#UNCIPAR 2018: humor y sensibilidad social en las dos ultimas jornadas

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Más diversidad y temáticas de sensibilidad social en el 40 UNCIPAR

Entre la segunda y la tercera jornada del Festival se completó la exhibición de las dos competencias, la nacional y la internacional. Hacia el final del evento se conocerán los trabajos premiados.

Nada más y nada menos que cuarenta cortometrajes nacionales fueron exhibidos en este UNCIPAR que cumplió las cuatro décadas. Como es de imaginar, hubo diversas temáticas, enfoques y estilos a lo largo de las tres jornadas de exhibición. Entre ayer y hoy se proyectaron 28 cortos argentinos y 15 internacionales, además de haberse desarrollarlo un taller sobre realización de cortos con teléfonos celulares y una charla con directores de cine.

En el apartado nacional hubo una serie de temáticas de sensibilidad social abordadas en los cortos El asado (Ignacio Guggiari), Ikè: Irse lejos (Sofía Inés Prado), La de Messi (Mauro Iván Ojeda), La unidad de los pájaros (Cruz Lisandro Morena), Muerte, no seas mujer (Andrés Restrepo Gómez), ¿Padres? (Gabriel Bertini), Trato (Gisela Benenzon) y Una carta de Leticia (Irene Blei).

En El asado, podríamos decir, todos los signos de la puesta están muy bien: las actuaciones (sobre todo la del político inescrupuloso que llega a un pueblito para hacer campaña), el arte, las elipsis justo en el lugar en el que deben estar, la fotografía, el sonido. Tal vez el punto débil sea su adscripción a una metáfora más o menos obvia, cuando en el paroxismo la gente del pueblo toma una decisión difícil; un paliativo para la pobreza en la que viven, al fin de cuentas.

La cuestión de la pobreza se reitera, sólo que asociada al universo infantil en La de Messi y Trato; en el primero, dos niños cultivan la esperanza y la apuesta por el trabajo en un contexto familiar y poblacional muy endeble, mientras que en el segundo asistimos a la vida de una mucama que, frente a la negativa de su patrona de aumentarle el sueldo, toma una decisión ríspida pero finalmente comprensible para poder sobrellevar mejor sus problemas económicos. Ambas historias evitan el lugar aleccionador y cuentan con buenas actuaciones. Muerte, no seas mujer y Una carta de Leticia indagan en el pasado de la última dictadura cívico-militar. En Muerte… dos sepultureros se enamoran (en un sentido no “clásico”, desde ya) del cadáver de una chica “NN” que llega al cementerio. Los actores expresan en su rictus, en su mirada, los sentimientos encontrados que sintetizan a la vez un espíritu de época. Una carta de Leticia es la transpolación visual de la carta que escribió una joven desaparecida, en donde se evoca el anhelo de esperanza y el idealismo de ella y, por extensión, de su grupo generacional.

Menos convincentes resultaron el documental La unidad de los pájaros, trabajo sobre los centroamericanos que atraviesan México para arribar, como ilegales, a Estados Unidos; Ikè: Irse lejos y ¿Padres? Este último alude a un caso reciente, el del padrastro que abusaba sexualmente de su hijastra y a la que luego asesinó. El caso llegó a todos los noticieros. Posteriormente, él se suicidó y la madre hoy está presa, acusada de consentir los hechos. Los signos de interrogación del título pronuncian su carácter tautológico, ¿por qué llevar a un trabajo audiovisual breve lo que ya todos conocen por vía periodística? Con una extensión de casi media hora, La unidad de los pájaros no termina de guiar su temática, demasiado general así como queda expuesta entre secuencias a las que le falta cohesión. Se queda corto para ser un largo, y largo para ser un corto. Finalmente, en Ikè: Irse lejos, sobre inmigrantes senegaleses, se retratan hechos reales con el “plus” de que el foco en el cotidiano de estas personas le agrega la empatía y emoción.

Con temática histórica se pudieron disfrutar la animada El casamiento (Juan Camardella) y La trampa (Jerónimo Paz Clemente). La primera recurre al imaginario de los tiempo de malones y conquistas en nuestro país, para contar con una iconografía de Billiken una historia que transcurre durante un acuerdo de paz. En ese marco, un caique invita a un grupo de militares a su casamiento. La segunda, con un tono decididamente trágico, narra una venganza. Tras la muerte de su padre, un joven huarpe decide ajusticiar al responsable de su pérdida en un territorio (tanto desde lo simbólico como desde lo espacial) vinculado a uno de los peores genocidios de nuestro país: la Campaña del Desierto. Estética de western y tensión en este trabajo de cuidada producción.

Los cortometrajes humorísticos también ocuparon un lugar visible dentro de esta amplia lista, con los trabajos El departamento (Magalí Bayón) y El hundimiento del Titanic (Ezequiel Vega y Fernando Pérez): ambos concentrados en el universo de parejas y ex parejas; La galería (Victoria Fermani Loekemeyer), Máquina de café (Nicolás Turjanski), Pixed (Gabriela Sorroza y Agostina Ravazzola), Simple pero importante (Pablo Girola, Bruno Scopazzo y Eduardo Hunter) y Todas mis lolas (Marlene Grinberg y Lucía Ferreyra).

La mayoría de estos filmes tuvieron problemas en las actuaciones, tal vez porque la comedia es uno de los géneros que precisan de mayor timming, aspecto que con frecuencia no se logra. Uno de los más efectivos fue Máquina de café, cuyo eje precisamente prescinde de la actuación, porque es una suerte de documental con voz en off en inglés, a modo de efecto de extrañamiento, sobre… la  máquina de café de la ENERC. Otro de los más celebrados fue al mismo tiempo el más conciso de todos: en apenas un minuto, Simple pero importante se concentra en la fórmula de repetición ofrecida por un superior en el ámbito de un equipo bomberos. Una falla en su aplicación deviene en un final abrupto que le da al corto la estructura de un chiste.

La galería no tiene, digamos, “problemas de actuación”, y si bien cierra en cuanto a su planteo (una joven artista plástica que busca ser programada por una galería de arte) apela demasiado al estereotipo de una forma ya vista mejor en los trabajos de Cohn y Duprat. Pixed (con una curiosa técnica de animación que emplea la imagen real para luego transformarla) hizo del despertar de cada día su mecanismo argumental, con una gracia equiparable a la del cine de Buster Keaton.

En cuanto a este segmento, Todas mis lolas fue la apuesta más lograda. Suerte de apuesta cool y generacional, este corto hace uso de impresión de mensajes alusivos para narrar una mañana en la vida de una joven estudiante, demasiado tironeada por el ethos materno, las exigencias de su pareja y la dificultad de tener una vida más o menos ordenada (al menos, lo suficientemente ordenada como para llegar temprano al trabajo). Muy buenos trabajos actorales y muy bien explotados los recursos a los que apela.

También hubo un foco puesto en las historias de vínculos familiares complejos, como en Entrañas (Laura Pastor Rojas), La cura del espanto (2018), La orca (Julo Figuerero) y La virgen del agua (Joaquín Possentini).

Entrañas emplea recursos expresionistas para ahondar en la conciencia degradada de un hijo que regresa a su casa con una pérdida de memoria. En La cura del espanto se aborda la urgencia de una madre por curar una dolencia de su hija. En la búsqueda por dar con una curandera se termina reconstruyendo el vínculo precario y un espacio marginal. Los últimos dos trabajos abren el espectro hacia más personajes; en La Orca una matriarca asume de forma despótica las riendas de una familia de clase media y en La virgen del agua, con un clima que remite al cine de David Lynch, se ahonda en los mecanismos de poder de una familia (y de una comunidad, se intuye) en donde la tragedia golpea la puerta.

Con la sexualidad como uno de los motores del drama se pudieron ver Alevosía (Fernando Navarrete) e Inés (Marta Libia Walteros). En el primero, la trama se concentra en la relación de adulterio que mantiene Verónica con el amigo de su marido. El realizador propone una apuesta intimista, con un arsenal de imágenes que invitan al espectador a hacer sus propias asociaciones; en el segundo, el eje es la sexualidad reprimida de una joven monja, que cede un poco cuando llega una nueva hermana al convento.

Por último, podemos señalar otros trabajos interesantes atravesados por el sólido trabajo de arte en su apuesta por la el despliegue de la imaginación. Esto se vio en Ovum (Luciano Blotta) y Silencio siesta (Luz Márquez y Lucas Saporosi), en donde tres niños apuestan a la magia y a la creación para salir del tedio del horario de la sienta. En Ovum (para quien escribe estas líneas, uno de los tres mejores trabajos de la competencia), el eje recae sobre el descubrimiento de un huevo en la playa, que ubica a su descubridor entre las lindes de la mitología marina y el deseo por descubrir qué hay más allá.

En cuanto al apartado internacional, en los últimos dos programas de cortos proyectados destacamos la alemana Fremde (Jonathan Behr), la australiana Passengers (Simon Portus), la sueca Ma terre (Michaël Rue) y -y con reparos- la iraní From Hasakah with love (Mohammad Farahani).

Fremde emplea los recursos más genuinos del cine de terror (el trabajo con el fuera de campo, las alusiones al exterior, los sonidos que no logran identificarse) para contar la historia de dos hermanas que grafica el drama de los niños deportados. Passengers trata sobre el conflictivo vínculo de un padre con su hijo; el primero, separado de la madre, intentará cometer un acto ilícito para reconstruir la relación. La resolución es perfecta: en su misma precariedad emocional, el niño encuentra el modo de decir “no” y de allanar un camino de reconstrucción.

Ma terre hace hincapié en el cómo y no en el qué; con una constante música de suspenso de manual pero, poco a poco, resignificada por la reiteración, reconstruye elíptica y desordenadamente la vida de un padre de familia desde la perspectiva de su propia muerte. Y si de muerte se trata, es tema y a la vez tono en From Hasakah with love. Una mujer asiste a la aniquilación de su comunidad a manos del terrorismo de Estado. Su intención será conmover masivamente a la humanidad, prendiéndose fuego frente a la cámara de un celular que, segundos antes del acto en cuestión… se queda sin batería. Clima opresivo, reconstrucción realista y un gran trabajo actoral para un producto que exigía superar el golpe bajo.