Massimo Leone: el giro digital en la semiótica de las culturas

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El conversatorio El giro digital en la semiótica de las culturas a cargo del Dr. Massimo Leone fue un encuentro organizado por la Facultad de Ciencias Sociales (UNC), el Doctorado de Semiótica del Centro de Estudios Avanzados (CEA/FCS) en colaboración con el Instituto Italiano de Cultura de Córdoba. Sucedió el 15 de agosto pasado y se trabajaron temas de actualidad y de interés general, aunque con un gran nivel académico  y análisis profundo de la relación de las culturas y la tecnología.

Massimo Leone es profesor de semiótica, semiótica cultural y visual en el departamento de Filosofía de la Universidad de Turín, Italia. Investigador de origen italiano. Su primer título fue en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Siena, luego, obtuvo un DEA en Historia y Semiótica en Textos y Documentos la Universidad de París VII, un MPhil en  Palabras e Imágenes en Trinity College Dublin, asimismo, un PhD en Estudios de Religión en la Sorbona, y un PhD en Historia del Arte en la Universidad de Friburgo. Como vemos, un gran estudioso y muy preparado en su campo de trabajo. Es autor de siete libros y escribió más de cuatrocientos artículos de semiótica y religión. Además, fue profesor invitado en innumerables universidades de varios continentes, entre ellas, actualmente, frecuenta la Universidad de Shanghai, China.

El desarrollo de la conferencia, acompañada de diapositivas escritas y con imágenes, buscaba poder comprender el cambio producido por el desarrollo de la tecnología en la cultura y la sociedad. Los ejemplos de carácter cotidiano iban marcando punto por punto el porqué de su investigación, el porqué de la importancia de ser conscientes de nuestra realidad, del mundo en procesos de cambio cada vez más acelerados.

Entre ellos y en primer lugar, se refirió al turista, en el cuál observaba y analizaba las nuevas herramientas brindadas por la tecnología. Google maps, listas de recomendaciones, aplicaciones de transporte o foros de viajeros frecuentes, que hacen que la experiencia del viajero no sea la misma, aún diferente, que diez años atrás. Una realidad en este nuevo individuo es, por ejemplo, que no existe la necesidad de hablar palabra en la lengua de los países que están digitalizados. El turista digital, explica el semiótico, no tiene la necesidad de preguntar, lo que hace que efectivamente la forma de conocer cambie. La geolocalización digital, así como las nuevas herramientas del mundo digitalizado, dan lugar a un cambio semántico radical.

Ejemplos simples como los siguientes, va dando el profesor en una conferencia de carácter tan actual como cercano al público oyente; “lo que puede sugerir una página con recomendaciones como restaurantes, hoteles por ser populares, no siempre son satisfactorios, porque no siempre son los adecuados.” Lo que es popular no siempre es lo más representativo de un lugar, ni lo que realmente buscamos cuando estamos de viaje, en un querer involucrarnos, nos invitaba a comprobarlo con nuestra propia ciudad, ver qué cosas se le sugiere a los turistas y pensar si eso es realmente un aspecto característico de ella, reflejo de la cultura y sociedad cordobesa.

Esto que el crítico está queriendo introducir significa un cambio en la semiósfera. Cambio sustancial que se produce en el sentido y, por consiguiente, una preocupación por la identidad semiótica. Es decir, podemos deducir que la forma de conocer el mundo, relacionarse con él es a partir de la última revolución tecnológica, totalmente otra. Lo cual afecta al individuo en todas sus esferas de acción, por ejemplo, la que más nos interesa a nosotros, el arte.

Asimismo, siguiendo al crítico y lo que ya planteamos anteriormente, la geolocalización impermeabiliza la experiencia en el campo. Indefectiblemente se puede apreciar, entonces, la influencia de la tecnología sobre el sentido. Se produce la hegemonía de una semiótica otra, a causa de una tendencia colectiva. Y se produce una dimensión del sentido autónoma en cada individuo.

Lo cierto también es que los cambios generacionales se sucedieron más rápido y con características más disímiles en las últimas décadas. Lo que se refleja, por ejemplo, en las actividades de entretenimiento. Para la generación Z la computadora personal es cosa casi natural, los millennials crecieron con el desarrollo tecnológico y cambio rotundo en las formas de la tecnología, Internet, celulares, computadoras. Ambas generaciones, por tanto, comparten la comodidad del uso de las nuevas tecnologías. Pensando en lo recién dicho, las formas de percepción mutaron y un ejemplo, que nos hace entenderlo, es el cine. Massimo Leone nos habla de un cine que hoy, y especialmente para las nuevas generaciones, es de carácter extraordinario, esto debido a que la misma experiencia se puede vivir a través de celulares, televisión, netflix. Pero lo cierto, hace hincapié, es que la película en el cine no se caracterizó, en sus comienzos, por ser una experiencia cristalina como se la puede considerar actualmente; por lo contrario en la salas se solía fumar, por lo que había humo que quizás pasaba justo por nuestro campo de visión, niños que llorando o hablando, susurros en distintos sectores. Todo esto se borra si lo trasladamos a un televisor en la casa y, aún más, a un celular o tablet personal. Se trata de una individualidad progresiva que se refleja en la marginalidad del cine.

Los celulares son los principales exponentes de este fenómeno, el aislamiento comunicativo, la reclusión a la esfera individual, pero que no solo allí se puede identificar. Una comparación muy visual de este cambio social y cultural que nos presenta el crítico, la arquitectura de los trenes. En un principio se trataba de compartimentos de entre cuatro y seis personas, los cuales eran a la manera de los carros tirados por caballos, ahora todavía hay con esa estructura, pero más común es ver disposiciones en los trenes como en los aviones, asientos en fila en la misma dirección, el paisaje borrado por la velocidad de la máquina, colores difusos que apenas se aprecian en los trenes de alta velocidad.

Se trata de cambios relacionales, que hacen variar la manera de entender el sentido, una ideología semiótica diferente que, en realidad, sólo potencia lo que ya era una tendencia. Asimismo, en este análisis semiótico de las culturas atravesados por lo digital, podemos comprender y desnaturalizar muchos elementos que nos rodean. En una conversación de Whatsapp, el audio conforma un nivel de intimidad mayor, no se utiliza fácilmente si no hay confianza entre los interlocutores, porque significa exponerse, mostrar imperfecciones. En este sentido, mejor mensajes previamente corregidos, emoticones que expresan y matizan lo posible.

El joven de hoy, leía su trabajo con una pronunciación del castellano casi perfecta, tiene la necesidad de viajar, de estar conectado con el mundo y con todos a la vez, porque no estar conectado también es una elección, es una pausa o una decisión. Massimo Leone habla de un deseo de conectar que se opone a la idea los individuos con tendencia al aislamiento, por lo contrario, acepta una intención de encontrar al otro, pero con un miedo no a la alteridad, sino a la sociedad, en este sentido, analiza lo que define como intervalo de preparación. Identifica una intención de controlar la mayor cantidad de actos producidos en el intercambio con el otro. Ese intervalo al que refiere sería el de preparación antes del encuentro cara a cara de dos personas. La comunicación digital, entonces, no es perfecta, pero si diferida, es decir controlada y por tanto lo más cercano a lo que uno realmente desea. Esta última es su hipótesis con relación a los intercambios en el mundo digital. Se trata de una obsesión por el intervalo, controlar lo que es incontrolable, una mediación entre los cuerpos, un simulacro.

Luego de un recorrido teórico detallado sobre la semiótica del intervalo, expresa; “No vamos a volver a hablar como cuando los teléfonos no existían” y alude a la “imposibilidad de volver al pasado” para poder lograr ello.

Pensando en lo desarrollado en la conferencia, el profesor encuentra una intención en los jóvenes de hoy de expandir el presente, lograr un presente continuo, no permitir el tiempo, dilatar lo más posible, pero paradójico es que en ese accionar, el tiempo sucede siempre de la misma manera. La ideología temporal contemporánea, se trataría de un presente ideal imaginario que no tiene relaciones con el pasado y el futuro. Y aquí otra paradoja, la cultura occidental marcada por una fuerte idea temporal con sus lenguas indoeuropeas que poseen una estructura que busca separar perfectamente pasados, presente y futuros.

Por último, da el ejemplo de los jóvenes italianos de hoy que tienen una tendencia a imitar la moda de los ‘60, pero no sólo en cuanto a vestimenta, sino en, por ejemplo, usar cámaras a rollo o copiar costumbres de ese momento, la cual identifica el crítico como una nostalgia de un futuro anterior. Una época donde se podía pensar en un futuro, en un progreso que ahora está borrada por ese presente continuo del que hablamos y que encuentra cercano, si pensamos en la teoría del intervalo.

Por otro lado, una afirmación que me resultó muy interesante, habló del no aburrimiento, el aburrimiento que fue fundamental para la historia de la cultura, ahora con los celulares, la redes sociales e internet en general, siempre hay algo que puede ocupar nuestro tiempo. Con esto, pienso yo, no quiere decir que no exista la creatividad, sino que escribir, dibujar, pintar, es también parte de una decisión y no de un día completo sin tener otra opción que buscar qué hacer con tantas horas. Además, estas actividades creativas que nombramos así como la lectura de un libro como forma de entretenimiento se ven afectadas y, porque no, en rivalidad, competencia, con los aparatos tecnológicos.

En cuanto a las formas de intercambio dentro de una lógica digital, Massimo Leone cierra su exposición afirmando la intención de una muerte de la imperfección, la cual es, en realidad, constitutiva de las relaciones.