemán: Crítica de El hombre que salió del hielo, de Felix Randau

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Iceman, El hombre que salió del hielo (Der Mann Aus Dem Eis), es la última película de Felix Randau, escritor y director alemán que también filmó Norther Star (2003) y Juego telefónico (Die Anruferin), nominada esta última a los Premios de Cine Alemán 2008.

Iceman narra los últimos días de Ötzi, también conocido como el Hombre de Similaun, un cazador prehistórico que vivió aproximadamente hace 5000 años en los Alpes de Ótztal, en la frontera entre Austria e Italia. Su cuerpo fue encontrado casi intacto por una pareja de alpinistas de Nüremberg, Alemania en septiembre de año 1991. Luego de ser trasladado para su identificación —en un primer momento se creyó que era un cadáver moderno— investigadores de Innsbruck descubrieron que la momia había vivido en la Edad del Cobre, lo que se conoce en la comunidad científica como Período Calcolítico. Tal era su estado de conservación que pudieron realizarle estudios de ADN para comprobar su grupo sanguíneo, saber qué había ingerido apenas dos horas antes de su fallecimiento, qué enfermedades padecía y cuál era su función dentro de los clanes o tribus a la que pertenecía. Se llegó a la conclusión de que era un cazador —había dispersos a su alrededor arcos, flechas, hachas y un cuchillo de pedernal—, que podría haber tenido conocimientos mágico-curativos —por la gran cantidad de tatuajes que se encontraron en su piel— y que fue asesinado de manera violenta por una punta de flecha alojada en el pulmón que le habría provocado la muerte por asfixia o desangramiento.

Con toda esta información, el director Randau imaginó una historia para Ötzi (personificado por el actor Jürgen Vogel), más precisamente los últimos días antes de ser asesinado. Con reminiscencias claras a esa gran película que fue La guerra del fuego (1981) de Jean-Jacques Annaud, en que se recreaba la supervivencia de las tribus —en ese caso mucho antes, alrededor de 80.000 años—, Randau nos brinda cómo era la vida de los humanos, ya con un grado superior de conocimientos, y cómo podrían congeniar las diferentes tribus entre sí.

El hecho de que hayan descubierto que Ötzi fue asesinado posibilitó la idea de una trama más dramática, e incluso más épica. ¿Quiénes lo hicieron? ¿Por qué? ¿Qué hacía un cazador a 3.200 metros de altura? El guión, del propio Randau, no se privó de dotarle a la historia una presunción de venganza. Hay en la narración elementos que solo pudo haber salido de su imaginación, ya que no existen evidencias de ningún tipo. El hecho de que Ötzi haya deambulado gran parte de la película con un bebé entre los brazos —a raíz del ataque de una tribu enemiga que asesinó a todos sus familiares—, así como la existencia de un supuesto amuleto que él tenía y que fue robado, no deja de ser un hallazgo. Vemos entonces la faceta emocional de personas tan alejadas en el tiempo que hoy nos parecen totalmente extrañas. Tanto es así que nos conformamos con tener la visión de una vida salvaje y animal, con la idea de que todo era despiadado y cruel. Y, si bien hay momentos en la película en que la crueldad se manifiesta con toda la furia posible, hay un costado más tierno y apacible, incluso dentro de la comunidad de los atacantes.

Y al hablar de guión tenemos que hablar de hechos. No hay un lenguaje elaborado, no existía en esos lejanos tiempos de la historia. Solo sonidos guturales que practicaban a modo de advertencias, de amenazas o, también, para nombrar objetos sagrados como el relicario que Ötzi atesora en su cabaña, como así también para dirigirse a los integrantes de su tribu.

La secuencia en donde aparece el ya mítico actor Franco Nero —actor italiano que participó en más de 150 filmes como las dos Django, la original, Django (1966) de Sergio Corbucci y la de Quentin Tarantino, Django desencadenado (2012)— es de una gran tensión y emotividad. Y, también, un punto de inflexión en la historia de Ötzi, que a partir de este momento  convierte a la venganza como único propósito de su existencia.

La fotografía de Jakub Bejnaworicz es de una gran belleza. Los bosques, los ríos, los lagos y las panorámicas de los picos nevados son sobrecogedoras, así como esa gruta de hielo, en donde cae Ötzi, que encuadrada como si fuera una verdadera postal, crea una imagen  de una dimensión plástica exquisita.

Quizás el final, un poco deslucido porque apela al no siempre eficaz deux machina, es decir tomando un elemento externo creado solamente para que la historia se resuelva de una manera un tanto forzada, decepciona un poco, pero así y todo El hombre que salió del hielo es la historia posible de alguien que vivió en un planeta muy diferente al que conocemos y, sin dejar de tener una cuota de documental, por toda la información que sobrevuela el hallazgo de la momia, es una gran historia, como tantas otras que se perdieron a lo largo del tiempo. Como tantas otras que ocurren y seguirán ocurriendo en este bendito mundo que vivimos.